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Oscar Smoljan y su colección de bicicletas antiguas que son una obra de arte

Durante la pandemia, el ex director del Museo Nacional de Bellas Artes se dedicó a recolectar bicis llenas de historia.

Una mirada aguda y sensible puede detectar una obra de arte hasta en los objetos más cotidianos. Y aunque muchos piensen que las bicicletas son sólo un medio de transporte, el ex diputado y ex director del Museo Nacional de Bellas Artes, Oscar Smoljan, se propuso recuperar un fragmento del arte contemporáneo a través de la única colección latinoamericana de bicicletas Carminargent, un vehículo de dos ruedas que fue revolucionario en el período de entreguerras.

La afición de Smoljan por las bicicletas no es nueva. Le gusta salir a pedalear y hasta se está entrenando para participar, el mes que viene, en una travesía por la ruta de los Siete Lagos. El referente de la UCR tampoco disimula su amor por el arte, por lo que en plena pandemia de coronavirus se propuso combinar sus dos pasiones para recuperar los ejemplares más estéticos de la historia de las bicis.

El puntapié de esta colección no lo dio él sino su yerno, Gastón, un ciclista aficionado y “teórico de las bicicletas”. Él compró la primera Caminargent, una bicicleta de origen francés que fue diseñada por Pierre Caminade y comercializada durante 15 años entre las dos guerras mundiales. “Cuando la vi, me deslumbró”, sostuvo Smoljan, que se entusiasmó con la posibilidad de tener su propio ejemplar en casa.

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Oscar se fascinó con las líneas puras del diseño francés, con sus cuadros de formato octogonal, sus floridos empipados y el brillo del duraliminio, que relucía como si fuera plata. Y se abocó a una exhaustiva investigación para encontrar los escasos 12 ejemplares de estas bicis que habían ingresado a la Argentina, en el año 1937.

Siguiendo las pistas, pudo encontrar la primera bicicleta en Tres Arroyos. Como cada una de ellas tiene un número de serie, se convirtió en un historiador de los modelos que encontraba. Así, se contactó con familias de distintos puntos del país que, casi por casualidad, habían atesorado una Caminargent en su casa.

Oscar tuvo que hacer un curso acelerado de mecánica de bicicletas. Aprendió sobre sus componentes y las formas de ensamblarlas, y hasta se transformó en un restaurador de aquellas que, maltratadas por el óxido, descansaban arrumbadas en un patio. Así, recolectó pieza por pieza para crear la colección más numerosa de la marca en América Latina, con un total de seis ejemplares.

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Consiguió una en Tres Arroyos, otra en Lanús y otra en El Palomar. Y también recibió ejemplares de Chile y hasta una llegó desde México a través de Correo Argentino. Para los viajes internacionales, Oscar se benefició de la ventaja más revolucionaria de estas bicicletas: por los avances de la aviación de la Primera Guerra Mundial, el diseñador francés usó duraliminio para fabricarlas, y así logró que las bicicletas pasaran de pesar 16 kilos a tener sólo 6 kilos de peso.

“Todos los tornillos tienen el sello de Caminargent, porque se podían desarmar y armar, y el cuadro se trasladaba fácilmente en un paquetito”, explicó Smoljan mientras señalaba las mariposas originales de uno de los modelos, que convierten a ese ejemplar en una verdadera reliquia.

Para él, las bicis de su exposición no son un medio de transporte. No tienen utilidad para el uso cotidiano porque son tan frágiles que jamás se animó a montar una, ni siquiera para dar una vuelta a la manzana. Prefiere conservarlas como un tesoro invaluable, como un testigo de los avances técnicos y el arte, que se mezclan para encapsular la historia y dialogar con el presente.

“Así como un restaurador quita la pátina del tiempo de una pintura, con estas bicicletas se puede recuperar la originalidad de la obra, la temporalidad, se puede poner en valor algo y aprender de la historia”, sostuvo sobre su colección, que ya tiene ingredientes de otros países y es un testigo de la inserción de la industria francesa de este lado del océano.

Smoljan considera que su colección es una pieza de arte contemporáneo, una forma de recuperar el pasado “y aprender de lo que fue”. Y, si bien sus bicicletas despiertan curiosidad entre los fanáticos del ciclismo y regocijo entre los adeptos al arte, aclara que prefiere ocuparse del resguardo patrimonial en lugar de exhibirlas al público.

Como su proyecto todavía es nuevo, aún no tiene un rincón de la casa adaptado al resguardo de sus vehículos. Consiguió otras reliquias, unos antiquísimos soportes de hierro, para ubicarlas en una prolija fila de líneas cuidadas y observarlas en perspectiva. Sin embargo, baraja también la posibilidad de colgarlas, como si sus tesoros fueran cuadros de dos ruedas.

En su casa, las pinturas y las esculturas conviven con nuevas obras de arte: las bicicletas Caminargent que atestiguan, desde un rincón de Neuquén, el impacto de la urbanidad en la historia del mundo. Y en otros sectores de la casa descansan las caramañolas, el cuero desgastado, los pedales sueltos.

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“Tengo una hermana que vive en España y que me consigue algunas piezas allí y en Francia”, dijo sobre su trabajo de rompecabezas, que lo lleva a armar y desarmar las bicicletas en base a los componentes que recolecta por el mundo. Cada paso que da en su colección le insume una buena dosis de aprendizaje, porque la forma de ensamblarlas y de resguardar su identidad no es una tarea sencilla.

Smoljan ya tiene cinco bicicletas restauradas, y trabaja en el sexto ejemplar, que consiguió con el cuadro quebrado. Por eso, recurre a la colaboración de los referentes del mundo del ciclismo neuquino para componerlas y dejarlas como nuevas, aunque sin agregados que interrumpan su originalidad restaurada.

En plena pandemia de coronavirus y con mucho tiempo entre las manos, la investigación y la búsqueda de cada bici y cada repuesto se convirtieron en su principal ocupación. Y hoy mira satisfecho el trabajo realizado durante el encierro, que da sus frutos en una cuidada colección de bicicletas que logró encapsular el paso inexorable del tiempo.

Oscar Smoljan creó una colección de bicicletas antiguas.mp4

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