Mario Cippitelli
Neuquén.- Una tormenta de lluvia similar a la que hace una semana destrozó la ciudad volverá a ocurrir. ¿Cuándo? Es lo que nadie sabe. Y no se sabrá hasta una semana antes de que comience a descargar toda esa cantidad de agua capaz de romper, socavar, causar angustia a miles de personas y pérdidas económicas millonarias a ciudades y gobiernos.
Los especialistas ya comenzaron a estudiar de manera comparativa este último fenómeno con el que ocurrió en abril de 2014 y que tuvo las mismas consecuencias. Fue similar, pero distinta, en cuanto a la formación y a los días que se mantuvo. Pero los efectos catastróficos fueron exactamente idénticos. Ese estudio lo comenzaron los técnicos de la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC) y serán dados a conocer a la opinión pública cuando estén finalizados.
Los exámenes quieren determinar características de ambas tormentas, no para impedirlas, sino para saber un poco más sobre estos fenómenos extremos que no solían ser tan frecuentes, pero que ahora lo son. De hecho, en 2014 se hablaba de algo excepcional y poco frecuente que podría ocurrir cada tanto, pero que finalmente ocurrió dos años después.
“Es frecuente en áreas tropicales, subtropicales y la Pampa Húmeda argentina. En nuestra zona son más frecuentes desde octubre a abril, luego comienza a dominar el flujo de los oestes y cambia la circulación atmosférica dominando otro tipo de fenómenos como frentes fríos y lluvias con nevadas en la cordillera”, explicó Griselda Ostertag, especialista de la AIC.
Probabilidades
Ostertag dice que estas tormentas pueden volver a ocurrir, porque la región está entrando en el “período de estiaje” y comienza a ingresar aire cálido e inestable del norte, del noreste con frecuencia y esto favorece la formación de este tipo de tormentas que descargan mucha agua en muy poco tiempo y a su paso siembran destrucción y desolación, especialmente en urbanizaciones precarias, con calles de tierra y viviendas humildes que no soportan la fuerza de agua.
El cambio climático, un fantasma que cada vez se corporiza en fenómenos reales de los que el mundo habla, puede llegar a ser un factor que explique este tipo de fenómenos. Según Ostertag, uno de los efectos más claros y demostrables desde el punto de vista científico es la ocurrencia de eventos extremos: tormentas, sequías, olas de calor y de frío, inundaciones y nevadas extremas.
Desde 2014, cuando se desató la primera gran tormenta que destruyó la ciudad (la anterior se había registrado en 1974), la pregunta obligada que surgió es si la ciudad está preparada para un evento de estas características y qué acciones se deben tomar para minimizar las consecuencias.
¿Preparados?
Se sabe que cualquier ciudad está preparada para lo acostumbrado o para la “media” de los fenómenos naturales, pero frente a 160 milímetros en pocas horas no hay mucho por hacer, especialmente en suelos desérticos o arenosos.
Escurrimiento
“No soy especialista en suelos, pero creo que son fundamentales las obras de escurrimiento de agua y la planificación de las ciudades”, aseguró la especialista de la AIC, quien hizo una recomendación casi obvia y con sentido común que nunca parece tenerse en cuenta: no autorizar, ni construir, ni instalarse en forma clandestina sobre áreas inundables es fundamental.
Otro dato no menor es que, desde su fundación, la ciudad de Neuquén se levantó sobre una gran bajada natural que nace en las bardas y termina en la costa del Limay, sobre suelos secos, arenosos y casi sin vegetación, lo que hace que –inevitablemente– cuando llueve mucho ese enorme caudal de agua baje con fuerza por la pendiente hasta terminar en el río, rompiendo todo lo que le haga resistencia.
“En climas semiáridos como el nuestro, si bien en el promedio anual los milímetros acumulados son pocos, los eventos de este tipo son probables y el escurrimiento por cañadones y áreas de barda es altamente peligroso, como así también es altamente peligroso y problemático construir sobre la planicie de inundación del río”, aseguró la especialista de la AIC.
Griselda Ostertag. Meteoróloga de la AIC
1. ¿Se cumplieron los protocolos de alerta?
Sí, desde la AIC se emitió la alerta el día viernes y la misma se distribuye a las Defensas Civiles provinciales y municipales, y las mismas actuaron en la emergencia desde ese momento. Trabajamos en equipo durante toda la tormenta con ambas provincias y muchas municipalidades de las ciudades más afectadas.
2. ¿Hay alguna forma de prevenir estas tormentas?
No se puede impedir que el evento suceda; sí se puede prever el impacto que este puede tener sobre la población y actuar en consecuencia, con mecanismos de protección a la población en general y en particular a la más vulnerable.
3. ¿Con cuánto tiempo se puede anticipar?
Se comienza a hacer un seguimiento del fenómeno siete días antes (pronóstico sinóptico a corto plazo). 48 horas antes se publica e informa a la población y se comienza a trabajar con los organismos involucrados cuando se detecta el fenómeno.
Cómo se forma un fenómeno extremo
Cuando en capas bajas de la atmósfera, las masas de aire se mueven horizontalmente desde distintas direcciones, de modo que se encuentran en cierta región, el aire en la zona de encuentro no se puede acumular y como debajo está la superficie de la Tierra tampoco puede descender, por lo que se ve forzado a ascender. Al área de encuentro de las masas de aire se le llama zona de convergencia. En esa zona el aire se ve forzado a elevarse produciéndose convección. Si se dan las condiciones de humedad y enfriamiento hasta el punto de rocío, el aire que asciende produce nubes y precipitación.
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