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La Mañana

Los “telos”, el refugio de las pasiones

De día y de noche les abren sus puertas a la intimidad y la trampa.

Pablo Montanaro
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Neuquén
Ya no se ven mujeres escondidas en el asiento trasero de un auto o tapándose la cara con un pañuelo o con anteojos de sol entrando a un hotel alojamiento, como ocurría hace treinta o cuarenta años atrás, para no ser reconocidas porque esos lugares estaban asociados a la promiscuidad, incluso hasta con la prostitución. La sexualidad dejó de ser un tabú y así lo viven las nuevas generaciones como también aquellos que pretenden renovar el deseo y las pasiones.
Refugio de amores clandestinos o fugaces, de parejas estables que buscan nuevas sensaciones y de jóvenes que se inician en el sexo, los “telos” siguen siendo los espacios donde se da rienda suelta a las pasiones. Están abiertos las 24 horas los 365 días del año para ofrecerles a sus clientes la posibilidad de tener sexo a cualquier hora por valores que van de los 200 a los 350 pesos el turno (dos horas).
En el interior de las habitaciones pasa de todo porque para eso están, pero fuera de ellas todo es discreción, anonimato y privacidad.
En la oscuridad de la noche, una luz roja tenue convoca a las parejas en auto, moto, taxi, remis o bien caminando. Las habitaciones se van liberando y ocupando, lo que obliga a las mucamas a realizar una limpieza rápida. Son ellas quienes guardan los secretos más íntimos de los clientes y son reacias a compartirlos. El silencioso andar de sus pasos por los pasillos que se comunican con todas las habitaciones solo es interrumpido por los gritos de placer y del goce compartido.
Los “telos” ya no son una cama, una mesa de luz y espejo en el techo. La imaginación, lo distinto, lo divertido y la fantasía son cuestiones que aparecen en los cambios que se han dado en estos ámbitos de intimidad y placer. “Muchas parejas buscan algo más para disfrutar sus encuentros sexuales, como puede ser un sillón tántrico con todas las posiciones del Kamasutra o bondages (encordamientos eróticos sobre una persona). También accesorios, como consoladores o vibradores, y demás elementos que pueden elegir del catálogo y que son muy pedidos”, cuenta un encargado de un motel temático de la zona.
Estos espacios, además, se han acoplado a los tiempos actuales de diversidad sexual, por lo que permiten el ingreso de más de dos personas o personas de un mismo sexo. “Lo más común es que entren un hombre con dos mujeres o bien dos parejas”, precisan los encargados. La cuestión pasa por acomodarse a la demanda.
“Dos personas están bien, tres son multitud”, dice Héctor, dueño de La Cigarra, de calle 12 de Septiembre, que abrió hace 34 años. “No dejamos entrar de a tres ni colados ni en el baúl del auto, ni pagando. En la cuestión del sexo no me voy a meter si son dos mujeres o dos varones. Cómo hace el amor la gente no me interesa”, enfatiza.
Los viernes y los sábados por la noche siguen siendo los días más concurridos en los “telos”, sobre todo los jóvenes cuando salen del boliche, a eso de las 6 o 7 de la mañana. “Y siempre te piden una rebaja”, agrega. Sin embargo, no son los adolescentes los más habitués de concurrir a estos lugares, ya que hoy los padres son más permisivos y aceptan que sus hijos tengan un espacio de intimidad dentro de la casa.
“Sí, querida, ahora estoy en una reunión, en dos horas estoy en casa” es una de las excusas que más escuchan los conserjes de los “telos”. “Son muchos los hombres que vienen de trampa, te das cuenta por cómo bajan del auto, por la actitud. Por lo general, más en el horario de la tarde”, explican.
Una noche de hotel es una opción ideal para un matrimonio, opinan los sexólogos. Así puede reinventarse un espacio de privacidad dejando atrás los hijos, el trabajo, la rutina diaria. Es por ello que desde hace unos años, los matrimonios se transformaron en clientes habituales de los hoteles alojamiento, comentaron los encargados.
“Lo toman como una salida, en busca de mayor intimidad y motivación. Se relajan. Sucede que en la casa siempre hay gente, están los chicos, entonces se pasan unas horas de intimidad acá”, explica el encargado de otro de los sitios más antiguos de la zona mientras atiende el llamado de la habitación donde el cliente solicita que se va a quedar a pasar la noche.

Historias secretas
Ayudar a poblar la Patagonia

“Un hotel alojamiento era una apuesta épica, un espacio para provocar, para despabilar. El refugio de los amantes de la zona, los casados, los infieles, los solteros -locales y de otras ciudades-, los viajantes y los viajeros”, describió la escritora neuquina Florencia Werchowsky, autora del libro El telo de papá, donde desde la ficción cuenta sus recuerdos de niñez y adolescencia como hija del dueño de Cu-Cú, el albergue transitorio de Allen, Río Negro, y uno de los primeros de la Patagonia.
El libro reúne historias de infieles, historias de prostitutas que hacen sus acuerdos con el dueño para obtener algunos beneficios, y también algunas anécdotas sabrosas sobre ese mundo oculto en el interior de las habitaciones de ese hotel que, según el slogan del padre de Florencia, ayudó a poblar la Patagonia.