Virginia trabajaba en una conocida Obra Social, pero renunció para dedicarse de lleno a un emprendimiento exitoso en Cipolletti, cerca de la Isla Jordán, y continuar el legado de sus padres.
La paz de la bellísima Chacra contrasta con el ritmo vertiginoso que le imprime Virginia de Jong (48 años), quien atiende al mismo tiempo detalles del pujante emprendimiento natural de almendras y nueces, cuestiones urgentes de la casa y desde luego no descuida las impostergables tareas de madre.
“Así es mi vida”, cuenta con una sonrisa mientras va de aquí para allá y el también incansable Milo, el juguetón perro que nos recibe y nos despide en la puerta misma del establecimiento rural, no se le despega ni siquiera para las fotos.
No obstante, al ser “del campo”, como se autodefine, tiene otro sabor para ella su día a día desde el año pasado, cuando “renuncié a mi trabajo en OSDE, en Neuquén, en pos de dedicarme de lleno a la producción de frutos secos con mi gente porque esto es lo mío”.
“Vengan que les muestro”, invita la anfitriona al equipo de LM Cipolletti, que la aguardaba al borde de una piscina “tentadora” para el chapuzón con el solcito pegando fuerte a esa hora del mediodía. Tanto ella como su entorno están habituados a guiar a las personas pues también allí se realiza Turismo Rural.
La música tan especial de los pájaros matiza la agradable caminata. De un lado, entre callejones y surcos, aparece la plantación de Guara y del otro se aprecian las Marinadas; las distintas especies de almendros del sitio.
“Los árboles se plantan o en espaldera o a una distancia mayor porque los dejas que crezcan en copas. A los 5 o 6 años se empareja la producción, porque el árbol de Marinada, en este caso que es el que estaría en copas, adquiere mayor follaje, son 4 ramas y el de espaldera tiene un eje central y solamente alguna rama a los costados, es otra densidad de plantación”, explica Virginia, que en un principio intenta gambetear los flashes aduciendo que “estoy vestida así nomás” pero finalmente accede, bien natural y espontánea como es.
La atrapante recorrida continúa en el “Laboratorio”, como le llama al recinto en donde se efectúa la selección y fraccionamiento de los frutos secos.
“Es todo muy serio y profesional, de hecho se hace el armado de pedidos siguiendo las normas de bramatología”, acota la emprendedora mujer a la vez que sostiene un cajón de almendras entre la imponente plantación.
Y por último, el plato fuerte para la vista y la panza… El Galpón donde almacenan la producción, allí donde van a parar los 10 mil kilos de almendras con cáscara que generan por temporada en la pequeña pyme cipoleña a pesar del “ataque de cotorras que nos aqueja”.
“Se le da un valor agregado a los frutos secos acá. La gente busca precios y calidad y al llegar al productor, ver de dónde sale lo que ingieren les brinda un plus, una tranquilidad. Ahí tenemos la ventaja”, reflexiona una de las caras visibles de Nogallia.
Por ahora no tienen local propio y las ventas se realizan “vía redes sociales” (“llevamos a domicilio y hacemos reparto en Neuquén y Cipolletti”, aclara).
La historia del proyecto de almendras familiar
“Todo esto lo iniciaron mis padres. Acá vivimos tres familias: ellos, también mi hermana Carolina con su pareja y nosotros: mi marido Juan Pablo y nuestra hija Carmela de 16. Juan Ignacio y Valentina son mis otros hijos, todas y todos en alguno u otro momento hicieron su aporte. Es un proyecto familiar, fíjate que por ejemplo mi hermana es la dueña de árboles en copa”, cuenta tras despedir al plomero que reparó la caldera de la vivienda en medio del paraíso natural.
“Plantamos nogales primero, muchos se murieron y luego por sugerencia de mi papá, quien siguió los consejos de Alejandro Bobadilla, plantamos almendros. Cubrimos 2 hectáreas de un total de 4 disponibles. La producción nacional hoy no alcanza a satisfacer la demanda. Producimos almendras y nueces y también vendemos mix de frutos secos a partir del vínculo con una familia de Mendoza que exportan pasas de uvas”, agrega y supervisa a cada paso que todo esté bien en el amplio predio.
Seguidamente, desmenuza el delicado y esmerado proceso: “El fruto crece con un pelón externo, el cual cuando se seca está en condiciones de cosecharse. Luego se saca de las plantas (‘se ponen mantos en el piso, se recogen y colocan en tachos’), se pone a despelonar, a secar al sol, se embolsa, acopia y finalmente pela”.
Justo la temporada está finalizando y, contenta con los resultados, reconoce que fue importante la ayuda de “trabajadores tucumanos recomendados por productores de manzanas y peras amigos para la cosecha”.
Celebra contar con clientes por “todos lados, de El Chalten a Chaco, pues son productos frescos y a los clientes les encanta”, revela la clave del éxito y la reconfortante devolución que les hace el público. "Es que además somos competitivos en los precios", infla el pecho.
“Hay mucha gente naturista, vegana, las almendras son una fuente de energía clave, muchos que no toleran la lactosa y consumen leche de almendra”, indica con relación a los nuevos hábitos y cómo el fruto que producen fue incorporado definitivamente en las dietas de los argentinos.
Fuerte apuesta para producir en la región
Lo que se consume y llega a manos de los vecinos es el resultado final de una apuesta e inversión muy grande “y a largo plazo”. Hay demasiados riesgos en un país tan cambiante y en crisis. Y también mucho riego, ya que todo ello requiere de un aceitado sistema de aspersión.
Trabajan, en ocasiones, “de sol a sol” y en ese contexto por estos días aguardan con expectativa la máquina para pelado que acaban de adquirir y simplificará la labor, además de permitirles incrementar las ganancias al no depender de terceros en esa faceta del procedimiento.
“Es muy lindo hacerlo en familia, todo lo hacemos con amor, con mucha entrega y siguiendo el legado de mis padres Jorge y Kity, que vinieron desde Entre Ríos y se embarcaron en el proyecto en 2002 aunque recién en 2012 pudieron disponer de frutos. Fijate que mi marido es carpintero y yo como te dije yo tenía otro empleo, pero decidimos apostar a full por esto y por nuestra región”, finaliza la protagonista de una historia admirable.
Y sí, Virginia se da el gusto de trabajar en la chacra familiar, con las almendras y las nueces.
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