Especialistas del Puesto de Plottier analizaron el caso y explicaron cómo una intervención incorrecta puede derivar en graves problemas estructurales.
La semana pasada una joven que esperaba el colectivo en la calle Leloir recibió un golpe cuando una rama de un árbol cayó de manera repentina y la golpeó. El hecho reabrió una discusión que suele aparecer cada vez que se produce un incidente de este tipo: ¿por qué se caen los árboles en las ciudades? ¿Se puede prevenir? ¿Quién debe intervenirlos?
Para responder esas preguntas, desde el Centro de Formación Profesional Agropecuario (CFPA) N°1 de Plottier, conocido popularmente como "El Puesto", analizaron el caso desde una perspectiva técnica. El diagnóstico es contundente: la caída no fue un hecho azaroso, sino la consecuencia de años de intervenciones incorrectas y de un proceso de deterioro que avanzó silenciosamente en el interior del árbol.
La situación también permitió poner en valor el trabajo de capacitación que desde hace años realiza la institución. El CFPA N° 1 dicta de manera gratuita los cursos de Poda Urbana y Arborista Urbano, destinados tanto a trabajadores municipales como a podadores particulares, vecinos y personas interesadas en el manejo responsable del arbolado.
"Mucha gente piensa que podar es simplemente cortar ramas, pero detrás de cada intervención hay conocimientos técnicos que pueden marcar la diferencia entre un árbol sano y uno que se transforma en un riesgo", explicó Julián Basile, técnico forestal y docente de ambas propuestas formativas, junto a la ingeniera agrónoma Gabriela Sotera.
Según sostuvo, muchos de los problemas que hoy presentan los árboles urbanos son consecuencia de decisiones tomadas años atrás. "La capacitación es fundamental porque muchas veces los daños que provoca una mala poda no se ven inmediatamente. Aparecen décadas después", afirmó.
Basile explicó que el ejemplar involucrado en el accidente era una robinia pseudoacacia, conocida comúnmente como acacia blanca o falsa acacia.
"Es un árbol que tiene una madera muy dura y resistente. Las tablas obtenidas de esta especie pueden durar siglos. Sin embargo, eso no significa que el árbol sea eterno. Son ejemplares que generalmente tienen una vida útil que ronda entre los 50 y los 100 años, y en muchos casos comienzan a entrar en senescencia a partir de los 50 años", indicó.
Un problema que comenzó hace muchos años
Según explicó el especialista, el origen del problema no estuvo en la tormenta, el viento o un evento extraordinario, sino en una mala intervención realizada mucho tiempo atrás. Al observar el árbol caído, detectó que en la primera horqueta principal existía una importante pudrición interna.
"Se notaba claramente que había una herida vieja que nunca cerró correctamente. Esa herida fue permitiendo el ingreso de organismos que terminaron degradando el interior del árbol", señaló.
El docente explicó que los árboles no cicatrizan como lo hacen las personas. En realidad, desarrollan un proceso conocido como compartimentalización, mediante el cual aíslan las zonas dañadas para evitar que los problemas avancen hacia tejidos sanos.
Cuando una poda se realiza de manera incorrecta, ese mecanismo natural puede fallar. "Si el corte se hace en el lugar equivocado o de la forma incorrecta, el árbol no logra compartimentalizar bien la herida. Entonces queda una puerta de entrada abierta para hongos, bacterias o insectos", explicó.
En este caso particular, todo indica que fue un hongo el que comenzó a colonizar el interior del tronco, provocando una pudrición progresiva.
"Estamos en una región relativamente seca y eso juega a favor porque limita muchas enfermedades. Si tuviéramos un clima más húmedo y se podara de la misma manera, tendríamos muchísimos más problemas de este tipo", afirmó.
Las señales estaban a la vista
Uno de los aspectos más importantes que destacan los especialistas es que los árboles suelen mostrar síntomas cuando atraviesan procesos de deterioro.
Según el análisis realizado por el técnico forestal, el ejemplar presentaba lo que se conoce como descenso de copa, una estrategia natural mediante la cual el árbol comienza a reducir su estructura aérea cuando atraviesa situaciones de estrés.
"Se veía claramente que estaba entrando en senescencia. El descenso de copa es una señal de que algo no está funcionando bien. En este caso, el estrés estaba asociado a la pudrición interna", explicó.
Además, el especialista sostuvo que el problema no se limitaba a ese ejemplar puntual.
"Los árboles que están sobre esa misma línea de arbolado presentan intervenciones similares. Se observan tocones viejos producto de podas mal realizadas y algunos incluso suenan huecos al golpearlos. Hay signos de pudrición en varios de ellos", aseguró.
Por ese motivo, consideró que sería importante realizar evaluaciones preventivas y avanzar gradualmente con el recambio de los ejemplares que presenten riesgos.
"Hay varios árboles inestables y estresados. Son situaciones que conviene atender antes de que ocurra otro accidente", advirtió.
La investigación técnica también permitió reconstruir qué ocurrió instantes antes del accidente. Según explicó el docente, además de la pudrición interna existía otro problema: la falta de podas de elevación.
En el arbolado urbano es necesario mantener una altura libre sobre las veredas y calles para permitir el paso seguro de peatones y vehículos. "Sobre una vereda por donde circulan colectivos debería existir una altura libre de entre tres metros y medio y cuatro metros", explicó.
En este caso, una rama fue alcanzada por un colectivo que transitaba por el lugar. Sin embargo, debido al avanzado deterioro estructural del árbol, la fuerza ejercida no arrancó solamente la rama.
"Lo que ocurrió fue que la estructura cedió por debajo de la horqueta principal. Eso muestra hasta qué punto estaba comprometido el árbol internamente", detalló.
Cómo prevenir estos problemas
Para los especialistas, la prevención comienza mucho antes de la poda. El primer paso es elegir correctamente la especie que se plantará en cada sitio. Luego es fundamental garantizar buenas condiciones de crecimiento.
"El árbol necesita un suelo adecuado, que no esté compactado, que permita el desarrollo de las raíces y la infiltración del agua. También necesita espacio suficiente y una correcta hidratación. Un árbol bien cuidado es un árbol más sano y más estable", explicó.
Sin embargo, una de las herramientas más importantes sigue siendo la poda. Y aquí aparece una de las principales confusiones que existen entre vecinos y frentistas.
"Mucha gente piensa que podar es cortar ramas. Pero saber podar significa justamente cortar lo menos posible y hacerlo solamente donde corresponde", sostuvo.
Desde el CFPA remarcaron que una de las recomendaciones fundamentales para cualquier vecino es exigir que las tareas sean realizadas por personal capacitado y habilitado por los municipios. Tanto en el Municipio de Neuquén como en el de Plottier existen registros de podadores habilitados a los que se puede recurrir antes de intervenir el arbolado urbano.
La razón es simple: una mala intervención puede generar consecuencias que recién se evidencian años después.
"Muchas veces el daño no aparece inmediatamente. Se produce una herida que parece menor, pero que con el paso del tiempo se transforma en una vía de ingreso para enfermedades y termina afectando la estabilidad estructural del árbol", señaló.
Por eso, una poda racional no sólo mejora la convivencia entre el árbol y la ciudad, sino que también prolonga la vida útil de los ejemplares y reduce los riesgos.
La capacitación como herramienta para cuidar el arbolado urbano
Frente a estos desafíos, el Centro de Formación Profesional Agropecuario N°1 de Plottier viene desarrollando desde hace años propuestas de capacitación destinadas a trabajadores, municipios y vecinos interesados en el cuidado de los árboles urbanos.
Una de las propuestas más consolidadas es el curso de Poda Urbana, que ya lleva cinco años de trayectoria y ha capacitado a trabajadores municipales, emprendedores y vecinos de distintas localidades de la región.
En paralelo, el curso de Arborista Urbano transita su tercer año de dictado. La capacitación ofrece una mirada integral sobre el árbol en la ciudad y aborda contenidos vinculados a morfología, fisiología, nutrición, riego, identificación de especies, legislación, plantación, tutorado, poda de raíces y extracción de ejemplares.
"El objetivo es que las personas conozcan realmente cómo funciona un árbol. Trabajamos morfología, fisiología, nutrición, riego, identificación de especies, legislación y todo lo relacionado con la intervención correcta del arbolado urbano", explicó Basile.
La formación también aborda aspectos prácticos como plantación, tutorado, poda de raíces, extracción de ejemplares y utilización de elementos de seguridad.
"La idea es formar personas que entiendan al árbol antes de intervenirlo. Enseñamos cuándo es necesario podar y cuándo no, cómo realizar cortes correctos, qué medidas de seguridad utilizar y cómo evaluar el estado sanitario y estructural de cada ejemplar", agregó.
Desde el CFPA sostienen que una ciudad con árboles sanos requiere profesionales capacitados, planificación y una mirada de largo plazo. Por eso consideran que la formación continua es una de las principales herramientas para evitar que errores cometidos hoy se transformen, años después, en situaciones de riesgo para la comunidad.
La caída del árbol que lesionó a una joven en Neuquén dejó en evidencia que el arbolado urbano necesita controles permanentes y decisiones preventivas. Para quienes trabajan diariamente en su cuidado, el mensaje es claro: detrás de cada árbol hay décadas de crecimiento, pero también años de manejo que pueden marcar la diferencia entre un ejemplar seguro y uno que se convierta en un riesgo.
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