¿Más gordito?, la culpa podría ser del aire que respirás

La contaminación en el ambiente provoca desórdenes metabólicos.

Canadá
Sos de esas personas a las que les gusta cuidarse con lo que comen y mantenerse activo y, sin embargo, no consiguen bajar de peso. Aunque no lo creas, la respuesta podría estar en el tipo de aire que respiramos. Al parecer la contaminación del ambiente afecta a nuestro cuerpo de muchas más formas de las que imaginamos.

Según un reciente estudio realizado por el Instituto de Ciencias Clínicas Evaluativas, en Canadá, el humo que expulsan los caños de escape y de los cigarrillos poseen partículas irritantes que desatan inflamaciones en el organismo y disminuyen la capacidad del cuerpo para quemar energía. Esto con el tiempo puede ser suficiente para contribuir al desarrollo de enfermedades graves.

"Apenas estamos comenzando a entender que el aire que absorbemos y la contaminación pueden afectar a otros órganos además de los pulmones", dice Hong Chen, uno de los responsables del estudio.

Los compuestos químicos que provocan estos desequilibrios se llaman disruptores endócrinos.

Para la investigación se criaron roedores en condiciones similares a las de una ciudad. Aunque mientras unos respiraron aire limpio y filtrado, los otros fueron expuestos a tubos de escapes como en el tráfico de cualquier capital.

Durante el experimento, que se extendió por 10 semanas, se registró el peso de los ratones y se realizaron distintas pruebas para estudiar cómo reaccionaba el metabolismo.

El resultado fue que los ratones expuestos al aire contaminado mostraban un gran volumen de grasa corporal, tanto alrededor de la barriga como de los órganos internos.

Vistas con microscopio, las células de grasas eran 20% más grandes. Además parecían haberse vuelto menos sensibles a la insulina, la hormona que indica a las células convertir el azúcar en la sangre en energía, lo cual constituía el primer paso hacia la diabetes.

Lo partículas contaminantes afectan además a las hormonas y la parte del cerebro que gobierna el apetito.

Todas estas alteraciones desbalancean la energía del cuerpo, impulsando una constelación de desórdenes metabólicos, incluyendo diabetes y obesidad, así como problemas de hipertensión.

CIFRA
2015 Nueva Delhi, India, ganó el podio de la más contaminada.

Según un relevamiento de la OMS, con 25,7 millones de habitantes, esta ciudad tiene una concentración de partículas 15 superior al estándar saludable.


La columna de bernardo stamateas
Los traumas emocionales

Licenciado en Psicología, sexólogo clínico y escritor (www.stamateas.com.ar)


Toda experiencia cercana a la muerte, real o imaginaria, produce en nuestra psiquis una marca. Se puede dar por un secuestro, un robo o un abuso, entre otras situaciones extremas, que inevitablemente dejan una rastro en nosotros.

Existen dos tipos de traumas. Uno se experimenta como un hecho único en la vida, se trata de una experiencia puntual que hace que uno recuerde con exactitud de detalles lo que sucedió. Por ejemplo, un accidente o ver un cadáver.

El otro es el trauma repetitivo, el que persiste con el paso del tiempo, como por ejemplo, el abuso sexual. La persona lo cuenta como si le estuviera pasando a otro, lo revive pero se disocia. Se separan las ideas de las emociones.

Tenemos que tener en cuenta que nuestra mente tiene la capacidad de resistir.

Pero ¿qué sucede cuando la angustia nos desborda? Ahí se produce lo que llamamos el estrés postraumático, o trauma emocional.

La persona que ha pasado por una experiencia traumática suele tener recuerdos repetitivos. Revive olores, una palabra, un lugar, y sensaciones; atraviesa una vez más la misma experiencia.

Esos recuerdos vívidos la llevan también a la hipervigilancia. Quien sufrió un robo, por ejemplo, está siempre atento y construye un futuro oscuro al pensar "esto se va a volver a repetir". Eso le roba la esperanza, por lo que la persona que sufrió un trauma desarrolla estrés, depresión y a muchos, también, ataques de pánico.

Esto sucede en nuestra mente, porque todo lo que nos pasó en un área y fue una experiencia dolorosa se puede manifestar en otras totalmente distintas, constituyéndose en síntomas que nos dicen que la situación no fue superada totalmente.

Es importante aprender a detectar qué pasa durante el estrés postraumático, cómo reaccionamos. Y entender, también, que los flashbacks (fragmentos de una situación que invaden nuestra mente) o las imágenes repetitivas son algo normal; que la depresión, la hipervigilancia y la culpa son síntomas normales, son las reacciones propias de nuestro cuerpo ante una situación extrema.

Por eso hay que permitirse además estar mal. Tenemos que recordar que todo lo que guardamos se transforma en un peso emocional, en una carga.

Es importante buscar a quién contarle lo que nos pasa, porque nos curamos hablando, poniendo en palabras y rompiendo el secreto.

Lo único que hace el secreto es perpetuar el trauma, y todo lo que evitamos trae una falsa seguridad.

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