Mucho trabajo para un mes
Había tanta expectativa como ansiedad porque el gran día se aproximaba y la nueva capital del territorio estaba por inaugurarse en aquel agreste paraje de la Confluencia.
Sin dudas, agosto fue un mes clave en la fundación de la ciudad de Neuquén porque todo se hizo contrarreloj para llegar a tiempo al 12 de Septiembre.
Si bien el traslado de la capital desde Chos Malal había sido programado con antelación, antes hubieron cuestiones administrativas que se demoraron y, por supuesto, hubo que realizar la mudanza desde el norte neuquino que no fue un trabajo sencillo.
Carlos Bouquet Roldán había iniciado las tratativas con los propietarios de las tierras en donde debían emplazarse los edificios institucionales de la nueva capital. Pero recién el 27 de agosto de ese año, el presidente Julio Roca firmó el decreto a través del cual se aceptaba la donación del 20 por ciento de aquellas tierras. El Estado se comprometía a mensurar y lotear a su cargo el 80 por ciento restante, trabajo que recién finalizó días antes del acto de la fundación.
Muchos de los pioneros que habían llegado desde otras latitudes tuvieron que esperar al año siguiente para obtener sus terrenos y levantar sus viviendas, por lo que en los meses previos a aquella fecha histórica durmieron en carpas y tiendas de campaña.
Claro que agosto fue intenso. También durante ese mes, un grupo de obreros calificados que llegaron de Buenos Aires terminaron de construir el Chateuaux Gris, el chalet de madera donde funcionaría la nueva sede de gobierno.
No sobró tiempo para nada y faltaron muchas cosas, pero el proyecto de la ciudad en el medio del desierto ya estaba en marcha.
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