Tito González, el enfermero e intendente que hizo historia en el norte neuquino
Las recopilaciones de todas las historias del interior neuquino se hacen posible gracias al invalorable aporte del Archivo Histórico de Chos Malal. Don Armando (Tito) González, nació en la ciudad de Corrientes el 7 de febrero de 1934, hijo de Fructuoso González y de Braulia Fleitas, tenía un solo hermano. Llegó a Neuquén para incorporarse en el servicio militar obligatorio y ahí comenzó a estudiar enfermería. En esta ciudad vivió un tiempo con dos de sus hijas, Irati y Anahí, de su primer matrimonio y realizó varias capacitaciones en lo referido a salud y comenzó hacer la carrera de podólogo.
En el año 1963 a los 29 años lo trasladaron a la localidad de Andacollo, lugar en el que se incorporó como enfermero en el hospital. Un año después, ya instalado, comenzó a trabar amistades con gente como don Tino Munk a quien reconocía como su hermano. Fue en esa localidad donde conoció a Eufemia, su esposa, con quien formó su familia y tuvo dos hijos, Tito Armando y Flor Irupé.
Ya en el año 1968 pidió el traslado hacia otras localidades: las únicas que tenían vacantes eran Cutral Co y Tricao Malal. El eligió la última como su nuevo lugar para su familia pensando siempre en su futuro y nuevas experiencias. Allí nacieron cuatro hijos más, Ana Celia, María Del Carmen (mellizas), Juan Ceferino y el más chico Gustavo Adolfo.
En ese Hospital tuvo que desarrollar diversas tareas fue: enfermero, dentista, doctor; ayudaba y atendía a todos. Según muchos testimonios manifiestan que don Tito les daba los primeros auxilios y nunca se equivocaba en su diagnóstico, además recorría todos los puestos a caballo o en una bicicleta.
En el año 1970 llegó el primer doctor a ese lugar, Gustavo Vaca Narvaja con el que se hicieron muy amigos, y es en ese lugar donde asumió como intendente a cargo convocado por el Gobernador don Felipe Sapag, en el año 1971. En los recuerdos de su asunción algunos empleados de la municipalidad cuentan que a partir de eso hecho, ellos cobran sus primeros sueldos en mano, porque antes lo hacían gastándolo en los comercios que poseían los intendentes designados, los que eran comerciantes.
Muchos lugareños ya adultos aún cuentan esas y muchas más anécdotas de don Tito:
“Cuando llega el Dr. Vaca Narvaja a este lugar, le dice: Tito ¿dónde está la ambulancia, para salir a ver a la gente? y el sonriendo le dice: allí está doctor, en la lomita. El Dr. No la veía, solo había una yegua blanca, Tito: pero hay una yegua. “Y si doctor esa es mi ambulancia, esa nos lleva, claro si nos prestan montura”.
Días más tarde les llevaron un jeep como ambulancia y así salieron a hacer las visitas a distintos puestos.
En el año 1974 el Dr. Vaca Narvaja se fue de traslado a Chos Malal y se lo llevó a él y su familia, y comenzó a trabajar en el hospital de esta ciudad, instalándose definitivamente en su querido Barrio Las Flores. Empezó a trabajar y a conocer sus nuevos compañeros don Lalo Della Cha (enfermero), Pedro Colombino (radiólogo), don Lucas (enfermero), don Moya (radiólogo), Raquel Figueroa (enfermera), Fresia Basoalto (enfermera) y comadre, Tila Cofre(cocinera), Celsa Soto (cocinera) y otros. Luego lo pasaron al sector de laboratorio, como auxiliar de bioquímico, él hacia las extracciones de sangre, trabajaba con el bioquímico Piancciola y bioquímicas: Liliana Bolajuson y Eli Gil.
En los recuerdos de la familia surgen los comienzos en el Barrio Las Flores donde todo era muy tranquilo y de la amistad entre los vecinos, las casitas hechas con esfuerzo propio, los amigos de los hijos, la canchita de futbol al frente, y la necesidad de poder trabajar para que los vecinos estuvieran mejor, es así que se conformó la primera Comisión Barrial y se tramitó la personaría jurídica, don Tito fue su primer presidente.
Durante la gestión como presidente, solicitó al Intendente en varias oportunidades la máquina para repasar las calles, la posibilidad de acceder a las cloacas, la ampliación de red de luz y el asfalto para ese barrio, como también se empiezan a hacer los festejos del día del niño y demás festividades.
Además de un terreno para construir un salón comunitario, el que se logró y se le da el uso de delegación vecinal, actualmente usurpada. Pero la gestión más fuerte fue la llegada de la red de gas natural domiciliario que les dio otra calidad de vida a los vecinos de ese barrio.
Fue un colaborador activo en la cooperadora de la Escuela de Frontera N°3(Escuela N° 327), también formó parte de la comisión de padres, en donde se trabajaba para los chicos con más necesidades, se logró hacer el sum, con la colaboración de todos los que asistían a la escuela y los vecinos del pueblo.
Participó en un grupo de jubilados y pensionados, con los que realizó diversos viajes como la fiesta de San Sebastián o las Grutas, y ofrecía, además, el servicio de podología sin costo.
Fue delegado local de la mutual U.P.C.N, hacía cobranzas de libros y masajista e integrante de la gran familia del club sociedad estudiantil.
Don Tito era muy católico, amante de las plantas, estudió y trabajó mucho con plantas medicinales, haciendo diversos cursos e investigaciones. Su esposa fue su mejor aprendiz ya que ella siguió preparando las cremas y aceites para la piel. Hizo la carrera de podólogo y en Chos Malal fue el único y tal vez el primer podólogo de la zona Norte, pedicuro, como todos le decían y como se le recuerda con su maletín en mano cada tarde Chosmalense, salía a hacer “uñas patitas” como decía y ganar la changa para acompañar la economía del hogar.
Después de su jubilación don Tito se dedicó por completo a las plantas medicinales, participando activamente en la Iglesia Católica y disfrutando de su familia, uno de sus sueños lo cumplió su hijo Gustavo, quien se recibió de médico veterinario, al cual no pudo acompañar, pues murió antes, pero si supo del esfuerzo de Gustavo por recibirse.
Otro de sus anhelos y que concretó fue tener una heladería familiar. El local estaba ubicado en 25 de mayo frente a Pacho Pesca y era estratégico, pues él se encontraba allí con amigos, que hacía mucho tiempo no veía y así se fundía con la gente en un abrazo o en un apretón de manos, con ese típico: como andas gaucho.
Don Tito falleció a los 65 años y la familia lo recuerda con estas palabras:
“Siempre lo recordamos con todo lo mejor que nos dio, su cariño y si bien no era muy demostrativo siempre estaba, los dos nos enseñaron y nos educaron con lo poco que tenían y sabían, siempre trabajando, porque nunca dependieron de nadie, así es como somos sus hijos, trabajadores, respetuosos, responsables, siempre buscando que más se puede hacer, o ayudar al que lo necesite, y así nosotros seguimos con nuestros hijos inculcando todo lo bueno que él nos enseñó y que nunca lo olvidaremos.
Tito sigue presente en el recuerdo vivo por sus acciones, sus anécdotas, su semillero ese que conforman sus hijos/as, nietos/as, bisnietos/as.
Su compromiso, lealtad, solidaridad, capacidad, ese ser inquieto que tuvimos como referente sigue latente en nuestras vidas, su sello de buena gente es el ADN que nos identifica.
Hermosas palabras que honran la tarea llevada a cabo por don Tito González, siempre pensando en el bienestar de la familia y del pueblo en el que desarrolló su importante labor.
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