No baja, pero tiene que bajar

Al menos públicamente, nadie en el FMI había hecho comentarios públicos respecto de la galopante inflación argentina. Pero ayer el economista Roberto Cardarelli, que encabeza la misión del organismo, dijo: “Tiene que bajar”.

Cardarelli se reunió con la cúpula de la CGT en un intento por suavizar la oposición de la central obrera a la asistencia que el presidente Mauricio Macri pidió al Fondo en plena tensión con el dólar.

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Se entiende la preocupación del FMI. El acuerdo sostiene que la inflación este año no podrá superar el 32 por ciento. Pero justamente ayer la Universidad Torcuato Di Tella difundió un informe en el que sostiene que la expectativa de la gente es que llegue al 35,3 por ciento.

Macri viene de mal en peor en su intento por contener las subas de precios. Las cifras así lo demuestran. Desde que el líder de Cambiemos asumió en el poder, la inflación supera el 120 por ciento.

Las dificultades para administrar la inflación golpean decididamente en los asalariados.

Un informe de la consultora Bumeran señaló ayer que los salarios acumularon en promedio una suba del 14,6% en el primer semestre, casi 1,5% por debajo de la inflación registrada hasta junio de este año y que se ubicó en el 16%.

El “tiene que bajar” del economista italiano bien podría entenderse como una exclamación de deseos del Fondo; sin embargo, alude a una urgencia a la que el gobierno no consigue encontrarle la vuelta y a la que difícilmente podrá domesticar con un dólar que tampoco para de subir y que parece encaminado a golpear aún más en una coyuntura muy complicada.

El FMI mete presión con la inflación, pero el Gobierno aún no le encuentra la vuelta al alza de precios.

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