No es fácil el fútbol argento

De Rossi se vuelve sin poder mostrar su calidad en un fútbol criollo en el que no es nada fácil brillar.

La inesperada salida del tano Daniele De Rossi de Boca lo convirtió en meme. Ya sea por un tema familiar con su hija, que vive en Italia, o porque entendió que su lugar en el nuevo equipo iba a ser reducido, el final de la aventura del campeón del mundo con la Azzurra en Alemania 2006 deja una sentencia clara: el fútbol argentino, castigado por los desmanejos dirigenciales, con muy pocos proyectos serios y a mediano plazo, lastimado por el éxodo de jugadores al exterior cada vez más jóvenes, víctima de la pasión desmedida de los hinchas y de los negocios millonarios de los barras, no es para cualquiera.

De Rossi, que llegó con mucho ruido y se va con pocas nueces (apenas con siete partidos en el lomo, la mayoría como suplente), pagó caro el poco tiempo que tuvo para ponerse a tono físicamente, algo que, aún lejos del nivel atlético de las grandes ligas europeas, el fútbol criollo no perdona.

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Acá, en campos de juego irregulares, con mucha fricción en todos los partidos, también es clave la capacidad física, no dar ventajas en el mano a mano, pensar rápido con la cabeza pero actuar aún más rápido con las piernas. De Rossi mostró profesionalismo, pero no le alcanzó para ganarse un lugar en el equipo y sostenerlo en el corazón de esos hinchas que se ilusionaron con su llegada. Su nombre ya forma parte de una larga lista de jugadores que retornaron de Europa todavía con hilo en el carretel, y no lograron brillar. En Boca alcanza con mencionar a Carlos Tevez, que llenó la Bombonera solo para saludarlo y nunca fue el de antes, o a Daniel Osvaldo, que venía de jugar en la selección italiana y, aunque fue víctima de su comportamiento, dentro de la cancha tampoco mostró nivel europeo.

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