Los inicios de la UTA, el sindicato de los choferes

Es uno de los gremios más antiguos de la Argentina.

NEUQUÉN
Los trabajadores del transporte de pasajeros celebran hoy su día para conmemorar el histórico 10 de enero de 1919, cuando se formó la Unión Tranviarios, el primer sindicato nacional de la actividad.

En sus albores, el gremio, hoy llamado Unión Tranviarios Automotor, debió enfrentar luchas en condiciones sumamente desfavorables contra las empresas que trataban a los choferes con jornadas extenuantes, de 12 horas mínimas y pésimas remuneraciones.

Las condiciones de la época imponían la inexistencia del descanso semanal o mensual, no se conocían vacaciones anuales pagas ni otras conquistas actuales, logradas tras años de organización y esfuerzo.

Las suspensiones y despidos del personal eran a voluntad de los empresarios y ni hablar de la situación de los suplentes, ahora relevantes, que formaban un núcleo casi de esclavos: si estaban en sus lugares de trabajo y no les asignaban tareas, perdían el jornal.

El 24 de septiembre de 1928 irrumpió en la escena de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el invento argentino con trascendencia mundial.

Cualquier intento de organización en defensa de justos reclamos se ahogaba por la fuerza y el miedo, en tiempos en que las grandes empresas tenían el apoyo explícito del gobierno de turno.

Pero la insistencia, el sacrificio y el espíritu de lucha de los trabajadores del sector cristalizó a fines de la lejana década del 10, hace casi un siglo, el acta fundacional de la Unión Tranviarios.

El gremio tranviario tuvo su encuadre ideológico inicial en la línea sindical del anarquismo, pero su verdadera gesta quizás haya comenzado cuando inició las gestiones para conformar una asociación que reuniese a los trabajadores para bregar por sus legítimos derechos frente a los abusos empresariales, que eran moneda corriente.

Ámbito Pasajeros agresivos, tránsito y otros factores generan estrés y alteraciones de la conducta.

A poco de su constitución, posterior a los conflictos principales de 1917 y 1918, la Unión Tranviarios declaró dos huelgas para solicitar mejoras. El reclamo fue por aumento del jornal, jornada de 8 horas (trabajaban 10), franco quincenal pago, pase para viajar sentado, un solo relevo no mayor de cuatro horas ni menor de tres, servicio por antigüedad, uniforme cada seis meses y pago de salario íntegro al personal suplente. Pero el planteo fracasó.

Ese movimiento de consecuencias funestas para la incipiente organización retardó por muchos años el reconocimiento por parte de los entes oficiales del gobierno. Y dejó, además, un tendal de mil trabajadores despedidos de sus labores.

Las empresas, airosas por su victoria, no desaprovecharon las circunstancias de desmoralización y crearon un gremio paralelo llamado "el Trole", con su correspondiente periódico El Metropolitano, y desataron una feroz persecución contra quienes se atrevieran a dedicarse a la sana propaganda sindical. Para eso contaron con la ayuda de un cuerpo de lacayos, así como muchas veces con la complicidad de la Policía.

Después de largos años de tentativas y teniendo la experiencia de lecciones infructuosas, coincidieron los trabajadores más activos en la necesidad de emprender una amplia reorganización del gremio, con una nueva orientación. Con el apoyo de los ferroviarios, se comenzó esa tarea en 1928, con nuevos estatutos basados en el sistema centralista de organización. Finalmente, la UTA fue reconocida legalmente el 10 de junio de 1931.

Sindicalismo
Del manual del delegado

Roles a seguir: "El delegado es un actor fundamental en la lucha sindical.
Por eso se considera sumamente importante su preparación y compromiso para el logro de las metas propuestas.

Son aquellos compañeros que representan al resto de los trabajadores en las tareas, responsabilidades y desafíos que hacen a la función de un delegado.

Conocer sus posibilidades es el principio de toda acción gremial. La unidad y la voluntad del trabajo conjunto fortalecerán los esfuerzos en defensa de los intereses del trabajador".

Una mirada con humor

En 1971, el grupo musical y humorístico Les Luthiers presenta "Candonga de los colectiveros", en la que relata con gracia e ironía el perfil de ese trabajador que tiene a su cargo conducir un colectivo.
Esta es la letra del homenaje.

Semo los colectiveros, que cumplimos nuestro debeeeeer.
No se puede yo lo siento
ni bajarse ni subir
con el coche en movimiento
no me gusta transigir.
Salvo cuando son ancianos
los que quieren descender
que se larguen si son sanos
no me pienso detener.
Semo los colectiveros, que cumplimos nuestro debeeeeer.
Plata chica no me queda
cuando tengo que cobrar
o me pagan con monedas
o se bajan, qué embromar.
Eso sí, ante la afrenta
de pagarme con diez mil
en monedas de cincuenta
doy el vuelto muy gentil.
Semo los colectiveros, que cumplimos nuestro debeeeeer.
Corro siempre, nunca aflojo
con coraje y con valor
si el semáforo está en rojo
acelero sin temor.
Pero no me olvido el freno
yendo a gran velocidad
con el colectivo lleno
qué porrazos de verdad.
Semo los colectivero, que cumplimos nuestro debeeeeer.
Cuando llueve, a la vereda
me aproximo servicial,
salpicando con la rueda
al que espera ¡soy genial!
Si el asfalto está mojado
paro lejos del cordón,
nunca falta el apurado
que se ligue el tropezón.
Semo los colectiveros,
que cumplimos
nuestro debeeeeer.

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