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Los Morales le dan pelea a la nieve al pie de la Cordillera del Viento

Crianceros de Pichi Neuquén luchan para mantener con vida a sus animales.

El frío, las distancias y el esfuerzo a veces no se miden sino que se enfrentan. En las inmensidades del cordón montañoso de la Cordillera del Viento, en el norte neuquino, eso es moneda corriente. Allí hombres y mujeres dedican su vida a apuntalar y a cuidar –muchas veces su único- sostén económico. Ante las extremas sequías o en los generosos inviernos siempre tienen la mirada puesta en sus crianzas. Los Morales son una familia con fuerte impronta en el lugar. Todos sus integrantes son personas de trabajo y son muy reconocidos por su fuerte apego al campo.

El patriarca de la familia es don Juan María Morales, quien con su esposa Corina Alfaro le entregaron 13 hijos a estas generosas tierras, seis mujeres y siete varones. Todos fueron criados en la inmensidad cordillerana. Con el tiempo cada uno de ellos fueron tomando rumbos distintos y armando sus propias familias pero nunca olvidaron sus orígenes.

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Don Juan María, al igual que sus padres, toda su vida fue criancero. Además se desempeñó como empleado provincial en el área de Bosques. Hace muy pocos años se acogió a los beneficios de la jubilación. En tanto su esposa Corina se dedicaba a elaborar tejidos a telar para venderlos y colaborar con la economía familiar.

Con 76 años don Morales sigue aferrado a las costumbres campesinas y a la crianza de animales. Uno de los hijos que aún lo acompaña y que comparte sus tareas es Anselmo. “Soy nacido y criado en Pichi Neuquén y estoy dándole una mano a mis padres. Somos 13 hermanos y yo creo que soy el único que está ayudándolos con los animales, los demás tienen sus trabajos. Yo también tengo trabajo y también tengo animales pero les ayudo a ellos”, contó.

Además Anselmo relató que tienen un campo al fondo del establecimiento de Gendarmería Nacional, cerca del arroyo Los Pacos. “Allí llevamos los animales hasta las nevadas. Después de la nieve los bajamos y los llevamos a una invernada que tenemos en el paraje El Pino. Es una distancia de 8 km entre puesto y puesto”, afirmó.

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Una familia que tiene arraigada las costumbres ancestrales de los crianceros lucha a brazo partido para mantener sus animales con vida ante el impiadoso clima que trajo intensas nevadas. Don Juan Morales y su hijo Anselmo siguen sosteniendo las costumbres ancestrales en medio de intensos temporales de nieve.

La furia del último temporal

La zona de Manzano Amargo la semana anterior sufrió los embates de un invierno bravío que trajo intensas nevadas y múltiples complicaciones para los crianceros. “El temporal nos agarró de sorpresa. A mí me tocó con los animales desparramados y me costó llegar hasta donde teníamos que ir. El vacuno no sale de la nieve si le toca una nevada, se queda ahí, no atina a salir ni nada, así que hay que hacer empeño con los caballos hasta poder sacarlos. Esa es la tarea que me tocó hacer estos días, con bastante nieve y algunos días con lluvia”, contó Anselmo.

Asimismo afirmó que “la vida de campo es bien sacrificada pero yo lo hago para ayudar a mis padres y además porque a mí me apasiona y lo llevo en la sangre”. En este sentido agregó “desde chico estoy en el campo y me gustan mucho los animales. Ya tengo 46 años y todavía sigo ayudando con los animales a mis padres. Antes estaban mis hermanos pero hoy ya no”.

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Días atrás y con más de un metro de nieve en la zona conocida como Los Pacos, Anselmo Morales llevó adelante el rescate de sus animales vacunos para llevarlos a un lugar más seguro. Muchos crianceros del norte neuquino más de una vez arriesgan sus propias vidas para proteger a sus crianzas.

Vivir en Pichi Neuquén

El paraje Pichi Neuquén (a 18 km del pueblo de Manzano Amargo) es una zona muy alta, muy fría y con altos niveles de nieve. “Cuando nieva, nieva mucho”, sostuvo Anselmo. “En este momento está nevando, uno sale con el caballo, deja el camino hecho pero al otro día la nieve se lo tapa, cada día se complica más. Es muy riesgoso salir, por el viento blanco uno puede llegar a perderse y dejar la vida por andar detrás de los animales. Pero uno lo hace porque en este caso no se puede dejarlos ahí, porque al haber tanta nieve los animales no salen, se quedan ahí nomás”.

Al respecto reflejó el duro panorama que sufren los crianceros por el mal tiempo. “Hasta ahora logré bajar todos los animales y están en buenos potreros. Quedaron tres pero es imposible ir a buscarlos por la cantidad de nieve que hay y además de que el cerro es todo pendiente. Con el tiempo así, es un riesgo salir a buscarlos. Ya me di por vencido. No voy a salir porque con los días así no se puede. Estoy esperando que se arregle pronto el tiempo. Está bien que la nieve sirva, que haya agua pero a los crianceros los perjudica mucho esto. Hay poca ayuda del estado, no hay forraje o pasto que llegue, eso por aquí no se ve mucho. Así que hay que hacerle frente nomás y salvar lo poco que hay”.

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A pesar de la dureza de esta vida, Anselmo asegura que hay que luchar para preservar estas costumbres. “No se puede terminar porque hoy en día la carne cuesta mucho efectivo y si uno no tiene los animales tiene que pagarla. Por esa razón no conviene dejar de criar los animales y otra es para no tener los campos desocupados”, aseguró.

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