A contramano del streaming y la inmediatez digital, Mix Láser lleva más de tres décadas en Neuquén apostando a la música en formato físico.
En tiempos donde la música viaja comprimida en una app y cabe entera en un celular, en Neuquén todavía hay un lugar donde escuchar también implica tocar, mirar y tomarse el tiempo. Se trata de Mix Láser, una rockería que nació el 1 de junio de 1992 y que, más de tres décadas después, sigue apostando por el formato físico, especialmente el CD.
Hoy el local está en manos de Lucas Side, de 33 años, quien no llegó como dueño sino como empleado. “Entré a los 19, hacía atención al público, limpieza, de todo un poco”, recordó. El negocio había sido fundado por Mario Meriño, pionero en una época donde los discos eran importados, caros y hasta se alquilaban, como si fueran películas. “Se hacía compra, venta, canje y alquiler de CDs. Era otra lógica, otra industria”, contó.
Durante años, Lucas creció dentro del local. Aprendió no solo del funcionamiento del negocio, sino también de música. De escuchar rock alternativo pasó a descubrir jazz, blues, folklore y otros géneros que hoy forman parte del catálogo diverso de la tienda. En 2019, tras siete años como empleado, se le presentó la oportunidad de dar el salto: el dueño quería vender. Hubo confianza, un acuerdo y ahorros de por medio. Así, el mostrador cambió de manos sin romper la esencia.
Con el tiempo, Lucas renovó el espacio: pintura, vidriera, cartelería y nuevos productos. Pero el corazón del negocio sigue intacto. “Vendemos CDs, remeras, accesorios, algo de vinilo, pero el CD sigue siendo central”, explicó a LM Neuquén.
Lejos de ser una reliquia, el CD mantiene su público. “Hay una comunidad muy amplia, desde chicos hasta adultos. Algunos lo compran para escucharlo y otros para coleccionarlo”, dijo. Hoy muchas computadoras ya no tienen lector y los autos nuevos tampoco y este formato encontró nuevos caminos: equipos retro, lectores portátiles y una revalorización de lo físico.
En Mix Láser, además, el vínculo con el cliente es distinto. No es una compra rápida. “Siempre digo que vengan con tiempo. Acá se charla, se recomienda, se descubre música. Es un ambiente más cálido”, describió Lucas. Entre los artistas más buscados aparecen clásicos como Soda Stereo, AC/DC o The Beatles, pero también nombres actuales como Taylor Swift o propuestas del nuevo rock.
Y también algunas de las bandas nuevas sacaron CDs. Por ejemplo Rosalía, Nati Pelusso, Trueno -quien también el año pasado sacó un vinilo-, Paco y Ctariel y Milo J, que sacó un CD y un vinilo.
El cambio en la industria musical no pasó desapercibido. Lucas lo ubica con claridad: “Entre 2015 y la pandemia se dio el salto fuerte a lo digital. Hoy los artistas están en plataformas, pero ganan muy poco por reproducción. Su ingreso real sigue siendo tocar en vivo”.
Aun así, no hay una mirada nostálgica cerrada. Conviven Spotify, You Tube y los discos, lo inmediato y lo ritual. “No estoy en contra de lo digital, lo uso. Pero escuchar un CD es otra experiencia: es el disco completo, con su arte, su concepto. No es lo mismo que ir salteando canciones”.
En ese equilibrio entre pasado y presente, Mix Láser se sostiene. Y más que eso: encuentra sentido. Porque para muchos, entrar al local no es solo comprar música, sino reconectar con una forma de escuchar. Una forma que, lejos de desaparecer, sigue girando -como un disco- en manos de quienes todavía eligen quedarse un rato más.
El ritual de escuchar un CD
Si algo distingue a Mix Láser de cualquier otro comercio es que no se trata solo de vender productos, sino de sostener una experiencia. Ante la rapidez de la vida de hoy, elegir un CD implica detenerse. Mirar una tapa, leer un listado de temas, dejarse llevar por la curiosidad o la recomendación. “No es venir, agarrar algo e irse. Es un espacio para descubrir”, insistió Lucas.
Ese tiempo que parece ir a contramano del mundo actual es, en realidad, uno de los grandes valores que encuentra el público. Hay quienes llegan con una búsqueda puntual -un disco específico, un regalo-, pero muchos otros entran sin saber exactamente qué quieren. Recorren los estantes, hojean ediciones, preguntan, escuchan anécdotas. En ese intercambio, el vendedor deja de ser un simple intermediario para convertirse en guía.
La materialidad del CD juega un rol clave en esa experiencia. No es solo el sonido: es el objeto completo. El diseño, las fotos, los textos, incluso el olor del librito recién abierto. Para quienes crecieron en los 90 o principios de los 2000, hay una carga emocional evidente. Pero lo llamativo, como remarcó Lucas, es que también hay nuevas generaciones que se sienten atraídas por eso. “A muchos chicos les parece algo novedoso. Nunca tuvieron un CD, entonces les llama la atención”, explicó.
En ese sentido, el fenómeno dialoga con otras tendencias actuales, como el regreso del vinilo o la estética retro. Sin embargo, el CD ocupa un lugar particular: es más accesible, más práctico y todavía mantiene una calidad de sonido superior a muchas plataformas digitales. “Si tenés un buen equipo, la diferencia se nota”, afirmó.
El precio también juega a favor. Lejos de ser un artículo inaccesible, los CDs nacionales rondan entre los 15 mil y 30 mil pesos y los importados están entre los 30 a 70 mil en promedio. Esto permite que el formato no quede restringido a un nicho exclusivo, sino que continúe circulando.
Otro aspecto que sostiene al negocio es la diversificación. En este comercio hay remeras, tazas, muñequeras y otros accesorios vinculados a bandas que funcionan como complemento y amplían el universo de clientes. No todos llegan por un disco, pero muchos terminan llevándose uno. “Es un conjunto lo que hace que el local funcione”, resumió.
Las redes sociales también forman parte de esa adaptación. Aunque el espíritu del lugar es analógico, la difusión es digital. Publicaciones, fotos y reels permiten mostrar novedades, ediciones especiales o simplemente mantener el vínculo con la comunidad. Porque si algo queda claro es que existe una comunidad. No masiva, pero sí constante y comprometida.
En paralelo, las ferias de vinilos y música, que se organizan periódicamente en la ciudad, refuerzan ese circuito. Allí conviven vendedores, coleccionistas y curiosos, en un espacio donde lo usado y lo nuevo dialogan sin conflicto. Mix Láser participó de estos encuentros, consolidando su presencia más allá del local físico.
La discusión sobre el futuro del formato aparece inevitablemente. ¿Tiene sentido seguir apostando por el CD en un mundo dominado por el streaming? Para Lucas, la respuesta no es una negación del cambio, sino una convivencia posible. “La música siempre se va a seguir renovando. Uno se tiene que adaptar”, sostuvo. Y en esa adaptación, el CD encuentra su lugar no como reemplazo de lo digital, sino como alternativa.
Hay algo, además, que trasciende lo técnico o lo comercial. Tiene que ver con el valor simbólico de la música. Con la idea de que una obra merece un soporte, un espacio propio. Que no todo tiene que ser descartable o efímero. En ese sentido, cada CD que se vende en Mix Láser es también una forma de resistencia cultural.
Quizás por eso el local sigue en pie después de más de 30 años. No solo por una cuestión económica, sino porque responde a una necesidad que no desapareció: la de vincularse con la música de manera más profunda. En un mundo de listas infinitas y reproducciones automáticas, elegir un disco, escucharlo de principio a fin y guardarlo en un estante puede parecer un gesto mínimo. Pero, para muchos, sigue siendo esencial.
Te puede interesar...















