"No esperábamos que le pegaran en la escuela de Policía"

Lo afirmó una madre que denuncia que a su hija la torturaron en el Centro de Formación de Huincul.

Natalia Pérez Pertino

policiales@lmneuquen.com.ar

Neuquén. “La vida de ella está como dormida. No es la Tamara que mandamos a estudiar para ser policía”, sentenció Betiana Soto al denunciar que su hija fue víctima de torturas y abuso de autoridad en la escuela de cadetes de Policía de Plaza Huincul. A un año, no ha tenido respuestas ni de la fuerza, ni de fiscalía ni del Gobierno. “Acá hay un gran encubrimiento”, afirmó.

El 21 de abril de 2017, Tamara comenzó sus estudios para ser policía, algo que soñaba de chiquita, tal como contó su mamá en una entrevista a LMN. “Mi papá era policía y por eso ella también quería serlo. Cuando él se enteró, quería ir a matarlos a todos por lo que le hicieron”, recordó Betiana.

Tres días después, Betiana recibió un mensaje de Tamara que avisaba que se volvía en colectivo a Neuquén. “Pensé que no le había gustado, pero cuando la vimos pensamos que algo grave le había pasado, que la habían drogado o violado, porque no podía caminar ni hablar”, detalló sobre el estado en que llegó a Neuquén.

La llevaron al hospital Bouquet Roldán, donde estuvo internada unos días. La investigación demostró que Tamara estaba deshidratada, tenía golpes en las piernas, en la cabeza y tres dedos de la mano izquierda fracturados. Además, había sufrido entre cinco y siete desmayos mientras la golpeaban.

“No esperábamos que pase esto, que la mandás a estudiar y que le pegaran sus instructores”, expresó su mamá. Desde ese momento, su odisea para tener justicia ha tenido más reveses que avances.

Betiana confió que Asuntos Internos de la Policía se comprometió a investigar, pero la causa no avanzó. Luego, denunció en la Fiscalía de Neuquén, que por jurisdicción derivó el caso a Cutral Co, donde el fiscal le dijo que no había registros de que haya estado en el hospital de esa ciudad, cuando, según contó, había testigos que vieron cómo la Policía la dejó allí inconsciente.

“Mi hija es otra. Tiene regresiones donde parece de 12 años. Ahora estamos buscando que la atiendan en Salud Mental”, confió Betiana y agregó: “Ella se acuerda de que la única vez que comió fue porque había un acto y los dejaron sentarse a comer. Después juntaban agua en una lata cuando llovía”. “Lo único que pido es Justicia y que vayan presos los responsables”, aseguró.

Tenía golpes en piernas y cabeza, dedos fracturados y estaba deshidratada.

La apartaron por estar embarazada

El 23 de agosto de 2016, una joven de 18 años fue separada del Centro de Formación de Plaza Huincul al enterarse de que estaba embarazada. Desde la fuerza aseguraron que ella ocultó su embarazo durante cinco meses mientras hacía el curso de ingreso a la Policía. Para sus padres, esa historia fue “un invento” y hablaron de “un acto de discriminación”.

En su momento, Julio Peralta, el director de Institutos Policiales, explicó que la joven no presentó el test que le solicitan a las aspirantes y que utilizó una faja para que no se notara la panza.

Por su parte, Marcela Araya, la madre de la joven aspirante que no pudo terminar sus estudios, afirmó que su hija “nunca usó una faja y siempre se bañó junto a sus compañeras”.

“En abril la llevaron a Neuquén a hacerse el estudio físico a una clínica y allí firmaron el papel de que estaba apta para unirse a la Policía”, contó Marcela, que también indicó que una médica de Buta Ranquil no se dio cuenta de su embarazo cuando la atendió en julio por una neumonía.

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