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Milei, MPN, y el final de los partidos políticos tradicionales

Javier Milei capitalizó la inclinación de los votantes hacia líderes personalistas. Pero los partidos no sólo ganan elecciones. También son equipos de gobierno.

Los partidos políticos han sido una pieza clave para el funcionamiento de la democracia. Tanto es así que gozan del monopolio de la representación política por mandato constitucional. Es decir, uno no elige a personas, sino a las que representan un partido político, con todo el peso simbólico, histórico e ideológico que ese partido carga.

Que los partidos políticos en Argentina están en crisis no es ninguna novedad. Es más difícil encontrar períodos sin crisis de los partidos que otra cosa: entre 1930 y 1976 ocurrieron en nuestro país seis golpes de Estado, a los que si les sumamos las rupturas del orden económico y las recurrentes crisis sociales durante la democracia, no podemos poner cara de sorprendidos. La Argentina de Tato Bores pareciera no tener muchas diferencias con la Argentina de hoy.

Desde el fin del menemismo en los 90, el Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical, ambos monopolizadores y protagonistas de la política Argentina, se han comportado como empresas que caen en bancarrota y cambian su razón social para licuar deudas y escapar de sus acreedores.

Por eso, se conformaron nuevos partidos, alianzas y coaliciones con los nombres más diversos, para hacer una lavadita de cara, mejorar un poco el perfil e intentar y así confundir al electorado. PRO, ARI, Alianza, Cambiemos, Juntos por el Cambio son algunas de las formas que tomó el radicalismo, mientras que Frente para la Victoria, Frente de Todos, Frente Renovador y Unión por la Patria, fueron las caras más visibles del Justicialismo. Entre los dos espacios se produjeron saltos, alianzas y complicidades de todo tipo y el electorado no ha visto que ningún sello represente sus preferencias de manera satisfactoria.

El kirchnerismo neuquino está partido entre los justicialistas y quienes siguen a Cristina por fuera del PJ.
Una vieja postal del peronismo neuquino. A veces unido y otras bajo la grieta entre el parrilismo y el sector de Darío Martínez. Hoy están unidos.

Una vieja postal del peronismo neuquino. A veces unido y otras bajo la grieta entre el parrilismo y el sector de Darío Martínez. Hoy están unidos.

En 1992, Francis Fukishuma anunció “el fin de la historia” para explicar cómo la lucha de ideologías ha terminado con un mundo final basado en una democracia liberal que se ha impuesto tras la caída del comunismo y el fin de la Guerra Fría.

De similar manera, ¿Internet y el avance vertiginoso de la tecnología habrán sellado el fin de los partidos políticos?

Históricamente, te afiliabas a un partido político, te adoctrinaban, escuchabas grandes discursos y proclamaciones, regresabas conmovido a tu casa y, cual pastor evangélico, extendías fervorosamente “la palabra” al resto de tu familia. Los más fanáticos podían optar por una afiliación “premium” que consistía en tener un cuadrito de Evita, o de Alfonsín en el living de su casa.

Hoy, la afiliación fue reemplazada por la suscripción a un canal de Youtube, que puede ser visto en cualquier momento y lugar desde un celular y que algún misterioso algoritmo luego se encarga de reforzar en las otras redes sociales con tal de venderte algo de publicidad. Ya no hay espacio para convencer a alguien de tu familia sobre tus creencias políticas. Ya ni el padre más autoritario y convincente tiene tanto poder sobre el voto de su hijo.

El fenómeno de Javier Milei tiene muchas explicaciones desde lo discursivo, argumentativo y coyuntural. Ahora, es interesante enfocarse en las nuevas formas de la política electoral. El pasado jueves, en el ciclo de Más Debate de LMNeuquén, la politóloga Ana Paola Zuban, desarrolló la idea de que Milei es pionero de la nueva política en Argentina.

El "león" se corrió completamente de las estrategias y plataformas de los partidos tradicionales: irrumpió en los estudios de televisión y en las redes sociales, generando un diálogo, un ida y vuelta con los jóvenes desencantados que los demás referentes políticos, con pasados tan densos y culposos, son incapaces de hacer. Canalizó y alimentó la idea de la nueva generación, de que para sacar adelante a la Argentina no basta con reformar, sino que hay que romper todo el sistema político.

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El nuevo electorado interpretó que este sistema ya no responde ni soluciona los problemas y, como Milei ingeniosamente ha resumido, “la casta política ES el problema”. La Libertad Avanza, como partido político, funciona solo como un sello para cumplir con la formalidad constitucional/electoral y -por qué no- para agregar un poco de marketing político complementario.

El líder absoluto del momento no es el partido, sino el líder, que predomina con un discurso popularizante. La prueba de esto son las provincias, donde los candidatos para gobernador de La Libertad Avanza no alcanzaron ni el 10% de los votos, y luego, esas mismas jurisdicciones fueron dominadas por Milei, arrasando con casi el 40% de los votos.

De estas reflexiones surgen algunas incógnitas a nivel nacional y local:

¿Un líder personalista, sin estructura partidaria, es capaz por sí solo de gobernar un país tan complejo como Argentina? Hay que tener en cuenta que los partidos políticos no son solo herramientas para ganar elecciones. También son equipo de gobierno.

Para finalizar, lo que los neuquinos no podemos dejar de preguntarnos: El MPN ha sido un exitoso partido provincial, que supo canalizar por casi 60 años las preferencias del electorado, sin lavadas de cara, de frente a la sociedad y con una presencia territorial indiscutida.

Luego de la derrota en las elecciones a gobernador de este año, ¿será el MPN capaz de reponerse, recobrar su esencia original y con ella la confianza del electorado? ¿Se adaptará a las nuevas formas de la política tradicional, o formará alianzas con otros partidos políticos para sobrevivir en el tiempo?

rolando figueroa

Rolando Figueroa supo utilizar las fortalezas discursivas y territoriales aprendidas en sus años en el MPN, pero le agregó nuevas lógicas de la política explicadas por Zuban: prevalencia del líder por sobre el partido, discurso popularizante, y canalización del descontento contra la clase política a través de las redes sociales. Frente a este rival, el MPN como partido tradicional no supo adaptarse para dialogar con una sociedad golpeada por el contexto nacional e internamente otorgó protagonismo a algunos dirigentes con capacidad de movilización en base a un aparato clientelar desgastado, en detrimento de aquellos dirigentes con prédica.

En Neuquén, Argentina y en el mundo, los partidos políticos se encuentran en extinción y de ellos dependerá encontrar nuevas formas para adaptarse a los nuevos tiempos.

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