Los vecinos del barrio cipoleño están esperanzados en obtener los servicios. Los animó la visita del intendente Rodrigo Buteler y Luis Argüello, jefe local de Arsa. También quieren regularizar la situación catastral.
El intendente Rodrigo Buteler mantuvo una reunión con vecinos del barrio Virgen del Valle, en la que acordaron avanzar en la regularización de la situación catastral, ya que aún figuran como una parcela agrícola, y así ser reconocidos por el municipio y poder pagar las tasas correspondientes.
En el encuentro realizado este jueves en la casa Claudio Marín, uno de los referentes vecinales, también participó Luis Argüello, jefe local de ARSA, ya que tampoco cuenta con la red de agua ni cloacas, salvo un sector reducido, desde donde derivan el líquido hacia el resto en forma solidaria.
“Recibimos la palabra del intentente de acompañarlos en nuestros reclamos y eso nos genera una luz de esperanza”, destacó Marín.
Sostuvo que el jefe comunal les recalcó que sus reclamos se pueden tramitar con “gestión”, por lo que se comprometió a realizarlas ante los organismos que correspondan.
"Tener contacto directo con el intendente nos genera más tranquilidad", agregó.
La historia de este barrio suma cerca de 30 años, y está repleta de sinsabores y sacrificios. Todo arrancó a mediados de los 90, cuando se agruparon en una cooperativa de viviendas que ponía en marcha el sueño de alcanzar el hogar propio.
El proyecto consistía en erigir un barrio en una chacra contigua a lo que es hoy el CGT, donde construirían 160 casas.
Pero cuando todo parecía encaminado, uno de los responsables del emprendimiento vendió el predio, por lo que iniciaron una batalla legal que aún no se define.
Ante el temor de que les usurparan los lotes, la mayoría resolvió ocuparlos, y fueron construyendo sus hogares por esfuerzo propio, ya que las casas que les habían ofrecido originalmente eran de baja calidad.
En una sola calle, la Lago Fonck, los responsables de la cooperativa alcanzaron a instalar los servicios de energía eléctrica, agua, cloacas e hicieron el pavimento. Pero cuando estalló el conflicto por la inesperada transacción de los terrenos, la empresa abandonó los trabajos, dejando incluso algunas máquinas y materiales, pero desamparando a quienes esperaban por las conexiones.
Muchos se instalaron igual con lo mínimo. Gracias a la solidaridad de quienes contaban con el agua fueron haciendo empalmes para las demás viviendas. Lo mismo hicieron con la electricidad, hasta que en plena pandemia les cortaron el flujo, lo que motivó que iniciaran gestiones ante Edersa y lograran que los regularizaran. Luego también consiguieron el alumbrado público.
Marín resaltó que no quieren nada regalado y que pretenden pagar las tasas municipales de manera individual, como en todo el pueblo, ya que pagan una conjunta, dado que aún aparecen en Catastro como una unidad rural. Lo mismo sucede con los impuestos provinciales. Terminar ese trámite será clave para acceder a los títulos de propiedad, lo que también iniciaron mediante un proceso de Usucapión, fundamentado por el tiempo que llevan de residencia.
El otro anhelo es el gas. Manifestó que el caño maestro pasa a unos 20 metros, lo mismo que el agua y el de cloacas. Puso como ejemplo que los demás barrios aledaños cuentan con todos los servicios, y ellos aún esperan.
Años de sacrificios
Vivir sin los servicios básicos en un barrio ubicado en la zona urbana suena incomprensible, más cuando el resto que los rodea los tienen. La carencia motivó que surgieran lazos de solidaridad entre los vecinos, que comprendieron que la lucha juntos se presentaba más aliviada. Así compartieron el agua desde la calle Lago Fonck con mangueras que se fueron extendiendo entre los terrenos. Lo mismo sucedió con la electricidad hasta que lograron regularizar el servicio y contar cada uno con su medidor.
Pero con el gas es una batalla desigual. De allí que aún tienen que enfrentar los meses invernales con lo que tienen a mano para calefaccionarse. Muchos apelan al uso de cocinas y estufas a leña, por lo que ese material se cotiza cuando llega la época fría. Pero cuando se carece de leña deben apelar a la electricidad, aunque tiene costos elevados.
Marín contó que han recibido facturas de hasta 250 mil pesos en el último invierno, por eso contar con ese servicio por red es otro de los anhelos. Saben que requerirá una inversión importante, pero están dispuestos a encarar al proyecto, como un capítulo más de una historia repleta de sacrificios.
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