Sigue el drama para una familia afectada por la crecida del río Neuquén
Lautaro (6 años) corretea a la vera del río Neuquén en un patio con límites totalmente desdibujados por la crecida y desalineado por las carencias, y tose con ruidoso catarro. Lucas, de 10, juega a tirar piedritas al agua lo más lejos posible, y respira con dificultad por los visibles mocos.
Lixie, pura voluntad, acompaña a sus hermanos en sus andanzas y mantiene el cierre de su camperita negra lo más arriba posible. “No me la saco ni para dormir, se sufre el frío”, admite temblando la pequeña de 12 años que a pedido de LM Cipolletti va hasta el final de la cuadra a golpear la puerta de una referente barrial sin demasiada suerte.
Los niños, siempre los más vulnerables, no dejan mentir a su tía Jessica, que a la vez tiene a sus 4 hijos convalecientes en el interior de la humilde casa. El agua bajó pero no tanto, ya que a pesar de la tregua se mantiene amenazante al borde de la casa de dos piezas en la que viven más de 8. Lo que de ningún modo mermó es la baja temperatura y como afirma la mujer y pudimos comprobar “los niños viven engripados”.
Un temible pitbull negro aparece de repente desde una vivienda lindera que combina chapa y ladrillos vistos sin revocar y acecha a este cronista durante toda la charla.
Pero hay que seguir adelante, como ella y como el marido de Jessi, un albañil que “cuando subió el agua, se sacó las zapatillas y se fue a trabajar descalzo, sino no podíamos comer”.
La odisea continúa
El drama para esta gente continúa si bien ya pasaron tres semanas del inicio de la pesadilla. Algunos se autoevacuaron en casas de familiares o fueron asistidos por el Municipio, en especial en el lindero Costa Sur, pero aquí la mayoría prefirió “quedarnos a pelearla acá para no abandonar lo único que tenemos”.
Se refiere a esa casita que se llenó de humedad y en la que el viento helado penetra por todos lados, por cada rincón y así no hay físico que resista sano. “Me cuesta dormir pensando en los chicos. Me levanto a cada rato a revisarlos. Hay muchas enfermedades. Esperamos nueva ayuda, en especial abrigo para ellos”, ruega Jessica que habla poco y nada y mucho menos si hay un grabador por delante. Pero vaya si se hace comprender.
“La leña no se consigue, hay que comprarla. Y a veces no nos alcanza. Eso también hace falta. No tenemos estufas en las piezas, sí de a leña en la cocina. Nos están faltando frazadas además”, asegura y revela que no pierde de vista a los pequeños por temor a que se ahoguen debido a la correntada que pasa casi por la puerta.
Encima, anuncian lluvias
Para colmo, el pronóstico no es alentador. Anticipan lluvias desde el viernes en adelante: “Tenemos miedo”, confiesa Jessica a corazón abierto en el cierre del contacto con este medio. Dicen que siempre que llovió, paró. Ojalá salga el sol para esta y otras tantas familias que no la pasan nada bien desde fin de junio.
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