Pasó 100 días solo en la montaña y llegará al cine
España
José Díaz llevaba años acariciando la idea de pasar una larga temporada solo en su cabaña de Caleao, en el parque natural de Redes, Asturias, adonde acude cada semana desde hace 15 años. Tener esa experiencia en el bosque le rondaba la cabeza y quería sacar sus conclusiones viviéndola. Sin embargo, para él era casi una utopía pensar en que podía pasar unos meses en este lugar, sobre todo por las obligaciones laborales y familiares.
Pero sorpresivamente surgió esa posibilidad en una charla con un amigo, el productor de cine José María Morales. Este le puso en bandeja la posibilidad de materializar su sueño y tener a su alcance lo que siempre quiso hacer y nunca había podido. Le brindó apoyo técnico y económico para poner en práctica un proyecto que, al final, fue modelado con sentido práctico. No se separaría del mundo tres meses por un mero capricho personal, como había imaginado, “sino para desarrollar un proyecto que pudiera ser llevado al cine”.
La película 100 días de soledad, en la que el propio José Díaz es director y protagonista, se podrá ver en los cines de toda España a partir del 16 de marzo. Díaz confiesa que le interesan las historias de los robinsones. Recordaba los mensajes del libro Walden (1854), donde el escritor norteamericano Henry David Thoreau -referencia de muchos ecologistas- explica sus dos años de vida en una cabaña autoconstruida junto al lago Walden. Le atraía pensar que con su aislamiento podría ver el mundo “desde otro punto de vista”.
Otra de las motivaciones (no la principal) era disfrutar de la naturaleza, pues está convencido de que el contacto con ella es básico y necesario. “A una persona en activo no le aguanta el cuerpo si no tiene un contacto mínimo con la naturaleza. Es una válvula de escape”, dice el protagonista de esta aventura tan particular. Pero lo que más lo movió era el reto de comprobar si, como él sostiene, “vivimos con mucho más de lo que necesitamos”. Y de esta experiencia de tres meses salen reforzados los valores de la austeridad o la sobriedad.
Una de las sorprendentes conclusiones en estos tres meses (la experiencia se llevó a cabo entre septiembre y diciembre del 2015) fue comprobar cómo la huerta, los panales de miel y la granja le ofrecieron mucho más de lo que necesitaba. “¡Qué paradoja! Me aislé del mundo creyendo imposible ser autosuficiente en la alimentación y me encontré con que me sobraba comida”, dice. En esos tres meses se sintió liviano, sin el peso de bienes materiales, que no dan la felicidad. “No hace falta más que hacer una mudanza de casa para darte cuenta de que tienes muchas más cosas de las que necesitas. Queremos más y más”. Emulando al ex presidente uruguayo José Mujica, suele repetir: “Cuando compramos, no compramos con plata, sino que compramos con vida”. El tiempo lo dedicamos a ganar dinero, a perder tiempo de vida. “Pero la vida no se compra, sino que se gasta”, reflexiona.


