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La Mañana

No hay salud sin distribución de la riqueza

Lo alertó la OMS en un informe de la Comisión sobre Determinantes Sociales.
La inequidad social resiente la salud y condena a muerte a millones de personas, a pesar de los avances científicos, aseguró ayer la OMS.

Buenos Aires (Télam) > La inequidad social entre países, y aún en el seno de las naciones prósperas, resiente la salud y condena a muerte a millones de personas, a pesar de los avances científicos, alertó la Organización Mundial de la Salud (OMS), al dar a conocer las conclusiones de la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud.
«El riesgo de que en Suecia una mujer muera durante el embarazo o el parto, es de 1 por cada 17.400; en cambio, en Afganistán, es de 1 por cada 8», destacó la comisión.
Asimismo, señaló que «en los Estados Unidos se habrían evitado 886.202 muertes entre 1991 y 2000, si las tasas de mortalidad de blancos y afroamericanos se igualaran; esa cifra contrasta con las 176.633 vidas salvadas en ese país por los adelantos médicos durante ese mismo período». Según el informe, «la biología no explica esas cifras, sino las diferencias sociales entre países, y dentro de un mismo país, es decir, el entorno en que las personas nacen, viven, crecen, trabajan y envejecen»; por lo que se hace necesario atender sus condiciones sanitarias, antes que el propio sistema de salud.
«Una nefasta combinación de políticas y arreglos económicos deficientes y una mala gestión, es responsable en gran medida de que la mayoría de la población del mundo no goce del grado de buena salud que sería biológicamente posible», sostuvo.

Docentes
La investigación fue realizada por la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud, presidida por sir Michael Marmot e integrada por docentes, ex jefes de Estado y ex ministros de salud. La OMS pondrá ahora el informe a disposición de los estados miembros, para determinar la respuesta de la Organización.
«Dependemos demasiado de las intervenciones médicas para aumentar la esperanza de vida. Sería mucho más eficaz que se evaluaran las repercusiones en la salud de todas las políticas y los programas gubernamentales, y que la salud y la equidad sanitaria se utilizaran para evaluar el desempeño de los gobiernos», consideró Marmot.
«La inequidad sanitaria es verdaderamente una cuestión de vida o muerte, pero los sistemas de salud no tenderán espontáneamente hacia la equidad. La atención primaria de salud, que integra la salud en todas las políticas gubernamentales, es el marco idóneo para ello», aseguró la directora general de la OMS, Margaret Chan, al recibir las conclusiones de la comisión.
Las inequidades provocan una enorme mortandad y la globalización no ha hecho más que acentuarlas: si en 1980 el ingreso nacional bruto de los países ricos era 60 veces mayor que el de los países pobres, «25 años más tarde esa diferencia ha aumentado a 122», se lamentó la comisión.
«Peor aún, se constata que en los últimos 15 años, en muchos países de ingresos bajos cada vez es menor la parte del consumo nacional que corresponde al quintil más pobre», informó.

Riqueza
La comisión señaló también que el aumento de la riqueza, por sí solo, no mejora necesariamente la situación sanitaria.
«Si los beneficios no se distribuyen equitativamente, el crecimiento nacional puede incluso agravar las inequidades. La cuestión neurálgica es de qué modo ese aumento se utiliza para distribuir con justicia los servicios y el desarrollo», destacó.
La comisión valoró que algunos países de ingresos bajos, como Cuba, Costa Rica, China, el estado de Kerala en la India, y Sri Lanka, «han logrado buenos niveles de salud pese a que sus ingresos nacionales son relativamente bajos».
Y a la vez, ponderó el «empleo inteligente de la riqueza» que hacen los países nórdicos al implementar políticas que alientan «la igualdad de beneficios y servicios, el pleno empleo, la equidad de género y bajos niveles de exclusión social».
Mucho de lo que hace falta para corregir las inequidades sanitarias compete a otras esferas: «La causa de las enfermedades transmitidas por el agua no es la falta de antibióticos, sino la suciedad del agua, y las fuerzas políticas, sociales y económicas que no logran proporcionar agua limpia a todos», se aclaró.