No aclares que oscurece

Lejos de reducir el margen de error y rozar la perfección, el VAR por ahora es falible y siguen las injusticias.

La tecnología, se suponía, llegaba para ponerle un manto de justicia al fútbol y otorgarle mayor transparencia. Pero, por ahora, su implementación no solo no ha logrado reducir el margen de error considerablemente en las decisiones arbitrales, sino que su polémico uso genera controversias y agranda la grieta entre los que defienden su aporte y los que lo desestiman por entender que así se desvirtúa la esencia del más popular de los deportes.

Esta semana hubo dos situaciones que dejaron nuevamente en el ojo de la tormenta al VAR. Por un lado, el tanto anulado a Independiente de Avellaneda en la ida de los cuartos de final ante Independiente del Valle no logró poner de acuerdo a los futboleros, si bien tras repasar un par de veces las imágenes queda claro que fue legítima la invalidación. En el Rojo reclamaron sentido común y alegaron que “antes era gol seguro”.

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Por otro lado, la Conmebol tuvo que salir a admitir el mal empleo del sistema en el partido entre Brasil y Argentina por la Copa América, en el que nuestra selección resultó groseramente perjudicada al omitirse dos claros penales a su favor en la derrota en semifinales ante los eternos rivales, a la postre campeones del certamen. ¿Entonces? Se creía que el uso de las cámaras iba a rozar la perfección, un 100% de efectividad, o al menos corregir y optimizar los fallos arbitrales para garantizar la justicia.

El tema es que a este paso, de “un acierto y un error”, no solo el sistema se muestra falible, sino que parecería ser más de lo mismo.

Los cambios llevan tiempo y no son fáciles de asimilar. Puede que más adelante deba elogiarse el rol del VAR en el fútbol. Por el momento, “no aclares que oscurece”...

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