Los chicos lo aman. Así de corta. No hay niño o niña que no quiso alguna vez invitar a Joaquín a su cumpleaños o lo vio en la fiestita de otro amigo. En media hora se gana el corazón de todos, tal vez porque lo sienten como un amigo de la casa. Es el mago que tira chistes entre un truco y otro, el que abrazan hacia el final de cada evento, el que tiene su propio avatar y, cuando termina el evento, todos quieren que su imán esté pegado en la heladera de su hogar.
La historia de Joaquín Di Masi Santarelli, o mejor dicho, Di Magic, como lo conocen todos, empezó en Buenos Aires, hacia donde fue para ser actor y de donde volvió para hacer magia. Hoy tiene mucho más: una empresa de animaciones, un pelotero, inflables... Pero la magia, su primer amor, nunca se pierde.
"Si tengo que festejar algo sería que el niño de 10 años, mi yo de chico, hoy me viera y me diga que no lo decepcioné. Agradecería a toda la gente, no solo mi familia que estuvo desde el principio, sino a toda la gente que me elije y encuentra en mí un amigo, alguien honesto en quien puede confiar. Eso es lo mejor para mi", expresó el joven mago de 28 años.
Hijo de un padre diseñador gráfico y una madre profesora de Literatura, nació en La Plata y cuando tenía apenas tres años se vino con ellos al Valle. No tuvo entonces grandes experiencias con la magia, más allá de los circos que cada tanto visitaba como una salida más en familia. Pero era el niño que participaba de todos los actos escolares, el que pasó por todos los próceres y era materia dispuesta para los cierres de año y otras fechas conmemorativas.
Quiso ser actor y cuando egresó del colegio Santa Teresa de Jesús de Neuquén, se fue a la universidad de Buenos Aires. Fue ahí que a los pocos meses de cursada conoció al primer mago de su vida: Nico Gentile. Tenía 18 años, era su compañero y hacía unos trucos en el recreo que lo enloquecieron. "Cuando vi eso, me sorprendió muchísimo. No sabía realmente qué estaba haciendo, si tenía poderes mágicos o era trucho. Era muy muy bueno", recordó.
Le pidió que le enseñe, pero no le tiró ninguna ayuda. Buscó videos sobre cómo hacer trucos con cartas, aprendió algunos y volvió a insistir con Nico. Entonces vio que le gustaba en serio y le prestó un libro que se llama Cartomagia Fundamental, y se lo devoró en pocos días. Pero la cosa no era sólo leer, si no hacer los trucos que proponía el libro hasta que salgan. Le llevó varios meses y cuando aprendió fue por más.
"Hacer magia es como tocar la guitarra: tiene varias técnicas, y con ellas podés llegar al mismo resultado. Por ejemplo, si yo quiero descubrir una carta, puedo hacerte elegir una libremente y llevarla arriba o abajo del maso sin verla o hacerte elegir la que yo quiero, y será el mismo efecto, la ilusión. Eso es lo lindo que tiene la magia", comentó Joaquín.
Tomó clases en la Escuela de Magia de Adrián Guerra, en Palermo, todos los miércoles, los días más felices de la semana. Volvía a la residencia y le hacía todos los trucos a sus compañeros. Así descubrió que aquello lo apasionaba. Sobre todo, le gustaba mucho hacer magia con cartas.
Por supuesto que tenía miedo y no se sentía preparado, pero el trabajo en casinos como crupier allanó un poco su camino. En la escuela argentina que agrupó a la primera camada conoció a otro mago, Martín Lodeiro, quien a su vez conocía a otros magos.
"Lo que mas extraño acá en el Valle es que no hay muchos magos y los que hay no son tan estudiosos de la magia. Porque vos podés hacer solo trucos, pero no saber la historia de cada truco y las diferentes variantes que hay. Por eso cuando voy a La Plata me encanta. Hay una asociación de magos con una biblioteca y elementos de magia", contó el joven mago.
Totalmente decidido, dejó la carrera de actor y buscó su destino como mago, al principio sin saber cómo ni dónde. Había tenido la experiencia de trabajar en cruceros en la parte de ventas y animación, donde aprendió muchísimo. Y de vuelta en la zona, un amigo de la familia que tenía una empresa de organización de eventos le pidió que hiciera un show de magia.
"Nunca había hecho uno. Pero me armé de un repertorio profesional y lo hice. A la gente le gustó mucho y comenzaron a salir cumpleaños, aprendiendo y equivocándome también. Pero tenía esa pasión y la gente medio lo captaba. Así empezó todo, con ayuda de mi familia. De a poco me fui comprando cosas", relató.
La magia para chicos, su mayor tesoro
Aunque también hace magia para adultos, cuando pudo sacarse de encima el prejuicio de que los que hacen magia para chicos nos saben nada, ellos fueron su público más querido. "Ellos se ganaron mi corazón", aseguró.
Le gusta que a los niños no les importe tanto el efecto final como el proceso, y si es gracioso mucho mejor. Le gusta porque creen en la magia y un show para niños siempre va mutando. En el trayecto, dejó de lado su traje de egresados y encontró su propio estilo con los colores rojo, azul y blanco. "También se fue dando en el hacer...siempre tuve humor, y la magia y la comedia van de la mano", reveló.
Por es tal vez hay trucos que hace por el hecho de ganar solo un momento de chiste. Truco, risa, risa, efecto, truco final, algo así sería la fórmula que le va a Di Magic. "No hay muchos magos en la zona que hacen magia infantil como yo lo hago. La mayoría de los efectos de magia tienen una parte de mí. No es sólo comprar un truco y hacerlo", agregó Joaquín.
Con los años, el show de Joaquín se convirtió en una fiesta familiar donde disfrutan todos. "Fue poco a poco que me fui ganando el público, y por más que te conozcan, cada evento es una oportunidad de renovarse, donde hace falta gracia, ternura, trucos, una puesta en escena, talento...yo trato de ganármelo desde todos los flancos", manifestó.
Empatía y profesionalismo
Tiene en cuenta a su público, y no solo en lo que refiere a la edad sino al contexto social y otros factores. "El timing te lo da la práctica. También es importante generar empatía sobre todo con los niños, que sientan lo que vos estás sintiendo. Y no es solo lo que hagas con los nenes, si no cómo atendés el teléfono, cómo te presentás... hay muchas cuestiones que hacen que te vuelven a elegir", acotó.
Hoy puede contar los 2 mil show o más, y una empresa de animación en franco crecimiento que comparte con un hermano (Luca Di Masi). Primero le encontró la vuelta con otro chico, Alejandro Madariaga, de quien aprendió bastante también. Quiso asociarse con otra chica, no funcionó y finalmente le compró la pyme: Wow animaciones.
"Por suerte hace casi tres años que estamos con esto y nos va espectacular. Ahora vamos a estar en la Fiesta de la Confluencia y en el Mes de las Infancias", adelantó.
Desde octubre del año pasado sumó el desafío de un pelotero en calles Chile y San Luis - Magic Río- y tienen a disposición el servicio de inflables. Cada cosa requiere de mucho aprendizaje para él, sumado a la inversión que conllevan los materiales de calidad, grandes y llamativos, y que a su vez sean fáciles de transportar.
Pero la magia, aseguró, sigue siendo su pasión. Por fortuna, en su apretada agenda de eventos, tuvo tiempo de volver a hacer un show de magia desde cero, totalmente renovado. "No queríamos estancarnos, siempre estamos pensando en crecer", cerró. Para consultas está la página www.joaquindimagic.com o el número 2994761751.
"Yo siento que las familias me sienten como el amigo que va a la casa, juega con ellos y la pasan bien. Agradezco que me abran la puerta de su casa para festejar...yo lo valoro un montón. No solo vas a su casa, te presenta a su familia y a todos sus amigos, hay mucha confianza depositada en vos". El mago Joaquín Di Magic.
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