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La Mañana Cooperativa Calf

Una puja entre una empresa internacional y comerciantes fue el origen de CALF

La cooperativa cumple hoy 89 años. En noviembre de 1938, comenzó a brindar el servicio eléctrico y de alumbrado público en Neuquén.

La consolidación de la cooperativa CALF demoró cinco años, período en el que hubo un cruce de tensiones y presiones que fueron superadas para acuñar la distribuidora social más grande del país.

Un ultimátum fue la bisagra, el empujón que terminó por volcar las decisiones políticas a favor de la creación de la Cooperativa de Agua, Luz y Fuerza en Neuquén. El 15 de enero de 1934 la compañía Usinas Unidas informó que iba a suspender el servicio de provisión de iluminación pública porque la municipalidad no le pagaba. Había descontento con el servicio porque era caro y de baja calidad. Los comerciantes y vecinos realizaron una protesta pasiva mediante la reducción al mínimo posible del consumo.

El emplazamiento fue amortiguado por la intervención del gobernador Carlos H. Rodríguez quien consiguió que se demore la medida. Un mes antes del ultimátum, el 17 de diciembre de 1933 se había dado el puntapié de la cooperativa: quedó constituido el primer consejo directivo de CALF, con 121 socios fundadores.

Un poco de historia. En 1929 el intendente Miguel Mango firmó un contrato con Edmundo Santamaría y Roque Comparato Lateana para la provisión del servicio público de electricidad en la ciudad de Neuquén. Un año más tarde, este contrato pasó a la Compañía Sudamericana de Servicios Públicos SA, Sudam, vinculada a la Empresa Internacional Intercontinentes. En 1931 se constituyó Usinas Unidas para prestar el servicio en Río Negro y Neuquén que compró la usina que había instalado en Neuquén.

La empresa privada realizó una fuerte campaña para derribar la idea de la formación de una cooperativa que tenía asidero en las publicaciones periódicas que había en la capital del territorio nacional del Neuquén como la de Jesús Merino Villanueva. En 1932, se inauguró lo que se promocionó como la “súper usina” para derribar uno de los argumentos que le impedían tener buena aceptación entre los vecinos: la calidad del servicio que tenía un precio elevado.

Según una investigación que hicieron Miriam Biurci, María Mariani y Laura Méndez publicada en el libro que se hizo cuando la capitalidad de Neuquén cumplió su centenario, en 1933, Usinas Unidas realizó una campaña para hacer saber que era una compañía “netamente argentina y de capitales argentinos” y que había hecho una propuesta a la municipalidad “que resolvía de forma definitiva los dos problemas que deben preocupar al pueblo de Neuquén, la deuda atrasada por el servicio de luz y fuerza y el servicio de aguas corrientes”. Luego de eso, logró que la justicia decrete el embargo de las recaudación de la municipalidad y la posterior amenaza de corte de suministro.

El disconformismo fue canalizado por un grupo de vecinos, que se hicieron eco de la idea propuesta por Merino Villanueva de formar una cooperativa entre los vecinos de la ciudad. Luego de informarse de la situación general en el sector, conocerían que se estaba pagando muy alto el precio por el kW, comparado con el valor nacional.

De acuerdo a lo que informó el museo Paraje Confluencia, se canalizó el malestar a través de la creación de la cooperativa. Un grupo de vecinos comenzó a recolectar dinero mediante la suscripción de acciones, la cual tenía un valor de $100 moneda nacional.

“Todos en el pueblo colaboraron, los vecinos más pudientes y los más humildes. Había distintas formas de pagar, algunos pagaban cuotas a razón de $2 pesos por mes y otros más. De esta forma el pueblo neuquino crearía su propia usina, ganando en independencia, mostrando ser un pueblo pujante y luchador. El nombre elegido sería el de Cooperativa de Luz y Fuerza, que luego cambió por Cooperativa de Agua, Luz y Fuerza de Neuquén Ltda. CALF”, indicó.

Pero no fue automático. Tras la constitución de la cooperativa en la casa de José Rosa donde se designó a Ángel Pérez la presidencia de la primera comisión hubo que derribar barreras políticas, como una rémora de lo que ocurría en Buenos Aires donde estaba en ebullición la “década infame” que se caracterizó por una directa anuencia del poder público a favor del capital privado.

Se compró el terreno en lo que hoy se erige la sede central de CALF, Mitre y Bahía Blanca, y el 25 de abril de 1935 se consiguió una ordenanza en la que la municipalidad no sólo adhirió sino que concedió la prestación del servicio, siempre y cuando, instalara la usina de generación dentro de los cinco meses de promulgación del documento. Había un compromiso de la municipalidad de comprar el alumbrado público a CALF.

Usinas Unidas puso el grito en el cielo porque, la lectura de la ordenanza implicaba un monopolio del servicio amén de que la municipalidad se asociaba a la cooperativa.

En 1937, luego de una licitación que se declaró desierta, CALF adjudicó a la Compañía Sudamericana SKF la provisión de motores, tendido de redes y un grupo electrógeno para el servicio de alumbrado público. Hubo que hacer una segunda campaña de recolección de fondos y se pidió un préstamo al Banco Nación.

En julio de 1938, cinco años después de que se firmara la primera acta de CALF, llegaron los motores con una fiesta que se hizo en la ciudad.

El golpe de gracia hacia Usinas Unidas, fue el año anterior, en 1937 cuando el intendente Amaranto Suárez creó impuestos que debía pagar la empresa privada y que hacían privativa su continuidad. Francisco Benedetti, titular del consejo municipal, sancionó otra ordenanza en la que caducó la concesión precaria que se había otorgado a Usinas Unidas.

El 1 de noviembre de 1938 CALF comenzó a brindar el servicio eléctrico y de alumbrado público en Neuquén.

La historia de tensiones, presiones y decisiones políticas y vecinales derivó en la continuidad del servicio, 89 años después.

>> La eficacia del capital y la eficiencia de la solidaridad

La disputa que se desató en 1938 cuando la municipalidad favoreció la consolidación de la cooperativa CALF mediante actos administrativos como el cobro de impuestos a la empresa privada Usinas Unidas y que terminó con su fin el 31 de octubre a la 0 hora, no fue sencillo en términos de defensa de la imagen.

“Lo que Usinas Unidas Limitada no dijo”. Fue el título de un folleto que imprimió la municipalidad, presidida por Francisco Benedetti, dirigido al pueblo de Neuquén para detallar sobre el conflicto y la disposición comunal de cobrar derechos de inspección de sus redes y postes con la intención de alentar el funcionamiento de la usina popular.

Este folleto se hizo porque la compañía había presentado al gobernador del territorio nacional Enrique Pilotto, un informe, en abril de ese año, con su punto de vista sobre la cuestión.

¿Qué le dijo Usinas Unidas al gobernador? Básicamente entendía que las cooperativas “nunca podrían ser sociedades de fuertes capitales propios para afrontar con eficacia un servicio público” porque a su juicio los términos cooperativismo y servicio público son “económica y legítimamente antagónicos”.

Las entonces autoridades de CALF emitieron su punto de vista para aclarar que la formación “es el resultado lógico de la reacción de toda la población de Neuquén ante un servicio sin lugar a dudas malo y caro”. También calificaba como “natural” que la municipalidad le prestara su ayuda administrativa y financiera porque era la norma que regía en el país y en el mundo.

“La municipalidad no ha creado de hecho un monopolio a favor de la cooperativa, como sostiene la empresa, sino que ha cambiado simplemente el modo de prestación de los servicios, asociándose a los vecinos consumidores”, es lo que indicó Luis Ramón en junio de 1938 en un pronunciamiento dirigido a las autoridades comunales.

En relación con el supuesto antagonismo entre cooperativismo y servicio público esgrimido por la compañía Usinas Unidas, Ramón presentó datos sobre la creación y desarrollo de algunas cooperativas eléctricas que funcionaban en el país que “no han podido ser destruidas a pesar del ataque de los trust que explotaban tales servicios”.

Para 1944, Usinas Unidas había cesado sus actividades y sus clientes debieron asociarse a CALF. Prestaba el servicio de alumbrado, suministraba la energía industrial y doméstica y también el bombeo de aguas corrientes que surtían al municipio de Neuquén y al de Cipolletti.

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