Los promedios, a la argentina

Lo más lógico sería decirles adiós en un par de años, cuando se juegue un torneo de 38 fechas.

Hasta la muerte de don Julio, todos lo decían por lo bajo. Pero claro, hacerle frente al dueño de la pelota era solo para valientes. Y en la AFA casi no había. Ahora, los dirigentes tienen claro que van a terminar con los promedios. Ese invento argento que alguna vez nació para salvar a los grandes y que, casi cuatro décadas después, va a decir las hurras con casi todos los poderosos habiendo caído a la B aún con tres temporadas en la calculadora.

El tema es cuándo. Y el problema no asoma sencillo. Es que los esperpentos en los que se transforma cada nuevo campeonato de Primera, que hacen que Tigre pueda descender y ser campeón con semanas de diferencia, complican aún más la batalla entre los que serían beneficiados y el resto, que imagina en qué momento podría ayudarlo el cambio, para que desciendan los últimos de la tabla, sin vueltas. Desde la muerte de Grondona, cada temporada se baraja y se da de nuevo, viendo cómo se vuelve de otra vergüenza: el campeonato de 30 equipos que instaló don Julio y que ningún dirigente objetó. Ahora, con fixtures y formatos que cambian cada seis meses, encontrar el momento exacto para decirles adiós a los promedios es más complejo, aunque inevitable. Lo más lógico sería decidir hoy, sin saber quiénes saldrán ganando o perdiendo, que en un par de años, cuando se juegue un torneo anual, ida y vuelta, de 20 equipos y 38 fechas, con todos en las mismas condiciones a la hora de armar el fixture, se arranque sin los promedios y con los clubes sabiendo que perderán la categoría los que terminen en la cola. Pero claro, la lógica es algo que se consigue poco por estas tierras, y más en un fútbol en el que las idas y vueltas no terminan nunca.

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