Nada mejor que otro festejo en el Limay
Sofía Sandoval
Neuquén.- Mientras el día feriado marcaba un ritmo desolado sobre el asfalto de la ciudad, un sol insolente se ensañaba con la tierra seca y los ardientes cantos rodados a orillas del Limay. Con carpas, sombrillas y el infalible alivio de los árboles, miles de neuquinos buscaban refugio bajo la sombra para disfrutar del primer día del 2019 en los balnearios de la ciudad.
Una pava de aluminio reposaba sobre la parrilla, mientras el olor de las brasas carbonizadas penetraba el aire caliente de un primero de enero a pleno sol. Con temperaturas que superaron los 31 grados, las familias buscaron refugio a la sombra de los árboles del Sandra Canale. En el río, mientras tanto, los colores vibrantes de los salvavidas contrastaban con el agua oscura del Limay: un conejito amarillo mantenía a flote a una niña que se divertía salpicando a sus padres y una ballena celeste se hundía por un instante, cuando su dueño se abalanzaba sobre el flotador. Con pistolas de agua o las propias manos como único armamento, los más jóvenes se divertían con salpicadas. Todo sea por el calor.
“Hace diez años que vivo en Río Gallegos y vuelvo a Neuquén a pasar las fiestas. Allá extraño el calor de los veranos y lugares como el río”, dijo Alejandro, en el balneario Sandra Canale
“Somos de Cipolletti y hacía muchos años que no veníamos a este lugar. Nos sorprendieron los nuevos accesos y lo cuidado que está el pasto”, dijo Carina, en el balneario Albino Cotro
Marcelo, que lleva diez años trabajando como guardavidas, observaba el agua por detrás de sus gafas oscuras. “Ya estoy acostumbrado a trabajar los feriados, se pasa bien”, decía.
El traje fluorescente de un guardavidas se veía desde lejos. Mientras remaba parado sobre una tabla de fibra, un enjambre de pequeños se aferraba a la embarcación con el único fin de viajar como polizones hasta la orilla. “¡Tortas fritas! Calentitas y con cero colesterol”, canturreaba un hombre mientras una canasta de mimbre le pesaba en el hombro derecho. La congregación de neuquinos fue también una oportunidad para los vendedores ambulantes, que ofrecían alimentos, inflables, de todo.
En los nuevos tramos del paseo costero, mientras tanto, el ritmo de calma parecía primar entre los visitantes, y un silencio apacible lograba ahogar las tranquilas conversaciones que se sucedían en medio de una ronda de mate. Pero el mismo clima frenético de Gatica parecía contagiarse en Río Grande, donde la música sonaba por los altoparlantes y cientos de tererés se pasaban de mano en mano.
En Albino Cotro, en cambio, una pareja se aislaba del aire caliente al recostar la espalda sobre la hierba fresca y apenas un puñado de niños se bañaba en las aguas poco profundas del río. Incluso después de las 4 de la tarde, una incesante columna de humo emanaba del sector de parrillas, para los que hacían una celebración tardía del asado del primero de enero.
LEÉ MÁS
Ramiro, el primer bebé de 2019
El peor inicio de año: tres muertos tras un gravísimo accidente sobre la Ruta 7
Te puede interesar...









