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La Mañana Historia

Maestro Carlos Eduardo Emma, un servidor público

Llegó desde San Luis a Buta Ranquil y dejó una huella en las escuelas de toda la provincia de Neuquén.

La historia oral con tanto boom en las últimas décadas ha sido motivo para que afamados investigadores nos brindaran sus conclusiones. Uno de ellos Paul Thompson en “Historia Oral y Contemporaneidad” nos habla de “voces ocultas” en la que cada hombre y mujer tiene una historia de vida histórica y socialmente interesante que contar. Indudablemente que la historia oral tiene la virtud que nos permite acceder a las experiencias de aquellas personas cuyas vidas al margen del poder están y sus voces permanecen ocultas porque sus vivencias no han sido documentadas en los registros. Asimismo, Cristina Viano nos dice “La memoria suele recordar acontecimientos que la historia jamás relató. La memoria suele despreocuparse de la verdad histórica registrada en los documentos. Historia y memoria interfieren entre ellas, ya que ambas comparten la elaboración del pasado, pero la memoria no tiene necesidad de prueba”. La historia patagónica relatada a través de entrevistas a sus protagonistas o descendientes requirió de un largo periodo de tiempo para que fuese aceptada, valorada, aprovechada. Sin dudas se atrevió a ingresar en espacios en los que la historiografía académica había “in -visibilizado” como la vida cotidiana de los protagonistas, y variados temas sociales.

Carlos Eduardo Emma llegó en el año 1960 a las Chacras de Buta Ranquil, desde su San Luis natal, recién recibido de maestro, con su guardapolvo blanco como la nieve del Volcán Tromen, junto a su esposa Paula Bustos, también maestra y su pequeña hija, Lucía.

En aquel tiempo Carlos Emma (“Chiche” entre sus familiares y amigos) tuvo que enfrentarse con la dura realidad de una geografía adversa, muy distinta de la de su tierra nativa, en Cuyo, con el frío y los vientos huracanados del norte neuquino y con las privaciones económicas propias de la labor docente en aquella época. Pero empujado por la pasión inquebrantable de un docente de alma y con un singular amor por su prójimo, venía para entregar toda esa vocación de servicio a este rincón del mundo, donde era recibido por la gente con esperanza y muchas expectativas.

La Escuela Nacional Nº 95 fue su primer destino. Alejada unos 5 kilómetros de la localidad de Buta Ranquil, en la Sección Chacras del ejido municipal, esta “escuelita rancho” fue el refugio de cientos de chicos del lugar, e incluso de sus padres, ya que además de la instrucción primaria básica para los niños, también se impartían clases a adultos (alfabetización dependiente de D.I.N.E.A., que luego pasaría, al igual que las escuelas primarias nacionales, a la órbita provincial) y talleres de oficios, como corte y confección.

Durante la década del ’60, su rol al frente de la escuela trascendió las fronteras de la educación formal y la currícula oficial, convirtiéndose en un verdadero servidor público. Colaborador permanente con las actividades comunitarias y generador de ideas y acciones, consejero y asesor a tiempo completo de los lugareños, se consolidó como un hombre relevante y su impronta quedó así grabada en la memoria colectiva de Buta Ranquil.

Maestro Carlos Emma Escuela para Adultos Nº 6

Fue maestro, pero además fue amigo, compañero, padrino, consejero, servidor público a toda hora, entregado incondicionalmente a su comunidad, buscando el bien común. Un incansable luchador por la educación de los niños y de los adultos, comprometido con la democracia y la cooperación entre las personas.

Su paso por distintas escuelas, como maestro y como director, le dio la oportunidad de sembrar su hombría de bien, e ir cosechando a su vez, decenas de amigos. Y no sólo en el ámbito escolar: Las localidades donde vivió lo recuerdan como un vecinalista activo e impulsor de importantes logros para las comunidades donde se desempeñó, trabajando desde su lugar por el bienestar de todos (La intendencia, el Club Social y Deportivo, la Comisión Vecinal, el Centro Comunitario, la Cooperativa, la Iglesia…siempre tras la solución de los problemas comunitarios: agua potable, el alumbrado público, la contención de niños, adolescentes, jóvenes y adultos en el ámbito de la escuela como centro integral de integración social y comunitaria).

Durante su largo y prolífero camino, consolidó también una familia numerosa, con siete, casi nueve, hijos –cinco mujeres y dos varones, Lucía, Carlos, Graciela, Mónica, Susana, Marcela y Juan Pablo-, y sus dos sobrinos casi hijos, Roberto y Marcelo, a quienes brindó especial dedicación y un inmenso amor.

Buta Ranquil primero, Vista Alegre Sur después, Centenario, Neuquén, y toda la Provincia del Neuquén -ya en el final de su carrera docente como Supervisor Escolar- lo recordarán por su alegría, su vocación profunda como educador y su espíritu afable y armonioso. Hoy, en la zona oeste de la ciudad de Neuquén Capital, donde desarrolló buena parte de su trabajo como Supervisor Escolar, un pasaje del Barrio Villa Ceferino rinde tributo a su nombre: la calle se llama “Maestro Carlos Emma”. También en el Barrio Mariano Moreno, donde fue director de la Escuela Nº 67 y vecinalista comprometido, rinden homenaje a su trayectoria un boulevard y el edificio de la Comisión Vecinal, que llevan también su nombre.

Son muchos los adultos neuquinos que deben a su incasable trabajo en pos de la alfabetización y la educación de adultos su oportunidad laboral, su inserción social y su reconocimiento como ciudadanos libres y pensantes. Con el traspaso de la “DINEA” –Dirección Nacional de Educación de Adultos- a la provincia, junto a otros docentes señeros, trazaron el camino para brindar a quienes no habían tenido la ocasión de formarse en las aulas, una nueva oportunidad para abrir las puertas del conocimiento.

Cuando la historia de alguien nos atraviesa personalmente, como me sucede en este relato, es cuando dimensionamos la tarea serena, equilibrada y tenaz de los hombres que marcan un camino. Mi Padre tenía espíritu de ángel y de gladiador. Su luz brilla intensamente en mi corazón y no se apagará jamás.

El 22 de septiembre de 1992, con sólo 56 años y mientras disfrutaba junto a sus seres queridos de los beneficios de su jubilación, víctima de un cuadro cardiovascular severo que lo sorprendió en la ciudad de San Luis, nos dejó físicamente para siempre.

Su recuerdo vive y perdurará entre nosotros. “Por sus obras los conoceréis”, dice una frase bíblica.

Hubo un hombre, entre otros grandes hombres, educador, docente, padre, amigo, que se caracterizó por su personalidad y por su especial compromiso en el hacer de cada día. Recuerdos de su hijo Charly Emma.

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