Marcelo Berbel, voz y alma de la identidad de Neuquén
La Legislatura aprobó un proyecto que establece el 19 de abril como Día Provincial de la Identidad Neuquina en homenaje al gran músico y poeta nacido en esa fecha.
La Legislatura de Neuquén aprobó este miércoles una ley que establece el 19 de abril como el Día Provincial de la Identidad Neuquina, coincidiendo con el año en que se conmemora el centenario del nacimiento de Don Marcelo Berbel.
Con esta iniciativa, finalmente queda oficializado en la normativa institucional, algo que todos los neuquinos ya sabíamos y sentíamos profundamente: Don Marcelo Berbel es el máximo referente de nuestra cultura e identidad. Su figura trascendió generaciones, convirtiéndose en un símbolo inseparable de lo que significa ser neuquino.
Esta ley provincial cobra especial relevancia en un contexto crítico, en el que el avance acelerado de la globalización, la expansión de internet, el impacto productivo generado por Vaca Muerta y la consecuente ola migratoria amenazan con diluir las raíces y los elementos característicos que conforman nuestra identidad regional.
Los inicios artísticos de Marcelo Berbel, el gran músico y poeta
Según el testimonio de su maestra de segundo grado de la escuela nro. 22 de Plaza Huincul, Guisela de Portnoy, cuando ella les indicaba a sus alumnos que compusieran una típica redacción sobre “la vaca”, Marcelo Berbel desarrollaba con maestría, complejos versos en tono de rima e indagaba sobre la profundidad de la vaca y su significado.
Como las hojas escaseaban, el pequeño poeta sustraía de los cestos de basura cualquier papel arrugado que tuviera un espacio en blanco, que con sus manitos estiraba y preparaba para luego sobre él, escribir sus versos.
Con la finalidad de aprender música, ingresó al ejército a la edad de dieciséis años, ya que dicha institución le brindaba la única posibilidad para adquirir la formación musical que él anhelaba. Allí formó parte de la banda musical, para convertirse luego en profesor de música.
El legado que dejó Marcelo Berbel
La obra de Marcelo Berbel es casi inabarcable. Ha escrito ríos de tinta impregnados de amor y poesía hacia nuestra tierra, dotándolos de melodías que caminan directamente al corazón del oyente. Entre sus obras más destacadas figuran el Himno oficial de la provincia – “Neuquén Trabun Mapu” – compuesto junto a Osvaldo Arabarco; “Quimey Neuquén”, realizado en colaboración con otro gran poeta neuquino, Milton Aguilar; y los entrañables retratos musicales y poéticos de nuestra geografía y sentimiento neuquino, como “Piñonero”, “Amutuy” o “Regreso al Ayer”.
Quizás Marcelo Berbel no fue consciente de ello, pero al describir a Neuquén como "humilde y mestizo", hablaba también de sí mismo. Marcelo Berbel es, al igual que Don Gregorio Álvarez, un hijo pródigo de la conquista del desierto, llevando en sus venas la mezcla de la sangre mapuche de su madre y la española de su padre.
Hasta el aporte Cultural provisto por Berbel, en Neuquén solo existía la historia oficial, enseñada en escuelas y divulgada en medios de comunicación, la historia de los vencedores de la Pampa Húmeda de raíz europea, la voz de los vencedores.
Marcelo Berbel, recoge el legado de dos pueblos que se enfrentaron en lucha armada, donde uno prevaleció sobre el otro con crueldad. Con gran valentía, fue capaz de superar esas las disputas y el dolor del pasado, para crear una fusión cultural que hoy constituye el epicentro de la identidad neuquina: la interculturalidad.
Al igual que Robert Johnson, a través del blues canalizó el dolor de un pueblo arrancado de África y sometido a la esclavitud; así como Bob Marley llevó mensajes de amor y redención a una pequeña isla marcada por la colonización; o João Gilberto dio identidad musical a una población urbana brasileña que luchaba por emerger de la pobreza, Marcelo Berbel devolvió la voz a los pueblos originarios del norte de la Patagonia, silenciados, humillados y diezmados por la conquista. Con extraordinaria creatividad, Berbel fusionó las cuerdas de la guitarra española con la percusión del kultrun mapuche, dando nacimiento a un género musical absolutamente innovador: el Loncomeo.
Aunque al final de sus días Berbel admitía que “La sangre americana es la que me duele más”, no había en ese hombre ninguna evidencia odio o revanchismo contra los conquistadores. Solo un ser con una profunda capacidad de amar, es capaz de superar una disputa de tal magnitud con el arte, de la manera en que el lo ha hecho, lo que, sin dudas, lo constituye como un auténtico líder espiritual.
Es imprescindible reconocer también el enorme aporte de sus hijos, Néstor, Hugo y Marité, quienes contribuyeron significativamente al engrandecimiento de la obra de Don Marcelo Berbel. Con sus guitarras y voces perfectamente afinadas, impregnadas de un profundo sentimiento neuquino, lograron transmitir las letras de su padre de manera única e inolvidable. Su legado perdura en el tiempo y continúa vivo en las voces de sus nietos Ayelén y Traful.
Su casa, un centro cultural para Neuquén
La histórica casa de Marcelo Berbel, ubicada en la calle Eva Duarte de Perón 608, funciona actualmente como el centro cultural “Lo de Berbel”. Allí, las nuevas generaciones tienen la oportunidad de aprender música directamente de la familia Berbel y su equipo de profesores, manteniendo viva una tradición profundamente arraigada en la identidad neuquina.
Marcelo Berbel nos dejó en el año 2003, a la edad de setenta y ocho años, pero su figura trasciende, marcando el epicentro de los veloces procesos de fusión y transformación cultural, como portavoz de la cultura Mapuche en idioma y clave Criolla, con un tono justo, reivindicador pero que no expresa rencores ni odios. No oculta tristeza por las injusticias , pero recibe con brazos abiertos a la gente que viene de otros lados y manifiesta el deseo de que todos conecten en un sentido de neuquinidad.
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