Conocer el hielo
"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo". Esas fueron las líneas que eligió Gabo para iniciar su obra maestra, líneas que, en este lado del tiempo, parecen incomprensibles.
¿Por qué ahí, justo ahí, cuando la muerte lo mira a la cara con toda su promesa de finitud, Aureliano piensa en algo tan nimio como el hielo? ¿Por qué el hielo, que hoy vemos a diario en un abrir y cerrar del freezer, y no en las proezas militares de esas guerras que el coronel siempre perdía?
Cuando las páginas avanzan y uno se mete en el aquí y el ahora de Macondo, comprende que quizás el hielo no era algo tan nimio. Es que al hielo lo llevaron los gitanos en sus viajes anuales a ese pueblo de calor abrasante. En cada visita, traían maravillas de tierras lejanas que fascinaban a los niños. Y ellos se asían a las manos toscas de sus padres sin poder salir del asombro más abrumador, uno que les podía durar hasta que la muerte se les plantara por delante.
En dos meses, la isla 132 de Neuquén será sede de un evento masivo que muchos critican como el circo que se unta en el pan para ganar el favor de las multitudes eternamente postergadas. Y aunque es cierto que un concierto musical no puede opacar otras prioridades de obras y servicios públicos esenciales, destinar fondos a una fiesta popular es un poco como traer el hielo.
Mientras que algunos neuquinos de los sectores más privilegiados viajaron a llenar los 10 Monumentales de Coldplay, en Neuquén también están aquellos que, si no fuera por este gasto del Estado, jamás podrían acceder a un show de la jerarquía que promete la Confluencia. Es un evento público que los iguala por un rato, pero que no borra sus necesidades de fondo, esas que también, y por sobre todo, deben ser una prioridad para el sector público.
Con su frase "pan y circo", Juvenal decía que el circo era la forma de distraer a las masas y desentenderlas de la política. Pero si una administración puede ordenarse y ofrecer un evento de este tenor sin tambalear, incluso en un año en que cualquier acción se tiñe de proselitista, quizás puede sacar provecho de esa oportunidad para generar experiencias inolvidables, o hasta transformadoras, en las juventudes. Y puede que llevar el hielo que van a recordar frente a los fusiles del pelotón también sea una decisión política.
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