En las primeras horas de vigencia del nuevo decreto presidencial, cientos de neuquinos salieron a las calles del Bajo a hacer compras de todo tipo de productos e incluso a pasear a sus mascotas o hasta alimentarse. Con comunicaciones poco claras por parte del gobierno provincial, algunos comerciantes de rubros no esenciales abrieron por desconocimiento, mientras que otros apuestan a trabajar toda la semana para evitar pérdidas económicas.
Al mediodía de este sábado, el frío intenso motivaba a los peatones a refugiarse debajo de los tapabocas. Si bien el número de personas que circulaba por las veredas de calle Mitre era menor que el que se notaba durante los últimos fines de semana, aún se registraba una gran cantidad de gente que miraba vidrieras o quería comprarse ropa.
Con la radio a todo volumen, un carrito de panchos le daba bienvenida a los peatones. Dos jóvenes con el barbijo bajo engullían su comida parados sobre la vereda, como ignorando las dos sillas que el vendedor había dispuesto sobre la acera, con un cartel que rezaba: "Exclusivo para clientes".
En las veredas, los puestos callejeros seguían interpretando las necesidades de la estación y ofrecían medias forradas con telas de peluche, bufandas abrigadas y tapabocas de tela gruesa. Algunos puesteros habían decidido salir a trabajar porque aún esperaban novedades sobre los permisos vigentes, mientras que otros aclararon que continuarán las ventas porque viven al día y necesitan ese sustento.
Si bien muchos consumidores decidieron acatar el decreto y salir a la calle sólo para proveerse de bienes indispensables, hubo muchos que aprovecharon el sol intenso del sábado para dar paseos recreativos. Así, se podía ver a una pareja compartiendo un desayuno con submarinos y medialunas en una heladería o a dos jóvenes que habían abrigado a su perro y lo sacaban para un paseo.
Menos del 10% de los comercios del Bajo acataron el decreto presidencial, que estipula que sólo pueden estar abiertos los locales esenciales, como las farmacias, los almacenes y las verdulerías. En el Bajo abrieron lencerías, locales de accesorios para celulares, jugueterías, regalerías y gran parte de los negocios de ropa. Sólo algunos comercios de grandes superficies, como las casas de artículos deportivos, las grandes tiendas de indumentaria y las librerías habían cerrado al público.
Aunque los consumidores ingresaban con fluidez a los hipermercados, había otros negocios que sí exigían esperar en filas. Entre ellos se contaban los locales que venden tela por metro, que tenían a un gran número de personas esperando. Otros negocios de ropa, que promocionaban ofertas de mitad de temporada, también tenían colas afuera.
Si bien el transporte está restringido al personal esencial, las garitas de colectivo sobre el Parque Central estaban llenas de pasajeros, y en las calles se notaba un ritmo algo apagado, pero con gran circulación de vehículos particulares. Los agentes policiales vigilaban en pocas esquinas, y no se notaban controles específicos para hacer cumplir el nuevo decreto presidencial al que adhirió la provincia de Neuquén.
Por el frío y para extremar los cuidados, la mayoría de los peatones cumplían con la normativa que exige el uso de tapabocas cubriendo tanto la boca como la nariz. Sin embargo, se notaban incluso a algunos vendedores que se presentaban ante los clientes sin ningún tipo de protección facial.
En la feria del Parque Central, por su parte, se notaban algunos puestos cerrados. Aunque el número de clientes era menor al de otros sábados, aún se registraba un gran número de consumidores recorriendo los stands de verduras, huevos, frutos secos, fiambres y ropa. Muchos de ellos esperaban en una fila con distancia por su turno para elegir algún producto, aunque luego se aglomeraban en algunos pasillos estrechos de la feria.
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