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La Mañana Columna de Opinión

Parar la pelota para no morir

Los dueños del fútbol hicieron jugar a un equipo que no juntaba 11 profesionales para poner en la cancha.

Hay que parar la pelota. El caso de River jugando partidos sin la cantidad de jugadores profesionales para calzarse las 11 camisetas titulares en un superclásico es el colmo de los desatinos en plena escalada de contagios, muertos y demanda de camas en los hospitales. La pelota tiene que seguir rodando, dicen los negociantes del fútbol con una multitud de hinchas que les hacen los coros.

Sin futbolistas no hay fútbol, por ahora. ¿Cuánto falta para que un partido de play station tenga más rating que 22 personas de carne y hueso corriendo para meter goles? Por ahora, los gerentes de los negocios del fútbol tienen que cuidar algo a los futbolistas, los necesitan, aunque en el cuidado no está previsto parar la pelota. No hubo jugadores muertos por la enfermedad que enloqueció al mundo. Caso contrario habría jornadas nacionales para rasgarse las vestiduras por la incapacidad para parar la pelota, aún ante situaciones groseramente obvias como las que rodearon al superclásico del domingo.

La actitud de la AFA y de la CONMEBOL frente al devenir de la pandemia va en línea con las impresentables gestiones deportivas de ambas entidades. Los torneos son cada vez peores, pero más redituables, mientras los jugadores cada vez más se van al otro lado del océano por menos plata.

No era de esperar que un ámbito acostumbrado a torcer las reglas para agrandar los negocios se actuara frente al virus con otro modelo. A diferencia de otros ámbitos, que han decidido avanzar con intereses particulares en la actuación frente a una amenaza colectiva como la pandemia.

Hay provincias que mantienen a los docentes trabajando de forma presencial para una acotada cantidad de alumnos, quienes van menos días a las aulas de los que están en casas. Ni los maestros muertos con COVID hicieron rever la postura inflexible.