El desafío por el contenido
En estos días de descanso en familia, pude distanciarme de la repetición constante que proponen los medios en busca de sumar clics jugando con la ecuación información versus entretenimiento.
Extrañamente, volví al debate que se daba en la carrera de Comunicación Social en la UNCuyo a mediados de la década de 1990 cuando los talk show copaban el prime time de la televisión con insultos y trompadas.
Por esos años, la frase “coma mierda, millones de moscas no pueden estar equivocadas” estaba a flor de piel y solo el rating de la pantalla chica marcaba tendencia.
En esos años, los diarios todavía tenían suplemento de cultura, debate y entrevistas a fondos.
El papel era una barricada que protegía el buen periodismo de seres tan patéticos como Mauro Viale, el joven Jorge Rial y una troupe de personajes desagradables que copaban con escándalos la pantalla.
Hoy, 30 años después, todo lo que se lee en los diarios devenidos en portales web está medido al detalle.
Se puede saber qué se está viendo en este mismo instante, cuánta gente hay y qué cantidad de segundos y minutos le dedican a determinado artículo.
Se sabe con lujo de detalle cómo es el tráfico de la audiencia (antes se les decía lectores) y cuáles son los artículos que más se consumen.
Incluso, la inteligencia artificial que ha ganado terreno en todas las esferas ofrece pautas innovadoras sobre cómo titular pensando justamente en los consumos que hay en internet en ese mismo instante.
Hoy, los medios están obligados a generar clics, pero también contenidos que sigan mostrando que algo de periodismo queda.
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