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La Mañana Matías Rosales

El calvario de la mamá de Matías Rosales, el neuquino asesinado en Bolivia

Carina Cheuquepan contó las últimas novedades del caso y las difíciles horas que transita en ese país para recuperar los restos de su hijo y pedir justicia.

Con un dolor indescriptible, Carina Cheuquepan, la mamá de Matías Rosales atiende una llamada por Whatsapp desde Oruro, Bolivia, la ciudad que hasta hace unas semanas era escenario de descubrimiento para su hijo y motivo de charlas, comentarios e intercambio de mensajes y fotos con ella.

Hoy es como un campo minado en el que no se puede pisar con confianza, un terreno hostil en el que, sin embargo, se abre camino con una entereza admirable y una tristeza infinita, aún sin poder aún asimilar lo que está transitando. Con el deseo de despertar y que todo haya sido solo una pesadilla, más allá de la impotencia ante una seguidilla de indiferencias y actitudes alejadas de la empatía y la condición humana, ella se mantiene firme para reclamar justicia en un país que le mostró su peor cara, que le quitó a su hijo con un crimen absurdo y una falta de contención y negligencia incomprensible.

Pese a la bronca y al combo de emociones que debe apaciguar para enfrentar burocracias y el papelerío típico e impiadoso que viene de la mano de la muerte de un familiar, Carina debe sumar un adicional desgarrador para lograr tener y repatriar los restos de su hijo, resolver una despedida a kilómetros de distancia sin los abrazos de sus seres queridos; pedir que una investigación tardía avance y luchar con una serie de actores que, en vez de contener, no están a la altura de las circunstancias. Todo en condición de extranjera.

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Más allá de las jornadas angustiantes que le toca vivir en medio de la desolación, lo primero que atina a decir es: "Tengo que agradecer al pueblo neuquino porque la verdad que se ha portado re bien: los medios, la gente, los amigos, la familia, todos, todos estamos unidos". Su voz dulce y sus palabras de gratitud, con tono calmo y respetuoso, la pintan de cuerpo entero y contrastan con la falta de respuesta y los gestos desalmados que se encuentra en medio de la adversidad.

"Sigo acá, con Florencia y mi pareja", dijo en alusión a la novia de Matías, quien hace unos días tuvo que lidiar en soledad con la falta de ayuda de los transeúnte mientras el neuquino agonizaba en plena calle luego de ser apuñalado por un hombre colombiano con quien habían compartido parte de la jornada en una plaza donde venían sus artesanías. A fuerza de insistir logró que una mujer llame a una ambulancia que demoró una eternidad y que solo sirvió para poner en una camilla a Matías y dejarlo a su suerte en la entrada de un hospital. Fue ella la que viajó a su lado, la que ofició de enfermera controlándole los signos vitales. La única que lo hizo, la que insistió para que lo asistan y la que quedó desamparada ante un equipo médico que de buenas a primeras se cruzó de brazos (sin siquiera atenderlo ni ingresarlo al centro de salud) diciendo que no había nada más que hacer.

"Ayer tuvieron que hacer dos veces el certificado de la autopsia porque primero nos entregaron papeles con fecha de viernes. Teníamos 24 horas para hacerlo, pero nadie nos avisó que el sábado estaba abierto para poder tramitarlo. Así que tuvimos que recurrir a la doctora de nuevo para que haga otro certificado con fecha de ayer, lunes, para poder tramitarlo ante el juzgado civil", contó Carina, dando cuenta de las complejidades que hacen más engorrosa la situación.

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"Mientras Mati sigue esperando en la morgue. Hoy supuestamente me lo entregan, aunque no sé si tendré que esperar un día más. Ayer consulté en Asistencia a la víctima, ellos trabajan mucho con los derechos humanos y me dieron un abogado para constituirme como querellante. Él va a interiorizarse de toda la causa y nos espera hoy para informarnos de todo y para decirnos qué hacer en relación al cuerpito de Matías. Seguramente optemos por una cremación porque sale carísimo un vuelo sanitario y mis hijos no están con toda la fortaleza. Matías tiene tres hermanos y la verdad es que les dolería verlo así, sería muy triste para ellos. Prefieren recordarlo como él era", expresó.


De la alegría al espanto

"Matías estaba permanentemente escribiéndome, tengo sus audios, fotos: 'Mirá como visten, lo que comen'; 'Mirá mamá estamos comiendo algo típico de la zona'. Estaba siempre en permanente contacto, tengo audios del día anterior, a las 7 de la tarde cuando se hospedaron en el hotel, por eso conocía la dirección, conocía todo yo", contó Carina en otro tramo de la breve charla describiendo el vínculo estrecho que mantenía con su hijo y el contexto de alegría que de un plumazo se convirtió en el peor capítulo de su historia.

La última vez que se dieron un abrazo había sido a fines de julio antes de que él partiera con Florencia a cumplir el sueño de conocer Bolivia. "Estuvo dos semanas, incluso hizo algunos trabajos en el barrio porque toda la gente lo quería. Tenía mucho conocimiento de lo que era calderas y demás, así que apenas llegaba a Neuquén ya tenía trabajo, mucha gente conocida lo contrataba", comentó antes de señalar que si bien Matías y Florencia vivían en 25 de Mayo, La Pampa, visitaban con frecuencia Neuquén mientras mechaban escapadas a distintos lugares.

matias rosales neuquen

"Él empezaba a salir de viaje así, antes no se animaba a ir muy lejos. Cuando conoció a Florencia empezó a hacer más distancias", deslizó antes de recordar con precisión el llamado que jamás hubiera querido recibir.

"A las 23:35 minutos exactamente me llamó Florencia para decirme que estaba afuera del hospital. Con el dolor que tenía le dije 'cortá Florencia y sacale una foto', para mostrar que nadie estaba alrededor, que nadie lo asistía. El fallece en la vereda", dijo con la voz quebrada.

A partir de allí fueron minutos interminables de un viaje que arrancó al día siguiente -en medio del aturdimiento- y que incluyó un aéreo a Salta, dos remises a la frontera con Jujuy y un colectivo para recorrer los 700 kilómetros que faltaban hasta el ansiado abrazo con Florencia en Oruro y el estar ahí lo más cerca posible de Matías. "Queríamos llegar pero tardamos tanto, como un día y medio, no llegábamos más", acotó ya sin poder contener el llanto.

"Llegamos y no pudimos ver a la fiscal. La fiscal nos negó una charla. Le escribimos por Whatsapp, para no llamarla deliberadamente e interrumpirla en sus quehaceres, pero -sabiendo quiénes éramos- lo único que nos contestó fue: 'cómo consiguieron mi teléfono?'. Así que imaginate, más nervios, un montón de sensaciones. Recién al otro día por la tarde pudimos entablar conversación y recién ese día por la tarde - dos días después-empezaron la investigación y a moverse para encontrar al colombiano. Oruro queda a media hora de la frontera con Chile, está claro que se fue. Hay muchos caminos alternativos donde pudo haber cruzado tranquilamente, porque pasaron dos días. Creo que en este momento está en Chile o en Brasil", conjeturó indignada por la falta de acción de la justicia boliviana.

Testimonio de la pareja del joven asesinador en bolivia.mp4

"Después nos reunimos con el Ministerio de Justicia y el Ministerio de Salud y la verdad que fue muy escaso lo que nos decían, todo por encima, se desligan responsabilidades cuando los mismos videos y todo lo que se viralizó por redes es la prueba de que no asistieron a Matías. No le dieron ni los primeros auxilios, no lo atendieron en la ambulancia. Los choferes y acompañantes se sentaron adelante. Nosotros creemos que fallece en la ambulancia o en la vereda del hospital por nunca lo ingresaron para que un profesional lo recibiera como a toda persona que va en un estado de emergencia".

"No voy a descansar hasta que salga todo a la luz, hasta que el sistema judicial responda como corresponde", prometió con convicción, antes de aclarar que el Consulado argentino "se está portando bien".

"Estamos conformes porque nos han brindado alojamiento y eso es importante porque acá con el cambio todo es muy caro. También nos acompañan a hacer todas las diligencias, los trámites que haya que hacer. Todos los días salimos a las 8 de la mañana y regresamos a las 6, 7 de la tarde y siempre nos acompañan. Les tengo que agradecer por supuesto y bueno acá estamos", concluyó.

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