Placer prohibido: los neuquinos ya no salen a comer

Los restaurantes y bares comenzaron a sentir los efectos de la crisis económica.

Neuquén
Los restaurantes, bares y comedores de la ciudad ya no se ven tan llenos como antes y los carteles anunciando menús especiales abundan en las puertas de estos comercios, que ya empezaron a sentir las consecuencias de la recesión económica.

Los neuquinos optaron por hacer un cambio en sus hábitos de consumo, tendencia que confirmó el sindicato gastronómico, que advirtió una caída del 30 por ciento en la actividad. Frente a este panorama, los empresarios del sector recurren a estrategias para sobrevivir.

"Lo primero que uno recorta son las salidas y cuando lo hacés te cuidas con lo que gastás", explicó Mariel mientras elegía qué almorzar. La mayoría de las personas consultadas por LM Neuquén reconoció haber disminuido el presupuesto dedicado al consumo y esparcimiento. "Dejé de salir a comer afuera. Hay muy pocos descuentos y promociones, debería haber más incentivos, al menos para los clientes frecuentes", se quejó Nahuel.

Desde compartir un plato hasta recorrer buscando el mejor precio, las estrategias son numerosas y diversas. Es que quienes gustan de comer afuera, ahora están mucho más atentos a los precios. "La verdad es que ya casi no salgo con toda la familia porque eso sí que es imposible. Salgo sola con amigas y elijo el menú del día que incluye la bebida", comentó Elisa. Sandra, su compañera de almuerzo, asintió con la cabeza y aportó: "La verdad es que si salís con los chicos vas a una pizzería o algún lugar un poco más accesible".

Quienes también estuvieron obligados a rebuscársela fueron los oficinistas, que cambiaron los almuerzos afuera y las compras en rotisería por las viandas caseras.

"De manera inconsciente dejé de ir a restaurantes tan seguido, no fue algo pensado pero todos nos fuimos adaptando", expresó Nicolás en pleno debate sobre el tema con sus compañeros de oficina.

Sin embargo, los malabares no sólo corren por cuenta de los consumidores, ya que los empresarios gastronómicos confesaron que tuvieron que acomodarse al nuevo esquema de consumo. "El que te dice que no está facturando menos te miente, el año pasado a esta altura tenía todo el salón reservado para el Día del Padre, hoy no tengo ni el 50 por ciento", comentó Marcelo González, propietario de Casi Rodríguez.

Las confiterías y restaurantes céntricos son los menos afectados por sus ubicaciones estratégicas y porque muchos clientes son habitués, aunque todos resaltaron que están haciendo todo lo posible por sostenerse esperando que la situación repunte.

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