El conmovedor gesto de Zahira, que va de Cipolletti a Oro a visitar a su nono Ramón. Brillito espera en la vereda y es cómplice del emocionante encuentro.
Cae la tarde en la siempre calma Fernández Oro, la ciudad donde la gente vive mucho más relajada que en las urbes cercanas. Y pasan cosas increíbles. Como la historia detrás de ese caballo que espera atado a la reja de una ventana.
Ellos charlan tomando mates, se ríen y abrazan dentro de la casa céntrica del abuelo, sobre calle Brentana. La puerta permanece abierta. Afuera aguarda Brillito, el alazán tostado, atado a la ventana y recibe las miradas de los vecinos, en algunos casos sorprendidos y hasta los mimos de los más pequeños que se le acercan y lo acarician.
El criollo mestizo se deja tocar y parece disfrutar del cariño. Dos perros enloquecen con su presencia, le ladran, aunque a la vez intentan hacerse amigos.
"Querida deberías volverte a casa antes de que se haga de noche", la aconseja Ramón, el incondicional abuelo. Entre los dos limpian la vereda que ensució el noble caballo de la joven. Zahira pega un salto, toma las riendas desde la silla de su gran compañero y se despide de su amado nono.
"Cuidate abuelo, en estos días vuelvo", le promete la joven de 18 años que emprende el regreso a Cipolletti bien despacio, con el inconfundible sonido que causa el andar del pingo sobre el cemento.
LMC fue testigo de este emocionante encuentro pasadas las 20 del miércoles. Del conmovedor gesto de amor de una chica que "cada vez que puedo" va a visitar a su abu a caballo.
Si bien en Oro el tránsito no es para nada caótico, ella toma los recaudos. "Trato de venir por donde hay pocos autos porque nos siguen los perros, siempre hay alguno que le molestan los caballos...", indica esta gauchita que desde hace cinco años pertenece a la agrupación La Chiquita.
"Él se queda quieto y tranquilo en la vereda, se le acerca gente", agrega sobre el ejemplar comportamiento del equino que lejos de impacientarse se porta de diez, como si fuera cómplice de ese hermoso momento que comparten abuelo y nieta.
Ya se conocen de memoria pese a que lo adquirió en 2022. "Ojo, tiene sus días, sus mañas, pero se la banca. Le gusta el azúcar, el pan, las manzanas. A la hora de malcriarlo le damos un poquito de eso, aunque está en La Chacra de Vito Sícolo, que lo cuida, y ahí es alimentación especial y buena", explica la muchacha mientras se acomoda la boina roja para emprender la vuelta a casa.
Lo suyo es amor espontáneo, genuino, por los caballos. No responde a una tradición familiar. "Con mi hermana compartimos la pasión, somos hermanas de la nuera de Vito así que ahí se dio esta hermosa experiencia", argumenta tras cebarle el último mate a Ramoncito.
El caballo, un cable a tierra
"Los caballos son un cable a tierra, me sacan de todo. Vengo acá y somos él y yo. Tuve antes un alazán cuarto de milla, pero ese sí que era muy mañoso y problemático pobre, así que lo cambiamos", reconoce la buena de Zahira.
Le genera satisfacción y orgullo que la mayoría de los vecinos que cruza en Oro y en Cipo le tiren buena onda y vitoreen su paso. Y en especial sacarles una sonrisa a los más pequeños. "La gente se sorprende, dicen 'mirá el caballo', te saludan, quieren dar una vuelta, tocarlo. Lo que más me gusta es cuando cruzamos a los nenes y vienen emocionados que quieren andar, le damos una vuelta y no se quieren bajar", revela con una sonrisa.
Un beso, un abrazo, un apretón de manos con el pariente cercano ya subida a Brillito y se marcha montada y bien acompañada.
"Sin palabras para definir a esta hermosa nieta"
Ramón no puede ocultar la emoción y el orgullo que le provoca su nieta. Es de pocas palabras pero vaya si deja en claro lo que siente ante cada visita de la fiel Zahira. "Una alegría. Soy correntino, anduve mucho a caballos, ahora hace años que no me subo. Iba a las carreras cuadreras a mirar. Pero me encantan estos hermosos animales y que tanto ella como su hermana vengan a verme a caballo es muy lindo. Lo cuida como si fuera su hijo", resume el hombre que vivía en Cipolletti y hace poco se mudó a la vecina ciudad.
Ramón y una nieta de Oro...
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