Nadie se hace cargo de nada

La ausencia del Estado quedó expuesta esta semana en distintos episodios de pibes vinculados al delito y la población carcelaria.

Las historias de dos pibes nos estremecieron. Uno cumplió 18 años en mayo pero ya la fiscalía de delitos juveniles había advertido a Flagrancia sobre su conflictividad. En junio delinquió y así fue sumando causas hasta que hace unos días entró en una casa golpeó a la dueña y le robó el celular. Los vecinos lo atraparon y casi lo linchan. Lo acusaron por el robo, quedó en libertad y no bien salió fue a quemar la casilla de la mujer a la que le había ido a robar. Ahora está prófugo.

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El otro caso es el de un joven que en enero, con 17 años, asesinó a una trabajadora sexual en Rincón. Lo declararon culpable en abril y durante un año tenía que estar en tratamiento en un hogar, pero cometió varios delitos más y por su nivel de violencia ordenaron su internación compulsiva y con custodia.

La falta de herramientas del Estado para abordar a tiempo la vida de los jóvenes ya es algo más que alarmante.

En ambos casos, los conflictos arrancaron cuando eran menores de edad, pero la ausencia del Estado y la carencia de herramientas para abordar estos casos, permitió que los chicos crecieran en ambientes que favorecieron la predisposición al delito. Hoy están a las puertas de pasar una larga estadía en la prisión, una prisión no ofrece a las personas privadas de la libertad mayores herramientas para la resocialización.

Es más, en la actualidad la propia justicia considera que la cárcel es la universidad del delito para chicos como estos.

No todo está perdido: en los penales del interior hay experiencias muy válidas para los presos vinculadas al trabajo, pero son esfuerzos que se traccionan a sangre de manera individual ante la ausencia y el olvido del Estado en materia penitenciaria.

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