Los desafíos del teletrabajo

Un par de experiencias personales para deshojar la margarita del trabajo a distancia, que desde ayer tiene una ley.

El teletrabajo no empezó con la pandemia, pero se generalizó en varias actividades que lo habían explorado poco y nada, a pesar de tener a mano posibilidades tecnológicas para hacerlo.

Quien escribe trabajó desde su casa como corresponsal para un diario entre 2000 y 2007, en Mendoza. Desde 2007, se integró a la redacción del matutino de forma presencial, con tarjeta de ingreso y salida. La experiencia personal en aquel caso arrojó una conclusión de fondo: no cambió el resultado final del trabajo con el cambio de modalidad. Las virtudes y defectos se mixturaron de igual manera a distancia que in situ.

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En marzo, el mismo trabajador experimentó un cambio de modalidad laboral a la inversa, ahora siendo editor en LM Neuquén. Pasó de trabajar a diario de forma presencial en la redacción de Fotheringham 445 a hacerlo en su casa. A juzgar por los resultados, no cambió nada más que el lugar físico donde se desarrolló el trabajo. Lo bueno y lo malo reflejado en los resultados de la labor diaria persistió, más allá del cambio de escenario. La responsabilidad del trabajador con su labor y del empresario con el grupo humano que tracciona sus intereses es infinitamente más importante que el lugar en donde se concentra la actividad, puede concluir este cronista de sus experiencias presenciales y online, de las que solo expuso dos como ejemplo en esta columna por cuestiones de espacio.

Ayer, el Senado de la Nación sancionó una ley regulatoria del teletrabajo con el impulso del oficialismo y el rechazo de la oposición. El gobierno dice que protegerá a los trabajadores, la oposición dijo que desalentará la creación de trabajo. Más allá de las disidencias en la regulación, el teletrabajo seguirá ganando terreno.

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