Perdonar a nuestros padres

La columna de Bernardo Stamateas, Licenciado en Psicología, sexólogo clínico y escritor.

Las relaciones entre padres e hijos son todas distintas y dan lugar a diversidad de historias, buenas y malas. Pero si tenés la fortuna de tenerlos, quizás este sea un buen momento para limar asperezas y recomponer el vínculo.

Hace poco me pregunté por qué hay personas que se pelean con sus padres. Y llegué a una respuesta: hay peleas que tienen que ver con el pasado y otras que tienen que ver con el presente. Las dos son muy distintas.

¿Cuáles son los enojos que tienen que ver con el pasado? Se dan cuando el ideal de papá y de mamá que tenemos no coincide con la realidad, y esa diferencia nos ocasiona angustia. Por ejemplo: "Esperaba que mi mamá me abrace y ella me pegó", o "esperaba que mi papá me llevara a la cancha, pero nunca podía porque trabajaba todo el día".

Situaciones como estas nos traen dolor, y hasta que yo no lo saldo internamente y acepto que mi ideal no coincide con la realidad, siempre voy a andar huyendo, resentido, de mis padres.

Entonces, ¿cómo hago las paces con ellos? Cuando acepto lo malo que tienen y les doy una oportunidad para que hagan algo bueno conmigo. Por ejemplo, acepto que tenga un mal carácter y que quizás grite al hablar, pero le pido que cuando esté conmigo tenga respeto.

Entonces le doy una oportunidad, pero habiendo saldado el pasado, porque no espero cambiar lo malo. ¿Cuándo nos llegan el dolor y el resentimiento? Cuando seguimos luchando contra lo que son nuestros padres y reclamamos "¿por qué me hiciste esto?", "¿por qué fuiste mala?", etc.

Las peleas en el presente, en cambio, se dan cuando los padres no aceptan que sus hijos ya son adultos.

Esto sucede cuando, por ejemplo, una mamá compite con la nuera porque no acepta que ahora su hijo está bajo el amor de una relación, o cuando los padres con recursos deciden regalarles una casa a sus hijos, pero luego quieren opinar y hasta quieren "disponer de las instalaciones"; es decir, quieren seguir "digitando" lo que sucede en sus vidas.

Para poder reconciliarnos, hay un momento en el que los hijos somos quienes tenemos que ser flexibles y pensar que, a pesar de sus errores, nuestros padres hicieron lo que pudieron y muchas veces se postergaron ello mismos.

Y los padres también deben incentivar cada día la relación con sus hijos, para que ellos se sientan contenidos y escuchados. De esta manera vamos a lograr que su confianza crezca y tengamos un vínculo sano, haciéndoles saber que siempre estaremos para ellos.

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