Los rusos se la rebuscan para zafar de la crisis

En Moscú se multiplican los talleres clandestinos. Los arman en los garages y nunca faltan clientes.

Moscú.- Muchos rusos han transformado los garages en talleres clandestinos de una economía informal de subsistencia, donde, entre otras actividades, montan muebles, hornean pan o ahúman pescado.

Las "cooperativas de garages", construidas en los años sesenta y setenta a los pies de los edificios de vivienda soviéticos, acogen hoy en día talleres y pequeños comercios que forman una economía sumergida a la sombra de las estadísticas oficiales y son una actividad vital en ciertas regiones en recesión.

A lo largo de esta "calle", los hombres se afanan en reparar los coches mientras que en un pequeño bar, un militar jubilado sirve té, barritas de chocolate, pescado seco e incluso pinchos cuando los habituales avisan con antelación.

En uno de los lugares, dos obreros reacondicionan un BMW en un ambiente con olor a pintura fresca. Uno de los obreros, de 22 años y originario de Uzbekistán, afirma reparar coches desde hace seis años en los garages para "clientes habituales, amigos".

Los ingresos se reparten a medias entre el propietario y los empleados.

Todos los trabajadores de Shanghai, una cooperativa que reagrupa centenares de garages en Moscú, han preferido mantener su anonimato, pues la zona está en el punto de mira de las autoridades y acoge sobre todo a migrantes de Asia central no siempre en regla.

Estado: Los sectores más carenciados no figuran en las estadísticas oficiales de Rusia.

Situada en el centro de la ciudad a dos pasos de la Universidad del Estado de Moscú, la zona está destinada a la destrucción e incluso una parte de ella ya quedó reducida a escombros.

Pero en el resto de Rusia, donde el nivel de vida es mucho más bajo, estas pequeñas empresas en los garages están a menudo toleradas por las autoridades y se han diversificado más allá del mantenimiento de coches.

Por ejemplo, en algunos pueblos costeros, los garages se convirtieron en pequeños inmuebles alquilados a los turistas.

"La gente trabaja en los garages para reducir los costos y mantenerse alejados de las autoridades con las que buscan tener el menor contacto posible", explica Sergueï Seleïev, investigador del fondo Khamovniki que acaba de publicar un estudio sobre la gran diversidad de actividades de estos talleres.
Según Seleïev, en algunas ciudades este tipo de sustento puede representar entre 5% y 15% de la población activa.

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