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La Mañana Refugiados

Más sirios llegan a Neuquén buscando una nueva vida

A los dos refugiados iniciales se sumaron más jóvenes.

Sofía Sandoval

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Neuquén.- El viaje de Husine y Yousif fue como un salto al vacío. Acuciados por la falta de oportunidades y la amenaza de un servicio militar que podía prolongarse por años, los dos jóvenes abandonaron su Siria natal para radicarse en Argentina sin saber qué les deparaba ese país lejano. Su valentía, sin embargo, trazó el rumbo de más refugiados que ya integran una pequeña comunidad neuquina.

El apoyo de las familias Barakat y Escaudar fue como una red de contención. Ambas familias percibieron en ese viaje a través del océano el mismo gesto de sus antepasados, que emigraron sin certezas a un país desconocido y terminaron por forjar familias sirio-argentinas que se afincaron en Neuquén. Ellos se convirtieron en el punto de apoyo de los refugiados y les ofrecieron trabajo y hasta las primeras clases de español.

La rápida integración de los dos jóvenes, que trabajan en el Mercado Concentrador de Neuquén, fue la referencia que tuvieron otros para venir. Iasin llegó hace poco más de un año y Yazan lo hizo recién hace un mes, por lo que apenas dio sus primeros pasos en un idioma extraño.

“Los relatos de otros inmigrantes que vinieron hace años nos hacían sentir cariño por Argentina y teníamos una buena imagen del país”, dice Iasin Abdulhamid en árabe. Pedro Barakat lo traduce y acota que ese nexo entre ambos países se nota por una tradición bien argentina que se instaló con fuerza en esas tierras al oriente: tomar mate. “Se toma casi más mate que acá”, aclara.

“Ya hay al menos seis o siete refugiados en la zona pero hay cientos interesados en venir”, explica Claudio Escaudar, uno de los descendientes de sirios que ofrece contención y apoyo a los refugiados. Sin embargo, no es tan fácil salir de ese país azotado por la guerra y el desempleo: para eso es necesario contar con dinero para el traslado y algún puerto donde amarrarse en Argentina, que se traduce en una oferta laboral o una familia que los refugie los primeros días.

Para Yousif Mohammed, lo mejor de Argentina es su gente, que se brinda hasta hacerlos sentir una parte más de la comunidad. Por eso, resignó las jornadas laborales tranquilas de su país para adaptarse a la vorágine de trabajo del Mercado Concentrador, donde cumplen más horas que en su país.

La gran deuda pendiente para los cuatro es conseguir un trabajo relacionado a sus carreras universitarias. Husine estudió electrónica; Yousif, logística; Yazan, diseño de interiores y Iasin, contabilidad. “Se hace difícil por el idioma”, explica Husine Ghanem, el más entrenado en un español que escribe con soltura, aunque aún titubea al pronunciar esas palabras ajenas.

Como todos trabajan, sus sueldos les permiten compartir departamentos que alquilan en el centro de la ciudad. Su contacto con las familias receptoras les permitió, a su vez, recorrer varias localidades argentinas donde habitan otros descendientes sirios. Así, aunque su calidad de refugiados no les permite cruzar fronteras, conocieron gran parte de un país que ya consideran un poco propio.

Los cuatro jóvenes llegaron con el objetivo de mejorar su realidad personal y las familias no descartan que lleguen más jóvenes, incluso chicas, en una nueva camada de inmigración siria. Aunque extrañan su país de origen, aseguran que la calidez argentina facilitó su integración. El futuro, sin embargo, es aún pura incertidumbre o, como dice Husine, “una obra del destino”.

Los sirios aseguran que vinieron a trabajar y a hacer un aporte muy positivo no sólo a las familias que ya están radicadas sino al acervo cultural argentino.

Documentación como refugiados

A través de un programa del gobierno nacional, los jóvenes sirios pudieron ingresar a su país en calidad de refugiados y así evitar servir en el Ejército como es obligatorio en Siria una vez que finalizan la universidad.

Si bien consideraron que la situación bélica se está apaciguando, explicaron que el panorama es desalentador en cuanto a las oportunidades laborales para los jóvenes.

Al llegar a Argentina, recibieron un número de CUIL que les permite trabajar e incluso tramitar una licencia de conducir. Sin embargo, desde hace casi dos años esperan contar con un DNI argentino que les posibilitará, en el futuro, obtener su pasaporte y así poder viajar a otros países.

“No pueden salir del país y, si vuelven a Siria, pierden su calidad de refugiados”, explicó Munir Escaudar, integrante de una familia argentina que los apoya. “Nos dijeron que tardaba sólo tres meses, pero pasaron casi dos años y no llega”, detalló Yousif Mohammed. Aclaró que este programa también les permitiría validar sus títulos universitarios.

De a poco se adaptan a la cultura argentina

Aunque extrañan muchos aspectos de la cultura siria, los jóvenes que llegaron en calidad de refugiados a la provincia de Neuquén se adaptaron también a las costumbres argentinas y bromean sobre su gusto por el asado y el fernet, íconos de la gastronomía nacional.

Yousif, el más cocinero del grupo, disfruta de preparar los platos típicos de su país natal y entre todos los ofrecen a través de una página en Facebook, que se llama Tartusiii, donde ofrecen shawarma (carne cocida al spiedo que se utiliza para hacer una especie de sandwich) y otros platos para los fanáticos de la comida árabe.

Iasin, por su parte, posee un talento innato para dibujar, y ya plasmó con lápices negros muchos de los rostros que descubrió desde su llegada a Argentina.

Según explican, en sus reproductores también se mixturó una variedad de canciones que provienen de Oriente y Occidente, por lo que disfrutan de una música variada que ya no sabe de nacionalidades.

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