No se festeja la clandestinidad

Desde que el Senado rechazó el proyecto de IVE, miles de mujeres abortaron de forma clandestina.

Desde que el Senado de la Nación rechazó el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo, hace exactamente un año, se conocieron al menos los casos de ocho mujeres que murieron tras realizarse un aborto clandestino en nuestro país.

En un año, también, miles de mujeres abortaron de forma segura con misoprostol o en clínicas privadas. Otras tantas pidieron someterse a la práctica legal en un hospital tras haber sido violadas y algunos hasta lo obstaculizaron.

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Desde que el Senado rechazó el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo, hace un año, no ocurrió lo que algunos pretendían al emitir su voto negativo. Las mujeres no dejamos de abortar, las socorristas no dejaron de existir y el misoprostol no se dejó de vender.

Desde que el Senado rechazó el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo, los pañuelos verdes -que tienen sus orígenes en el Encuentro Nacional de Mujeres de 2003- se reprodujeron en las mochilas, las muñecas y los cuellos de miles de mujeres. Convertido en un símbolo de la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, desbordó las calles, los secundarios, los colectivos y los lugares de trabajo.

Durante el 2018, fueron 1159 jóvenes del país de entre 14 y 19 años las que pidieron asesoramiento a Socorristas en Red para abortar. En total, fueron 8462, es decir, un promedio de 23 por día. Y fueron 2591 consultas más que el año anterior.

Desde que el Senado rechazó el proyecto del derecho a abortar, redoblamos la pelea para que sea ley y un problema de salud pública a resolver por el Estado. Por eso, la clandestinidad no se festeja.

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