Nuevos productores: jóvenes con ganas de hacer vinos curiosos

En la última Premium Tasting, realizada en Mendoza, se ofreció un seminario sobre pequeños emprendedores. Cómo es la movida y a cuáles seguir.

Joaquín Hidalgo

Especial

Buenos Aires.- Mientras que en el vino argentino se discute cada vez más sobre la concentración de la industria, tanto en materia de producción como de oferta, una realidad atomizada de nuevos proyectos de vino salpica el polo apuesto con pequeñas pero consistentes manchas de rico vino. Son los nuevos productores, encargados de traerle una bocanada de aire fresco al asunto.

Más cercanos a unos emprendedores que a unos bodegueros, que se lanzan a elaborar vinos por el gusto de hacerlo y, sobre todo, por el gusto de probar cosas nuevas, en el mercado local y a cuenta gotas emergen proyectos unipersonales, familiares o de microescala que vienen a ponerle nuevo sabor a la góndola. Y ocupan, precisamente, los lugares vacantes que deja la industria.

Por ello, en la última Premium Tasting, la cata de vinos ícono de Argentina organizada por Nicolás Alemán y el Hotel Intercontinental de Mendoza, ofreció un seminario en el que algunos de ellos expusieron sus vinos. La mesa en cuestión tenía un lindo sesgo: todos los productores estaban por debajo o apenas de los 40 años, con ideas propias sobre qué debe ser un vino y vinculados a la industria del vino, como enólogos o comerciales. Algunos productores, como Traslapiedra, son incluso un colectivo de amigos, mientras que otros, como los vinos de Pala Corazón, una apuesta familiar, o como en el caso de Paso a Paso, un enólogo y un agrónomo asociados para buscar nuevos sabores.

Original: Salirse un poco de la línea tradicional, de eso se trata la movida de los jóvenes.

Los pequeños y los grandes

Los mencionados no son los únicos pero sí buenos ejemplos. También es interesante lo que sucede en colectivos como PIPA (Productores Independientes de Paraje Altamira), que ya tienen personería jurídica y que buscan, con una definición algo imprecisa sobre qué es ser independiente, ofrecer sabores auténticos de Altamira.

Entre algunos productores destacados de PIPA conviene tener en cuenta el trabajo de Lupa, Finca Suárez, Chakana, Finca Beth o La Igriega. Son, en pocas palabras, productores de uva que se lanzaron a embotellar sus propios vinos para sostener y empujar el prestigio de la región que los nuclea.

Distinto es el caso de otros pequeños productores que van por la libre, por así decirlo, como Desquiciado Wines o Polos Opuestos. En ambos casos se trata de enólogos que trabajan en bodegas exitosas y que lanzan al mercado vinos de inspiración personal. En la Patagonia, un ejemplo de esta movida es Puppato, el proyecto personal del enólogo de Bodega Familia Schroeder.

Como contrapartida de esta movida, sin embargo, cada vez más bodegas grandes abonan la idea de que los enólogos puedan tener sus proyectos personales. Desde Daniel Pi, director de enología de Grupo Peñaflor, hasta David Bonomi, hoy en Norton, o Luis Reginato, agrónomo de Catena, que elaboran vinos propios, como Tres14, Analúa y Chamán. ¿La razón?

La fuerza de los pequeños

Algo que quedó claro en el seminario de la Premium Tasting el jueves pasado es que la capacidad creativa de los pequeños proyectos es mayor. Precisamente porque en cada movimiento arriesgan menos y porque, al arriesgar, lo hacen en líneas gustativas poco exploradas aún.

Así resultan vinos como Paso a Paso Bonarda 2016, el raro de Pala Corazón Garnacha 2017, Livvera Malvasía 2016 y Desquiciado Cabernet Franc 2016. Todos vinos que corren sus riesgos gustativos -no son para cualquier paladar, pero sí para uno que busque rarezas atractivas- pero vinos en toda ley.

En un punto medio, hay otros productores que ya ganaron escala media y que hicieron de una reacción hacia los sabores establecidos su bandera, como los hermanos Michelini, encabezados por Matías. De esta tanda, conviene probar @michelini Pinot Noir 2015 y el raro y ahora bien logrado Vía Revolucionaria Torrontés brutal 2016.

Lo bueno y lo malo de lo pequeño

Trabajar en escalas pequeñas tiene sus bemoles. Los más difíciles resultan de los elevados costes de hacer las cosas a menor escala, pero también de la posibilidad prestar más atención a detalles. En las bodegas grandes, en cambio, la economía de escala subvenciona bien los costos, pero las dimensiones de los detalles se pierden un poco. El secreto para cuidarlos, en estas últimas es darles rienda suelta a los enólogos para crear. Y eso es precisamente una movida que se viene.

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