La segunda vuelta presidencial se realizará este domingo y enfrenta a dos proyectos políticos opuestos. Las encuestas anticipan una elección abierta.
Más de 27 millones de peruanos acudirán este domingo a las urnas para elegir al próximo presidente del país. La segunda vuelta electoral enfrentará a Keiko Fujimori, referente de la derecha y heredera política del expresidente Alberto Fujimori, y a Roberto Sánchez, dirigente de izquierda respaldado por el exmandatario Pedro Castillo.
La elección llega en un contexto de fuerte polarización política, creciente inseguridad y una prolongada crisis institucional que en la última década llevó a Perú a tener nueve presidentes. Las encuestas difundidas en los días previos muestran una leve ventaja para Fujimori, aunque dentro de un escenario abierto e incierto.
Mientras la candidata de Fuerza Popular concentra gran parte de su apoyo en Lima y los principales centros urbanos, Sánchez encuentra su principal base electoral en las regiones rurales y empobrecidas del sur andino.
La segunda vuelta presidencial enfrenta dos visiones muy diferentes sobre el futuro de Perú. Mientras Fujimori propone fortalecer el actual modelo económico y endurecer la política de seguridad, Sánchez plantea una mayor intervención del Estado, reformas políticas y una agenda centrada en la justicia social.
Keiko Fujimori, la heredera del fujimorismo que busca revancha
Keiko Sofía Fujimori Higuchi tiene una extensa trayectoria ligada al poder. A los 19 años se convirtió en primera dama de Perú tras la separación de sus padres y acompañó durante seis años a su padre, Alberto Fujimori, en actividades oficiales, viajes internacionales y encuentros diplomáticos.
Alberto Fujimori gobernó Perú entre 1990 y 2000 y sigue siendo una figura que divide a la sociedad peruana. Sus seguidores destacan que derrotó a las organizaciones armadas Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, además de estabilizar una economía golpeada por la hiperinflación. Sus detractores recuerdan las condenas por corrupción y violaciones a los derechos humanos que marcaron el final de su gestión.
Tras estudiar Administración de Empresas en Estados Unidos, Keiko regresó a Perú en 2005. Un año más tarde fue elegida congresista y en 2010 asumió la conducción de Fuerza Popular, el espacio político fundado por su padre.
Desde entonces protagonizó tres campañas presidenciales. En 2011 perdió frente a Ollanta Humala; en 2016 cayó ante Pedro Pablo Kuczynski por una diferencia mínima y en 2021 fue derrotada por Pedro Castillo en una de las elecciones más ajustadas de la historia reciente del país.
Pese a esas derrotas, logró mantener una de las estructuras partidarias más sólidas de Perú y convirtió a Fuerza Popular en un actor clave dentro del Congreso.
Las causas judiciales y la apuesta por la seguridad
La dirigente también enfrentó investigaciones judiciales vinculadas al caso Odebrecht, el escándalo de corrupción que sacudió a gran parte de América Latina.
Entre 2018 y 2020 permaneció cerca de 16 meses en prisión preventiva por una causa por presunto lavado de dinero. Sin embargo, el Tribunal Constitucional anuló el proceso principal en 2025 y la Justicia archivó el expediente a comienzos de este año, aunque aún enfrenta acusaciones menores vinculadas a declaraciones ante organismos electorales.
La campaña actual la encuentra enfocada en el principal problema que preocupa a los peruanos: la inseguridad.
Fujimori promete endurecer la lucha contra el crimen organizado, reformar el sistema judicial y penitenciario y aplicar políticas inspiradas en el modelo de seguridad implementado por el presidente salvadoreño Nayib Bukele. También propone acelerar inversiones mineras, reducir trabas burocráticas y ampliar proyectos de infraestructura vinculados a la agroexportación.
En el cierre de campaña reivindicó la figura de su padre y aseguró que gobernará con una política de mano dura para devolver orden y estabilidad al país.
Roberto Sánchez, el candidato impulsado por Pedro Castillo
Del otro lado aparece Roberto Sánchez, psicólogo, exseminarista e hijo de migrantes andinos de 57 años, quien llegó al balotaje como el candidato respaldado por el expresidente Pedro Castillo.
Nacido en Huaral, a unos 75 kilómetros al norte de Lima, estudió Psicología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y desarrolló gran parte de su carrera en la gestión pública municipal antes de dar el salto a la política nacional.
Su trayectoria partidaria comenzó en el Partido Humanista. Tras el escándalo que involucró a su fundador, Yehude Simón, en el caso Odebrecht, Sánchez tomó el control de la estructura, la rebautizó como Juntos por el Perú y construyó un liderazgo propio.
La victoria de Pedro Castillo en 2021 marcó un punto de inflexión en su carrera. Fue designado ministro de Comercio Exterior y Turismo y se convirtió en el único integrante del gabinete que permaneció durante todo el gobierno.
Cuando Castillo intentó disolver el Congreso en diciembre de 2022, Sánchez presentó su renuncia. Más tarde, durante la votación parlamentaria que destituyó al mandatario, se abstuvo.
La relación entre ambos se mantuvo intacta. Sánchez visita regularmente a Castillo en prisión y prometió indultarlo si llega a la Presidencia.
Un discurso más moderado y propuestas de cambio
Durante gran parte de la campaña defendió la convocatoria a una Asamblea Constituyente para reemplazar la Constitución de 1993. Sin embargo, en los últimos días presentó un nuevo plan de gobierno elaborado junto a partidos aliados, en el que moderó algunas de sus posiciones.
La propuesta mantiene la posibilidad de reformar la Constitución, aunque plantea que cualquier cambio deberá surgir de consensos políticos y ser sometido a consulta popular.
En el plano económico propone una mayor participación estatal en sectores estratégicos, la redistribución de recursos y la renegociación de contratos relacionados con la explotación de recursos naturales. También impulsa una mayor integración con los BRICS y el Mercosur, aunque asegura que respetará los tratados comerciales vigentes y la independencia del Banco Central.
Respecto de la seguridad, promete crear una Policía de Investigaciones especializada para combatir la extorsión y el crimen organizado, además de mejorar los salarios de docentes y policías.
Las polémicas que acompañan su candidatura
Uno de los puntos más cuestionados de Sánchez es su alianza con Antauro Humala, líder del movimiento etnocacerista y exmilitar condenado por una sublevación armada ocurrida en 2005.
Humala propone medidas extremas, entre ellas fusilar a expresidentes condenados por corrupción y recuperar militarmente territorios perdidos ante Chile durante la Guerra del Pacífico. Aunque Sánchez rechaza públicamente esas posiciones, la relación política genera preocupación entre sectores moderados del electorado.
Además, enfrenta una investigación por una presunta declaración falsa sobre aportes de campaña, una causa que continúa abierta.
Casado y padre de dos hijas, se define como un hombre de fe, "provida" y "profamilia", y sostiene que representa a los sectores históricamente excluidos de la política peruana.
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