Giuliana Cabrera creó una novedosa propuesta en el corazón de la ciudad. Un café de especialidad que ofrece una experiencia única en la que plasmó sus pasiones.
Giuliana Cabrera tenía una vida ordenada, previsible y segura. Contadora pública, recibida en la Universidad Nacional del Comahue, trabajaba en relación de dependencia y había logrado crecer dentro de una empresa donde empezó como junior y fue escalando posiciones. Pero eligió saltar -o soltar- para emprender y abrió su propia cafetería.
Tenía 36 años, un sueldo estable y todo lo que, en los papeles, define al “trabajo ideal”. Sin embargo, algo no terminaba de cerrar. “Uno siente mucha seguridad cuando trabaja en relación de dependencia”, contó Giuliana, nacida y criada en la ciudad de Neuquén. “Pero también aparece el miedo cuando empezás a preguntarte si eso es realmente lo que querés”, aseguró.
La idea de emprender rondaba su cabeza desde hacía años, como un susurro persistente, aunque nunca había tenido su propio proyecto. “Todos te dicen ‘animate’, pero no es tan fácil. El salto lo decide uno, cuando realmente se siente preparado”, confesó.
Ese proceso no fue inmediato ni impulsivo. Fue largo, introspectivo y lleno de dudas. “No es que de un día para el otro renunciás a un trabajo estable donde vivís bien y listo. Me llevó mucho tiempo, muchos miedos, muchos años de pensar”, recordó. En paralelo, empezó a explorar aquello que realmente le despertaba entusiasmo: el café.
El acercamiento fue gradual. Primero como curiosidad, después como formación. Giuliana realizó cursos de barismo en Neuquén, investigó, estudió y empezó a comprender el mundo del café de especialidad. “Siempre me gustó el café, pero cuando empecé a estudiarlo se abrió un universo nuevo”, dijo. Esa formación fue el primer paso concreto hacia un cambio de vida que todavía no tenía forma definida.
Renunciar para emprender
Hace poco más de un año, tomó una decisión clave: renunció a su trabajo como contadora en una empresa de transportes y comenzó a construir su propio camino: “Renuncié en mayo del año pasado. A partir de ahí fue todo trabajo: pensar el concepto, el diseño, la estética, cada detalle”, recordó.
La idea que terminó de darle identidad al proyecto apareció casi naturalmente: unir dos pasiones que la acompañan desde hace tiempo, el café y la astrología. Se preguntó por qué no unir dos mundos que le gustan mucho y así nació un concepto que no se limita a servir una bebida, sino que propone una experiencia.
La astrología forma parte de la vida de Giuliana desde hace años, aunque su vínculo con ella es personal y autodidacta. “La uso más como una herramienta de autoconocimiento y reflexión. Me interesa eso: buscar sentido, entender las acciones, bajar un cambio”, contó a LM Neuquén. No se define como astróloga ni pretende dar cátedra. Su interés pasa por generar un espacio amable, accesible, donde cada persona pueda acercarse desde el lugar que quiera, sepa mucho, poco o nada del tema.
El café de calle Roca
El espacio que imaginó fue pensado como un refugio. Un lugar para detenerse, relajarse y conectar con uno mismo. La arquitectura, el diseño, los aromas y la música cumplen un rol central. El local fue reformado por completo: antes funcionó allí un histórico comercio de ropa de la ciudad y luego otro local del mismo rubro. “Lo transformamos totalmente”, relató Giuliana. El resultado es un ambiente cuidado, lleno de detalles en medio del centro neuquino: Café Astro.
Una luna inmensa domina una de las paredes y se convierte en el corazón visual del lugar. Fue realizada por quien estuvo a cargo de la obra, que se animó al desafío sin ser artista plástico. “Hizo un boceto en yeso chiquito y después se mandó a lo grande”, recordó Giuliana. El techo curvo está intervenido con luces que reproducen constelaciones: se pueden reconocer las Tres Marías o la Cruz del Sur, si se observa con atención.
La experiencia se completa con música jazz sonando de fondo y un pasadiscos que los clientes pueden usar para elegir qué escuchar. Hay libros, juegos, cartas de tarot y rincones pensados para quedarse un rato largo. “La idea es que las personas puedan venir a leer, reflexionar, encontrarse consigo misma”, explicó.
Incluso el café se transforma en un mensaje. La carta propone una bebida especial para cada signo del zodíaco y, junto a cada taza, se entrega una pequeña tarjeta con una frase, una invitación a la reflexión, casi como una galleta de la fortuna. “Todo el tiempo estamos generando pequeñas atenciones para los clientes”, aseguró.
La respuesta del público, en estos primeros días, fue más que positiva. “La gente se va contenta, le gusta mucho el concepto, la arquitectura, el diseño y la propuesta gastronómica”, señaló Giuliana. También destacó la decisión de trabajar con proveedores locales, una elección consciente desde el inicio del proyecto. Café, vinos y otros productos llegan de emprendimientos neuquinos, fortaleciendo una red de trabajo local.
El camino hasta llegar a este presente no estuvo libre de incertidumbre. Giuliana reconoció que el miedo estuvo siempre presente, incluso ahora. Pero también hubo señales. “Las cartas me dijeron que me anime, que iba a ir bien”, recordó entre risas, sobre una vez que le consultó a una tarotista. También las runas y otros mensajes apuntaron en el mismo sentido: confiar y dedicarse de lleno.
Sagitariana con ascendente en Capricornio, se define como aventurera pero muy trabajadora. “Estoy acá casi todo el día. Barro, atiendo, preparo café, hago todo. Me gusta hacer todo”, dijo. Su familia fue un sostén clave en el proceso: su padre ingeniero, su hermano arquitecto, su pareja también la apoyó codo a codo y otros vínculos cercanos colaboraron para darle forma al proyecto.
Hoy, Giuliana no habla de éxito en términos económicos ni de fórmulas mágicas. Habla de coherencia, de animarse, de construir algo propio que tenga sentido. “Hay que dedicarse. Cuando uno le pone todo, las cosas salen”, aseguró.
Dejó atrás la comodidad de los números y la previsibilidad de una oficina para mirar el cielo, interpretar señales y ofrecer un espacio distinto en la ciudad. En ese cruce entre café, estrellas y búsqueda personal, Giuliana Cabrera encontró una nueva manera de trabajar y, sobre todo, de estar.
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