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Tristeza y dolor: murió don Peto, el ermitaño del norte neuquino

Ruperto Martínez fue un hombre solitario, de unos 70 y más años, que siempre vivió en Aguada La Chilca, a unos 65 km de Chos Malal.

La historia de don Peto siempre fue cautivante, misteriosa y repleta de espacios vacíos que nadie supo y quiso llenar. Salvo aquellas almas caritativas que desde el lugar que pudieron y como pudieron le dieron una mano. Su muerte se produjo lejos de “su lugar en el mundo”. Una profunda depresión fue la antesala de una muerte anunciada. Un cuadro generalizado de deshidratación lo llevó al final de sus días. Este sábado se produjo lamentablemente la muerte del ermitaño del norte neuquino.

Según lo que se pudo reconstruir en base a los datos colectados por LMNeuquén hace unos cuantos días don Peto estaba cursando una internación por una cuestión social. Esto se concretó después de las fuertes crecidas del río Neuquén. “Se lo debió internar porque el lugar donde él estaba quedó con pocas chances de ser habitado. Entonces quedó internado en el hospital hasta que resolvieran su situación”, aseguraron desde el hospital.

Vale mencionar que en este tipo de situaciones generalmente todo paciente adulto mayor que es sometido a internaciones prolongadas tiende a sufrir episodios de desorientación. A esto hay que agregarle que en apariencia don Peto hizo un proceso infeccioso intrahospitalario.

“Ya se lo había medicado para su desorientación y para alguna cuestión psiquiátrica de base. Él no quería estar internado y hacía varios días que había dejado de comer y de tomar líquidos”, informaron.

Esto indefectiblemente lo llevó a un mal estado general por deshidratación. “Fue una muerte digna en un lugar de internación y por lo menos acompañado por la gente del hospital porque no había familia que lo pudiera ayudar en el contexto donde estaba. Fue una muerte digna digamos casi natural pero un lugar de internación y no en su casa”, lamentaron las fuentes del hospital chosmalense.

Don Peto ermitaño norte neuquino

Las mismas fuentes dejaron entrever que el paciente estaba atravesando un profundo estado de depresión por haber sido sacado de su lugar de origen. “Como toda persona de edad que es sacada de esa forma”, señalaron. Sin embargo, remarcaron que el panorama era por demás complejo para las autoridades del nosocomio porque tampoco se lo podía volver a llevar a su lugar porque no había garantías de que alguien lo pudiera cuidar.

Viendo también el estado de vulnerabilidad de don Peto y su insistencia de no permanecer internado los profesionales médicos llegaron a analizar la posibilidad de llevarlo a su hogar en el campo, pero una nueva crecida del río y un nuevo temporal de nieve truncaron esa posibilidad.

Una muerte lejos de su casa

Ruperto Martínez, al que todos siempre llamaron don Peto, desde hace muchos años vivía en completa soledad en el paraje Aguada La Chilca, a unos 23 km de la mítica Balsa Huitrín.

Tenía como hogar una pequeña construcción muy precaria sobre un cerro y después contaba con otra que le habían hecho con mayores comodidades, pero solo la utilizaba para guardar mercaderías.

Vivió entre grandes cerros donde solo recorta el paisaje una pequeña alameda y el agua de una vertiente. Para llegar a su puesto había que transitar la ruta 9 y en determinado lugar había que internarse unos 17 km hacia adentro por una picada para llegar.

Don Peto venía resistiendo los crudos fríos de la época invernal y su amigo policía de Chorriaca lo siguió visitando y asistiendo hasta su triste partida que ocurrió en la mañana de ayer en el hospital Gregorio Álvarez de la ciudad de Chos Malal.

Don Peto ermitaño norte neuquino

En las redes sociales su eterno amigo policía, “su ángel azul” como muchos lo llamaron al hoy sargento ayudante Gabriel Méndez, lo despidió a don Peto con un breve pero emotivo mensaje. “Vivió a su manera! Y cómo quiso vivirla. Descansa en paz don Peto”, decía el posteo que acompañó con un video del hombre ermitaño recibiendo una de las tantas visitas que los efectivos policiales le hicieron en su añorado puesto del campo.

En tiempos de pandemia

La pandemia que atravesó la vida de todos, tampoco le fue esquiva a don Peto y así la vida y el destino lo hizo cruzar con el hoy sargento ayudante de la policía provincial Gabriel Méndez. El efectivo hace 18 años que pertenece a la institución y trabaja en el destacamento policial de Chorriaca, con dependencia de la Comisaría 50 de Taquimilán, desde el año 2019.

Durante toda la cuarentena Méndez y algún compañero más llegaban periódicamente a visitarlo a don Peto, para saber su estado de salud y para evaluar sus necesidades. Fue verdaderamente un “ángel azul” para este hombre de pequeña estatura, pero grande de corazón. Esa amistad se mantuvo con el tiempo y siempre hubo un tiempo justo y necesario para llegar a atender sus necesidades en la medida que se podía.

Don Peto ermitaño norte neuquino

En la última visita que realizó el policía Méndez a su amigo Peto, dejó una frase respecto a la forma de vivir la vida que tenía el hombre metido en el campo profundo y que hoy bien podría ser el epitafio del eterno descanso del ermitaño del norte neuquino. “Es una elección de vida y yo la respeto y lo acompaño y lo voy a acompañar en todo lo que pueda para que él sea feliz en su mundo. No molesta a nadie y es una muy buena persona”.

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