La caída del consumo aún no logra ponerle un freno real a la inflación. En mayo, los súper neuquinos registraron una baja del 4,12% en las ventas respecto del mes anterior. El desplome viene a colación de la pérdida del poder adquisitivo y del ajuste interno que hace cada familia de clase media baja para reestructurarse y sobrevivir a los precios, que parecen estar fuera de foco. En Neuquén, la inflación acumulada en los seis meses de 2017 es del 9,92%, con una variación interanual del 23,07%. Pero en los supermercados, la realidad es otra. Sobre todo para los productos de primera necesidad y algunos alimentos como los lácteos, que han aumentado hasta un 50% durante este año. Así las cosas, tanto en el país como en la región se hace difícil percibir “buenas noticias” desde lo económico, como salió a difundir la semana pasada, el jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña. “Estamos creciendo después de muchos años”, dijo. Tal vez, en los indicadores construidos en el Producto Bruto Interno, el dato sea cierto, pero la percepción en la calle es otra. Sólo basta con que cualquiera, no importa el signo político, asegure que el dinero no alcanza. Los gobiernos comenten un error descarnado. Creer que los indicadores económicos van a reemplazar la percepción de la gente es erróneo. Se podrá hablar de populismo como una categoría política maldita, pero en rigor, nadie quiere consumir leche y carne con precios inaccesibles. Ni pobres ni ricos. Claro que la inflación viene desde hace diez años en el país y bajarla llevará un tiempo largo. El camino más corto es reducir el consumo, algo que seguro no traerá réditos electorales inmediatos al Gobierno. Por ahora, las cosas seguirán caras y cada uno hace su propio ajuste.
En mayo hubo una baja de ventas del 4,12% en las góndolas neuquinas. Hay menos consumo con la inflación.


