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La Mañana secundaria

Nilda, la niña que esperó 70 años para estudiar en la secundaria

Se recibió de Bachiller a los 84 años. Un sueño que duró toda una vida.

Hay momentos, sensaciones e imágenes en la vida de un niño que quedan guardadas para toda la vida. Muchas de aquellas postales viejas tienen que ver con la escuela y ese primer proceso de socialización fuera de hogar.

El banco, los compañeros, las maestras, los deberes, aquellas clases que abrían las puertas a un mundo fascinante, donde la curiosidad y las ganas de aprender podían más que el cansancio y el peso de las obligaciones.

Nilda Michia lo experimentó hace poco más de 70 años cuando concurría a una escuela cercana a un pueblo llamado Graciano, en Santiago del Estero. Eran los tiempos de los viejos pupitres de madera, de los plumines, de la campana de bronce anunciando el recreo, aunque los protagonistas y los objetivos eran los mismos: maestros que enseñaban; estudiantes que querían aprender.

La pequeña Nilda se crió en el campo, un espacio natural, pero duro, donde no abundaban las cuestiones intelectuales y prevalecía el trabajo sacrificado de los hombres, mujeres y hasta de los niños que colaboraban cotidianamente con sus padres. Y así transcurrió sus estudios primarios, entre la escuela y la vida rural, entre el bullicio de las aulas y los sonidos de la naturaleza.

Nilda tenía ganas de seguir estudiando en la secundaria, pero fue muy difícil. La prematura muerte de su padre cuando todavía era una niña, la necesidad de ayudar a la familia y la lejanía de la escuela hicieron que aquel sueño se postergara. ¿Cuánto tiempo? Siete décadas.

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Los nietos también festejaron con la abu Nilda.

Los nietos también festejaron con la abu Nilda.

Nilda retomó los estudios en 2019, apenas se jubiló como auxiliar de servicio en el Colegio San Martín. Tenía edad de sobra para retirarse mucho antes, pero ella pidió quedarse un tiempo más para seguir trabajando y para no quedarse tan sola, luego de que su compañero de toda la vida muriera en 2010. Fue un golpe duro porque estuvieron juntos 57 años. Lo había conocido poco después de terminar la primaria a los 13 años y se casaron cuando ella todavía no había cumplido los 17. Un día el destino los trajo a Neuquén.

Esa soledad y las ganas de aprender, la entusiasmaron para anotarse en la escuela nocturna y poder cursar el Bachillerato con orientación en Servicios Turísticos. “Tenía muchas ganas de seguir aprendiendo”, asegura.

En 2019 comenzó a cursar y se sorprendió al volver a estar en un aula con compañeros, igual que hace tiempo en su pueblito natal, aunque todos eran mucho más jóvenes que ella. “Igual nos llevábamos muy bien y no se sentía la diferencia de edad”, sostiene hoy con 84 años.

Al principio costó un poco porque para Nilda era todo nuevo. Después de siete décadas volvía a tener enfrente una maestra abriéndole la puerta al maravilloso mundo de los conocimientos, mientras ella escuchaba con atención, sentada en un banco con el resto de la clase.

“Siempre me gustó mucho la geografía y la historia; pero las matemáticas fueron siempre más difíciles”, asegura.

Sin embargo, la alumna puso la misma atención y dedicación que cuando estudiaba en la escuelita de Santiago del Estero, escuchando con atención, tomando apuntes, preparándose con nervios para los exámenes.

Reconoce que el encierro y la angustia por la pandemia lo canalizó por ese lado. “Para mí fue muy fuerte porque no podía ver ni a mis hijos, pero el estudio me ayudó”, reconoce.

Lo que Nilda no se dio cuenta, pero sí lo notaron las maestras con mucha sorpresa y ternura, es que todos los trabajos prácticos que ella presentaba, tenían la impronta propia de una niña y no de una mujer adulta. Cada escrito estaba acompañado de una carátula ilustrativa con dibujos (algo muy común en las costumbres de las viejas escuelas), la primera letra de la oración era más grande y de otro color y los mapas siempre estaban decorados con alguna florcita o algún pequeño detalle que sirviera para que cualquier trabajo se viera más lindo.

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Un dibujo de Nilda en la secundaria ¿Quién lo hizo? ¿La abuela o la niña?

Un dibujo de Nilda en la secundaria ¿Quién lo hizo? ¿La abuela o la niña?

“Algo había quedado en mí después de tantos años”, reconoce con nostalgia.

El viernes 10 diciembre, Nilda recibió su diploma como bachiller en un acto que se realizó en el CPEM 2 donde cursó sus estudios. Y cuando la llamaron para entregarle el título posó sonriente para la foto, junto a su familia, sus compañeros y sus maestras.

Estaba allí la abuela que se había superado, pese todas las barreras de la vida y el destino. Pero también estaba la nena santiagueña, aquella que hace 70 años se sentaba en los viejos pupitres, se concentraba en las clases y festejaba el sonido de la campana para salir corriendo al recreo.

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