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"Nos refugiamos atrás de una pirca, que nos salvó la vida"

Osvaldo Lagos vive en la parte oeste de Barrancas, donde fue el mayor impacto del aluvión que según los registros históricos no ocurría desde hacía 40 años. "Lo material va y viene, lo importante es que hoy estamos sanos y con vida", relató emocionado.

“Un río”, exclamó Osvaldo cuando vio que el golpe de agua de la tormenta se venía de lleno sobre su casa. El paredón que había construido no soportó la furia del agua y terminó desplomado. El agua con toda furia buscó entrar a su casa y lo logró. La puerta principal de chapa, estando con llave, comenzó a sentir el impacto del tremendo aluvión y la dobló en la parte baja. Por allí empezó a entrar sin permiso el agua y se adueñó de todo.

“La fuerza del agua la tiró a mi esposa. Con desesperación la tomé de la mano y la puse a resguardo”. Esos son los primeros segundos de una tormenta que, por 40 minutos, libró al azar la suerte de cada uno de los vecinos. Algunos solo la vieron pasar, otros la sufrieron y la sufren en carne propia.

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Osvaldo Lagos, un joven barranqino de 33 años fue –junto a su familia- el protagonista de una de las tantas historias que quedaron expuestas después del tremendo temporal que se abatió sobre el pueblo en la tarde del lunes cerca de las 5 de la tarde.

Le agradezco a todos los que me han ayudado y que se han preocupado por nosotros. Estas son cosas de la naturaleza y contra ella nada podemos hacer sino que saber y a aprender a respetarla nomás Le agradezco a todos los que me han ayudado y que se han preocupado por nosotros. Estas son cosas de la naturaleza y contra ella nada podemos hacer sino que saber y a aprender a respetarla nomás

El hombre no tiene trabajo estable, se dedica a la changas y tiene alma de criancero ya que le ayuda a sus hermanos en la crianza de animales. La veranada de la familia se encuentra en el límite con Chile, en el lugar que se conoce como Malbarco Campo.

“Le hago a todo un poco, lo importante es siempre llevar un peso a la casa para ayudar y mantener a mi familia”, dijo Osvaldo. Su grupo familiar lo componen su esposa Eva Urrutia, sus hijos mellizos Giovanni y Emiliano de cinco años y la pequeña Solange de apenas 4 años.

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El momento crucial

Tiempo atrás había construido un paredón, justamente para evitar estas situaciones. Sin embargo jamás se imaginó que la naturaleza había dispuesto otra cosa para ese momento y para ese lugar. Un video grabado unos instantes antes muestra lo que se vendría después. Toda su fuerza humana para contener a la puerta no alcanzó. El agua la doblegó.

“Cuando vi que el agua empezó a entrar a mi casa se me pasaron miles de cosas por la cabeza. Apenas rescaté a mi esposa, tomé la decisión de cargar a mis hijos mellizos y desafiar a la corriente y los llevé a un lugar seguro. Los subí a una pirca cerca de mi casa y los tape con los restos de una chapa que había porque en el medio del llanto me decían que tenían frío”, así relata Osvaldo esos momentos cruciales.

“Andaba descalzo así que sentía los pinchazos de las piedras que traía el agua y el barro, volví a cargué en andas a mi pequeña hija y todos nos refugiamos en esa pirca, que la verdad nos salvó la vida”. En ese momento dice Osvaldo que la adrenalina no le permitió sentir ningún dolor. “Solo me importaba la vida de mi familia, lo material se podía recuperar”, cuenta Osvaldo.

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El agua y el barro con piedras se apoderaron de cada rincón de la casa. Camas, cocina, heladera y lavarropas sufrieron los embates. Hoy muchos de sus muebles y electrodomésticos están, junto a los de otros vecinos damnificados, en el polideportivo municipal.

Muchas de las cosas ya no servirán, pero lo importante como le dije a mi esposa es que estamos vivos y sanos. Nos vamos a recuperar. Alguien nos va a ayudar y con trabajo saldremos adelante”, asegura con esperanza el joven. Y así fue que muy pronto se armó una cadena de solidaridad y desde Buta Ranquil, Cochico, Chos Malal y Neuquén entre otros lugares los ayudaron.

Hasta hoy Osvaldo a pico y pala sigue sacando tierra y piedras de su casa. Al otro día de la gran tormenta, se acercó a la parte trasera de la casa y se encontró con una agradable sorpresa. “Mi pollito” (como todos lo llaman) , la mascota de la casa, estaba vivo. “Había pasado toda la noche enterrado en el barro. Lo rescaté para la alegría de mis hijos. Lo criamos desde el cascarón”, relató.

Quienes quieran ayudar a la familia de Osvaldo y a todas las familias que han sufrido este aluvión histórico en Barrancas pueden comunicarse al teléfono 2942-565897

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