El fue Jefe de Servicio en radiocomunicación. Ella fue maestra de “La Buitrera”, paraje cercano a Las Lajas.
Próximos a los festejos del día de la Madre, vamos a recordar una historia que narráramos hace una década y que queremos volver a homenajear como ejemplo de Maestra Normal Nacional que se iniciara en el interior del territorio. Ella y su marido conformaron el típico matrimonio que viniera a “hacer Patria” a estos territorios.
Nina ejerció como maestra en La Buitrera (lugar en que los cazadores de buitres ponen cebos -animales muertos- para atraer buitres y allí cazarlos); nombre con el que don Julio Guiñazú Alaniz-director de la Escuela- denominara al lugar.
Nina, María Lusmila Espinosa nació el 12/09/1924 en Las Lajas (Neuquén).
Era hija de: José María Espinosa y Soledad del Carmen Fuentes. El matrimonio tuvo once hijos, Nina era la anteúltima hija y fue la única de ellos que pudo completar los estudios secundarios, internada como “pupila” los cinco años que duró su carrera.
Esto implicaba trasladarse a esa ciudad –Bahía Blanca- egresada del Colegio La Inmaculada-al comenzar el período escolar en el mes de marzo y retornar a su hogar al finalizar el mismo, ya que las condiciones climáticas, caminos y altos costos no permitían que el viaje se realice con mayor periodicidad.
Su esfuerzo se vio coronado, y con el título de Maestra Normal Nacional, regresó a su pueblo natal e inició sus primeros pasos en la docencia en el paraje –hoy localidad- de La Buitrera, distante aproximadamente 7 km., Escuela primaria 332. Al principio realizaba ese trayecto a caballo, pero luego de un episodio en que el sufriera una caída ya que el animal se asustó ante la aparición de una culebra, continúo haciéndolo a pie. Trabajó allí desde 1 de octubre de 1945 al 8 de marzo de 1950.
La Escuela de La Buitrera. Su particular nombre
El nombre de este paraje está expresado en el relato que el hijo del primer maestro de la escuela, don Julio Guiñazú Alaniz hiciera.
En 2005 Kuky Guiñazú , su hijo, elevó una nota al Intendente de Las Lajas que decía lo siguiente: “El que suscribe, Juan Elías Guiñazú, tiene el agrado de dirigirse a Ud. en su condición de hijo del maestro que impuso el nombre de La Buitrera a la Villa en la que allá por 1930 comenzara su labor docente, construyendo los primeros ranchos que utilizó como sus aulas para transformarse después en la Escuela Nacional n º 89 de La Buitrera, nacida el día 30 de noviembre de 1931.(…) Mi padre bautizó con este nombre de La Buitrera (lugar en que los cazadores de buitres ponen cebos -animales muertos- para atraer buitres y allí cazarlos) al arroyo que nace de la unión de agua que comienzan en la Barda Alta, únicos peñascos donde existieron nidos de buitres. Estos son los argumentos que tengo para solicitar que se corrija el letrero que indicaba Bienvenidos a Las Buitreras, debe decir La Buitrera.”.
Allí fue el lugar en el que Nina se desempeñó como maestra “Cuando me recibí de maestra, la Escuela de La Buitrera fue mi primer destino. Originaria de Las Lajas, tuve el honor de ser alumna de la señorita Maga, esposa de don Julio. En compañía de tres docentes con mayúscula como fueron don Julio, la señora Maga y la Srta. Katura, hermana del director, encontré el apoyo, la comprensión, el aliciente, el sincero afecto y el impulso imprescindible para una docente que inicia su labor”, recordaba Nina.
Luego de esta experiencia, Nina prestó servicios en Escuela nº 170 de Las Lajas. Posteriormente y por integración del núcleo familiar solicitó traslado a Neuquén.
Continuó desarrollando su tarea docente en Escuelas primarias n º 61 y 132, 1 y 6 de adultos de Neuquén Capital y también en la primaria 46 de Plottier, alternando funciones de maestra, vicedirectora y directora
Su familia
Ciro y Nina se casaron el 12 de enero de 1946 y del matrimonio nacieron: María Teresa, el 14 de diciembre de 1951. A ella le siguieron María Cristina, nacida el 04 de enero de 1953; Ciro José quien nació en 1956 y falleció tempranamente, y por último Silvia Beatriz, el 13 de noviembre de 1958. Varios nietos y bisnietos completan la historia.
Fiel a su profunda formación católica profesó su inquebrantable fe cristiana hasta sus últimos días; buscó a través del Curso Bíblico adquirir siempre mayores conocimientos.
Su esposo, Ciro Ventura Ríos nació el 14 de julio de1921 en Formosa Capital. Era hijo de: Ciro Volo y Laureana Ríos.
El fútbol: su pasión
Ciro fue un gran jugador de fútbol y alentado por su familia, viajó a Buenos Aires. Rápidamente demostró su habilidad y jugó en el Club Ferrocarril Oeste donde llegó a realizar el primer gol del torneo oficial del año promediando la década del ‘40. Al poco tiempo también pasó por el club de sus amores San Lorenzo de Almagro.
Gendarmería Nacional
El 5 de abril de 1946 ingresó en Gendarmería Nacional y fue trasladado a Las Coloradas (entonces zona de frontera en la provincia de Neuquén), y desde allí a Las Lajas. En esos desolados paisajes conoció a quien sería su esposa, Nina, que se desempeñaba como Maestra.
Permaneció en servicio en el mencionado Organismo hasta el año 1969 fecha en la que se dispuso su pase a retiro. Cuando se congregaron gendarmes para dar vida al Círculo de Suboficiales de Gendarmería Nacional, don Ciro fue uno de los socios fundadores.
Jefe de servicio de radiocomunicación
Desde el año 1971 y hasta el 2000 se desempeñó como segundo jefe en servicio de radiocomunicación de la Provincia dependiente de la Red de Presidencia de la Nación.
Por Decreto de Movilización n º 2348/78 del Poder Ejecutivo Nacional se lo convocó en Defensa de la Soberanía Nacional durante el conflicto con la Rep. de Chile debiendo presentarse a cumplimentar un rol específico en su especialidad “Comunicaciones” desde el 29/11/78 hasta el 07/02/79, accionar reconocido y condecorado por el Ejército Argentino.
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Poema de Nina Ríos a su primera bisnieta Juliana Agostina Díaz, nieta de su hija María Cristina quien atesoró estos recuerdos:
Julianita Agostina
¡Mi primera bisnieta! /Parece un pomponcito del más puro algodón, /Con la tersura propia de los recién nacidos /es una pinturita arrebatada al sol.
Me hizo temblar profusa y plenamente/pues inundó mi alma en infinito amor/la dicha de sentirme por tres veces madre/es regalo del cielo, es una bendición.
Yo velaré tu vida en todas mis plegarias/a la Madre del Cielo que dispuesta a escuchar/recibe toda súplica de aquellos, los que imploran/por los seres que aman con amor sin igual.
Quiero verte crecer, ¡oh Dios del cielo! /concédeme esta gracia, ruego con humildad/que Julianita sea una hermosa criatura/pero por sobre todo ejemplo de bondad.
Que el amor sea siempre tu brújula y tu guía /ese amor puro, bíblico, que reza la oración
que nos legara sabio en ese Padrenuestro/que es divina enseñanza de un divino Pastor.
Este sentir que vuelco en modestos vocablos/el bisabuelo Ciro los comparte también/
sea tu vida plena de nobles sentimientos/caminando el sendero que conduce hacia el bien.
Y cuando ya pronuncies tus primeras palabras/y te acerques sumisa, con ternura tal vez/nos digas en tu idioma de medias palabritas/bisabuelos míos yo siempre los querré.
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El relato de esta historia, como muchas otras, fue construido también por los hijos de los protagonistas quienes, con tanto amor y veneración a sus padres, encumbran su tarea y nos hacen ver que este Neuquén fue y sigue siéndolo, poblado por migrantes, que, con distintas misiones, vinieron y vienen a afianzar estas tierras. Nuestro homenaje.
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