Un conflicto docente sin ganadores y endeudado con los de siempre
El gobierno y ATEN pusieron fin a un esperado acuerdo. Los costos que deja una pelea que ya se tornó crónica en Neuquén.
Se achica el margen de acción para calibrar si Neuquén está en condiciones de superar cuantiosas horas de clases no dictadas y con miles de estudiantes que empezarán sus actividades prácticamente la segunda semana de abril.
La mirada está puesta ahora en los que perdieron (en rigor ya se sabía que eran los que corrían con todas las desventajas) durante el duro conflicto entre ATEN y el Gobierno, no solamente con los contenidos que se privaron de recibir en las aulas, sino porque cientos de decenas de ellos permanecieron a la intemperie de contención en medio de un salvaje ajuste del gobierno libertario.
El Gobierno, a través del ministro Jorge Tobares, hizo un pertinente reconocimiento de las consecuencias que provocó el conflicto, admitió “preocupación” y no ocultó la responsabilidad que tuvo el Ejecutivo provincial en la dura puja con ATEN.
Por el lado del gremio queda al descubierto el poder de daño del que es capaz de ejercer una virulenta pelea interna entre el denominado Frente Multicolor -referenciado en dirigentes de izquierda radicalizados, más atentos a sus propias ambiciones proselitistas que al interés por la educación pública que dicen defender- y el oficialista TEP que orienta Marcelo Guagliardo.
La inusitada movilización de docentes que se convocaron a asambleas en toda la provincia incluyó un severo llamado de atención a las conducciones sindicales, tanto como la necesidad de ir a una salida razonable a la desmedida pérdida del poder adquisitivo de los salarios.
Neuquén no para de repetirse a sí mismo en los conflictos docentes que parecen crónicos y que llamativamente siempre se solucionan en Semana Santa, la mayoría de las veces, con costos demasiados caros.
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