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Un libro recorre la vida del obispo Marcelo Melani

"Siempre misionero" se llama la biografía sobre el religioso muerto en 2021 que escribió el obispo de Viedma, Esteban Laxague. Incluye un prólogo del Papa Francisco.

“Dios irrumpe en la vida de Marcelo con una propuesta: el sacerdocio. Lo encuentra a Marcelo con un corazón inquieto, que quiere ser útil a los demás, encuentra un joven que siente que la vida es un don para una misión. Y eso lo llevará, después de un camino de discernimiento, dejándose ayudar, a entrar en la Congregación Salesiana, luego partir como misionero a la Patagonia, asumir el servicio de ser Obispo de Viedma, dejar Viedma para un nuevo servicio: ser obispo de Neuquén, y cuando la vida estaba llegando a su ocaso partir de misionero a Perú donde celebrará su pascua. Misionero siempre, se lo podría definir”, escribió el Papa Francisco en el prólogo de Siempre misionero, la biografía sobre el obispo Marcelo Melani, escrita por el actual obispo de Viedma, Esteban Laxague.

Las palabras del Papa Francisco presentan una rápida pero precisa descripción de la trayectoria religiosa de Melani, quien falleció el 14 de abril de 2021, a los 82 años, en una clínica de Perú donde estaba internado luego de contagiarse de Covid-19.

Laxague señala que el libro nació del deseo y la colaboración de tantos que han conocido al religioso, quienes aportan sus recuerdos y testimonios sobre Melani porque “caminamos con él, aprendimos junto a él y lo hemos apreciado”.

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En las primeras páginas se recrea el contexto histórico en el que nació, el 15 de septiembre de 1938, Marcello Giovanni Angiollo Melani Guerra, su nombre completo, en Florencia (Italia), “la ciudad más linda del mundo”, como la definía. Un año después de su nacimiento, se desató la Segunda Guerra Mundial.

“Esta biografía nace del deseo y colaboración de tantos que lo hemos conocido: caminamos con él, aprendimos junto a él y lo hemos apreciado”, expresó el obispo de Viedma, Esteban Laxague, a cargo de la redacción del libro.

Cuando tenía 12 años, por el trabajo de su padre que era agente de seguros, la familia se trasladó a L’Aquila, una ciudad en el centro de Italia. Laxague precisó que allí Melani comenzó a frecuentar el oratorio salesiano que ofrecía actividades para chicos y jóvenes y entabló una relación muy personal con el salesiano coadjutor Herminio Jacobacci, “que lo impacto profundamente por su sentido de Dios y su entrega a la misión”. Unos años después, cuando Melani cursaba el tercer año de abogacía y había comenzado un noviazgo, “se dio cuenta que Dios le estaba pidiendo otra cosa y que se abría para él un camino”, precisó el autor. Una noche le dijo a su padre que quería ser sacerdote. El padre asintió con la condición que se lo tomara en serio. Melani fue ordenado sacerdote el 21 de marzo de 1970 en Turín por el arzobispo Miguel Pellegrino, una de las voces más incisivas en el Concilio Vaticano II.

En sus 140 páginas, Siempre misionero recrea la presencia de Melani como director de la misión salesiana en Junín de los Andes en 1989, donde “aprendió a conocer las comunidades indígenas del campo” y su llegada a Neuquén después que en diciembre de 2001 el Papa Juan Pablo II lo nombró obispo de Neuquén. “En Neuquén fue muy respetuoso del camino que la Iglesia local había venido haciendo desde Jaime De Nevares. Acompañó todo lo que encontró funcionando y creó también otras iniciativas en favor de los más pobres y marginales”, afirmó Laxague.

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Trabajar por el bien de los más pobres

En el libro el obispo de Viedma, Esteban Laxague, cuenta que en 2006 llegaron desde Roma algunas denuncias contra sacerdotes de la Diócesis de Neuquén, entre ellos Marcelo Melani, en algunos casos por su compromiso social y supuestas actitudes contestatarias y, en otros, por incoherencia o excesos litúrgicos. Un tiempo después, Marcelo Melani decide renunciar al obispado proponiendo que se nombrara un obispo coadjutor (Virginio Bressanelli) para que conociera la realidad de la diócesis y posteriormente fuera su sucesor. El 8 de noviembre de 2011, cinco años después de que llegaran esas críticas, el Papa acepta la renuncia de Melani.

“Durante todo ese período, cargó esta cruz con la mejor disposición para cumplir la voluntad de Dios, aún en medio del dolor y de las injustas acusaciones recibidas, más alla de las imprudencias de algunos sacerdotes”, expresó Laxague, quien señaló que después de su renuncia, Melani “pensó que podía renovar su compromiso misionero”.

En un encuentro de obispos salesianos en Turín, Melani conoció a un obispo de Angola. “Volvió a despertarse en él la inquietud misionera hacia esas tierras. Y en una carta le dijo: ‘tengo muchas ganas de trabajar en bien de los hermanos, en particular de los más pobres”. Finalmente Melani no viajó a Angola.

Un obispo con sólo dos pantalones que conocía la realidad

El obispo Virginio Bressanelli, quien lo sucedió a Marcelo Melani al frente de la Diócesis de Neuquén, afirmó que “creo que muy pocos conocían la realidad de Neuquén como Melani”.

En el libro se incluye el testimonio de Bressanelli quien aseguró que “cada día leía los diarios, escuchaba las noticias principales del día, hablaba con quienes podían aportarle algo nuevo o más profundo. Sabía relacionar los hechos con su historia subyacente”.

También Bressanelli ofrece un perfil de ese “hombre pobre y desinteresado” que nunca quiso regalos, y “no hacía nada que pudiera significar que necesitaba o deseaba algo”. Confiesa que con Margarita Oviedo, empleada en el Obispado de Neuquén, tuvieron que recurrir a una estrategia particular para proveerlo de un pantalón ya que tenía solo dos que usaba alternadamente. “Se presentaba siempre vestido sencillamente, sin descuidar el decoro y el respeto por su investidura y el buen trato con los demás. En algún viaje o desplazamiento que hizo, ya como obispo emérito, tuve que socorrerlo pues no tenía dinero en el bolsillo", describió Bressanelli.

“Su pobreza lo hizo cercano a los más pobres. Optó por ellos y cultivó un espíritu evangélico y pobre”, describió Bressanelli. Agregó que el lema episcopal de Melani fue “No para ser servido, sino para servir”. “Esa fue su actitud constante, su espiritualidad”, subrayó.

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