"Desde mucho antes de llegar a esa esquina, Sánchez ya había deshumanizado a Azul": el alegato de la querella
La querella sostuvo que las pruebas reunidas durante el juicio permiten acreditar que Roberto Sánchez asesinó a Azul Semeñenko por odio a su identidad de género y pidió que se reconozcan los tres agravantes del crimen.
“Como querella estamos convencidos de lo que pasó acá”, afirmó el abogado Fernando Gómez al iniciar su alegato de cierre en el juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko. Para la representación de la familia, la prueba producida durante las audiencias permitió reconstruir “la película completa” y acreditar que Roberto Daniel Sánchez fue quien le quitó la vida a Azul dentro de su vivienda.
Gómez agradeció al jurado popular en nombre de la familia de la víctima por tomar apuntes atentamente durante las once jornadas de juicio y elogió el trabajo de la Fiscalía y de la Policía provincial. Sostuvo que la evidencia reunida durante la investigación y expuesta ante el jurado permite atribuirle al acusado un homicidio triplemente agravado: por ensañamiento, por mediar violencia de género y por odio a la identidad de género.
“Sánchez siempre tuvo el dominio de la situación”
El querellante hizo mención al hallazgo del cuerpo de Azul en un canal de Valentina Norte por parte de un vecino que salió a pasear con sus perras, y una de ellas percibió un olor nauseabundo. Al asomarse al canal de calle Pergamino identificó “una chica muerta”.
A partir de las medias violetas y negras que tenía en las piernas, Fernando indicó que los investigadores de Homicidios y Criminalística “tiraron de ese hilito hasta encontrar las medias de Azul en Paimún”.
Azul caminó para llegar hasta la calle Félix San Martín, colectora a Mosconi en la madrugada del 25 de septiembre siendo la única persona parada en esa esquina cuando llega Sánchez. “El crimen se cometió dentro de ese domicilio”.
Pero para el abogado querellante el dominio de Sánchez sobre Azul comenzó mucho antes y se explayó sobre los mandatos que están construidos socialmente desde mucho antes de que Azul y Sánchez llegaran a ese encuentro.
“Azul fue a ofrecer servicios sexuales, fue hasta esa esquina porque tenía la cuenta en 0 y era la que se ponía en riesgo, lo dijeron cuatro trabajadoras sexuales y hasta la propia "Tucu" que trajo la defensa”, indicó.
En tanto, describió que a bordo de la Ranger llegó Roberto Sánchez a buscar trabajo sexual como cliente, a quien su propia defensa reconstruyó el perfil de “el picarón”, según un amigo de su hijo que declaró que tomaban cocaína juntos, también se probó que hacía alarde de que tenía pibas de 16, “todas infectadas”.
Para concluir la idea, subrayó: “Desde mucho antes de que llegue a esa esquina ya tenía dominio de la situación, era el rey de la noche, Sánchez no perdió jamás el dominio en la situación con Azul”.
“Ninguna víctima viene a un juicio a rendir examen para que le reconozcan el derecho a no ser asesinada”, afirmó respecto de los testimonios de la defensa que hablaban en contra de Azul. Y agregó que no se trataba de someter la vida de Azul a un debate moral, sino de comprender las condiciones en las que llegó a aquella esquina.
“Es tan gráfico el dominio, Sánchez conduce la camioneta hasta la puerta de su casa, y es la última imagen con vida que vamos a tener Azul, en Copahue al 1100, el día de su cumpleaños. La siguiente imagen que se pudo encontrar fue cuando la perrita de Medell encontró el cuerpo”, indicó.
En este sentido, destacó que el fiscal en sus alegatos cambió la palabra descarte por desecho: “el desecho conlleva un umbral de deshumanización, no me gusta la palabra pero por las circunstancias todo me hace pensar que Sánchez vivió el descarte del cuerpo de Azul como un deshecho”.
Sin embargo, volvió a recalcar que “desde mucho antes de llegar a esa esquina Sánchez ya la había deshumanizado a Azul”.
Los 19 días de ocultamiento garantizaron la impunidad
Gómez señaló que la reconstrucción del caso permitió advertir una secuencia de acciones posteriores al homicidio que, a su entender, contradicen la hipótesis de una reacción impulsiva e inesperada.
Se refirió a los movimientos registrados en la vivienda, al traslado del cuerpo y a las maniobras destinadas a borrar rastros. También recordó que Sánchez continuó con actividades cotidianas después de que Azul ingresara a su casa.
El abogado organizó su exposición a partir de fechas que consideró claves para reconstruir lo ocurrido. Desde la madrugada del 25 de septiembre de 2025, cuando Azul ingresó a la casa de Sánchez, hasta el 14 de octubre, cuando encontraron su cuerpo en un canal de desagüe en el límite entre Neuquén y Plottier, transcurrieron 19 días.
“Diecinueve días donde la cara de Azul se hizo visible en cada persona que la quería y en la búsqueda de su compañera”, planteó Gómez. En contraposición, sostuvo que ese período también fue para Sánchez el que permitió acciones deliberadas para ocultar el crimen y “19 días que gozó la impunidad”.
En ese punto, vinculó la conducta posterior al hecho con lo que consideró una búsqueda sostenida de impunidad, que no habría terminado con la detención del acusado. Planteó que durante el juicio también se observaron intentos de confundir al jurado, influir sobre testigos y condicionar declaraciones.
Para Gómez, esa secuencia se aleja de la idea de un episodio excepcional en el que Sánchez hubiera perdido el control de sus actos.
Las heridas y el ensañamiento
Otro de los ejes del alegato fue la cantidad y la distribución de las lesiones que presentaba el cuerpo de Azul. El abogado retomó los resultados de la autopsia del médico forense Gerez, que describió al menos 25 heridas de arma blanca, además de fracturas en el rostro, el antebrazo y las costillas.
También hizo referencia a las armas y herramientas analizadas durante el juicio, entre ellas un machete y una navaja, y a la reconstrucción de la mecánica de la agresión.
Gómez sostuvo que la cantidad de heridas excedía las necesarias para provocar la muerte y que esa circunstancia debía ser considerada al analizar el agravante de ensañamiento. Recordó que dos lesiones comprometieron órganos vitales —el corazón y la aorta—, mientras que otras heridas evidenciaban que Azul intentó defenderse.
El querellante hizo hincapié en las 10 heridas punzo cortantes, entre lesiones defensivas de las manos y los brazos. Las pericias mostraron que Azul levantó las extremidades izquierda para protegerse de una agresión en la que Sánchez tenía una superioridad física y disponía de distintos instrumentos.
En este punto también apareció una marca del odio a su identidad producto de una agresión anterior al crimen, cuando en la autopsia detectaron una placa en hueso del brazo derecho, justo su lado hábil.
“Ya tenía una fractura producida por el odio, por puto de mierda le habían dicho en la panchería donde trabajaba, le fracturaron el brazo y terminó con una placa, por eso se tuvo que defender con su brazo izquierdo, y tiene heridas que le atravesaron su mano”, dijo.
Luego, indicó: “como dijo Belén Correa, que en otro caso apuñalaron a una mujer trans 31 veces, e hizo el gesto con el brazo, “es un ataque una y otra vez, no solo para vencer defensa de Azul, puñalada en el glúteo, en el muslo, 14 puñaladas en el pecho”.
De esas catorce, solo dos de esas puñaladas nos hablan de heridas instrumentales para causar la muerte, cuando le perforó la aorta y el corazón, cualquiera de las dos causa la muerte en minutos.
“Fueron 25 puñaladas para causarle dolor innecesario, producto de otros agravantes, como el sadismo del que bien nos habló el médico forense Gerez como Prueger”.
En este punto, marcó que la descomposición de los órganos de Azul impidió avanzar en las pericias para determinar si fueron para causar dolor, pero que para la defensa fue motivo de querer plantear una duda razonable para convencer de que 25 puñaladas no fueron para causar dolor”.
También retomó las explicaciones de los especialistas sobre el concepto de overkill, utilizado para describir una cantidad de agresiones que supera la necesaria para causar la muerte. Gómez vinculó esa mecánica con el sufrimiento innecesario que padeció Azul.
“Creemos que después de exposición de prueba durante un año desde el crimen ha quedado acreditado que Roberto Daniel Sánchez apagó la vida de Azul Semeñenko. Que en el interior del domicilio se produjo un homicidio”.
“Hay razones de contexto, hay instrumentos que nos hace tener la convicción de que está triplemente agravado, homicidio cometido con saña, con violencia de género por parte de un hombre que dominó y ejerció violencia contra una mujer”, subrayó.
En tanto, señaló que fundamentalmente hay una motivación, que sostiene, es inocultable: “lo demanda a gritos el cuerpo de Azul exhibido a lo largo de este proceso pero también la cantidad de evidencia que nos marcan el rastro de un motivo de odio a la identidad de género”.
En este sentido, remarcó cómo fue la historia de Azul para alcanzar su identidad de género y su expresión de género: “había ido al Registro Civil en busca de un sueño, y también el tiempo que pasaba maquillándose el rostro, peinándose, como decía su hermana Romina, se sentía espléndida al reconocerse en su verdadera identidad, no la asignada al nacer, 25 de septiembre de 1976 en la república de Uruguay”.
Las fracturas en el rostro y el odio a la identidad de género
Uno de los pasajes más enfáticos estuvo dedicado a las fracturas en el rostro de Azul. Gómez señaló que, de acuerdo con la reconstrucción pericial, las dos fracturas en el maxilar y una fractura en el malar se produjeron cuando el cuerpo estaba inmóvil. Los especialistas no pudieron determinar si esas fracturas ocurrieron antes o después de la muerte, debido al estado de descomposición.
Para el abogado, esa incertidumbre no impedía analizar el agravante por odio a la identidad de género. Remarcó que el rostro tenía un significado especial para Azul, que había iniciado el camino para acceder a una vaginoplastia y había dedicado tiempo y cuidado a reconocerse en su identidad.
“Le rompió la cara tres veces”, expresó Gómez al describir las lesiones. Luego sostuvo que esas fracturas eran “la marca indeleble del odio a la identidad y expresión de género”.
El querellante señaló que la discusión no debía reducirse a determinar qué objeto había provocado cada lesión, sino a interpretar el conjunto de la violencia desplegada contra Azul y el contexto en el que ocurrió el crimen.
Una historia atravesada por la discriminación
Gómez también recuperó testimonios que permitieron reconstruir distintos momentos de la vida de Azul. Mencionó la declaración de su hermana Romina, quien relató episodios de discriminación y sufrimiento, así como los esfuerzos de Azul por reconocerse y ser reconocida en su identidad.
“Azul había conseguido trabajo estable, se hablaba con todas las compañeras, quizás para el que tiene la gran virtud de tenerlo en un país tan esquivo no lo valora lo suficiente, para Azul era una conquista gigante”, indicó sobre su trabajo, algo que le costó muchísimo.
En tanto, recordó que en 2019 había alcanzado decir soy Azul, soy Mía, soy Natasha, y encontró amabilidad de la trabajadora del registro Civil que le dijo ponete los tres nombres.
Recordó que Azul había conseguido un trabajo estable y que había iniciado el proceso para acceder a una cirugía que consideraba importante para su vida. “Para Azul era una conquista gigante”, señaló al referirse al reconocimiento de su identidad.
El abogado sostuvo que esa historia no debía utilizarse para juzgar las decisiones de la víctima, sino para comprender la violencia social que atravesaba su vida. También rechazó las descripciones que buscaron presentar a Azul como una persona violenta o intimidante.
“Ni ángel ni demonio: Azul Semeñenko”, expresó, al cuestionar las caracterizaciones que aparecieron durante el debate similares a representar a Azul como un “demonio de Tasmania”. En ese sentido, recordó que los testimonios dieron cuenta de situaciones en las que Azul había sido discriminada y había optado por retirarse para evitar un conflicto.
Incluso, para la querella, las declaraciones de trabajadoras sexuales y de especialistas permitieron reconstruir las condiciones de vulnerabilidad en las que se encontraba Azul y las desigualdades que atraviesan el trabajo sexual, por lo que no es posible enfrentar a los clientes.
La violencia de género de Sánchez no empezó con Azul
El querellante sostuvo que el agravante por violencia de género debía analizarse también a partir de los antecedentes de violencia atribuidos a Sánchez. Mencionó testimonios vinculados con su relación con otras mujeres y cuestionó la imagen de una persona pacífica que, según planteó, se intentó construir durante el juicio.
En su argumento, la violencia ejercida contra Azul no fue un episodio aislado ni una reacción circunstancial. Gómez la vinculó con una relación desigual de poder y con una conducta que, según la querella, ya se había manifestado en otros vínculos.
El abogado afirmó que la prueba producida durante el debate permitía analizar tanto la violencia de género como el odio a la identidad de Azul, sin reducir el caso a una discusión ideológica.
Al cerrar su exposición, Gómez sostuvo que la decisión que debía tomar el jurado se apoyaba en el conjunto de la evidencia: los rastros materiales, las pericias, la reconstrucción de los movimientos de Sánchez, las lesiones y los testimonios sobre la vida de Azul.
El abogado querellante destacó el “mazazo” que significó el testimonio de su hermana Romina que develó un abuso sexual que sufrió de niño por parte del padre biológico de ella, al que le prohibió su identidad y sentarse a la mesa familiar en la Navidad. En este sentido, destacó que tras el crimen Cristina Semeñenko tuvo que celebrar el día de la madre sin Azul”.
Al respecto del impacto que tuvo el crimen, Cortez indicó: “Azul había empezado el ciclo de una cirugía que para ella era punto de culminación, en ese momento Sánchez le arrancó la vida a Azul, y se la arrancó a su familia a la que destrozó, a sus amigas, a sus compañeras, al colectivo LGBT que reclama ni más y menos nosotras también somos seres humanos”.
“La decisión es clara: el único mandato es pedirles justicia”, concluyó.
Luego, será el turno de la defensa para sus alegatos, y finalmente el jurado popular será el que deberá deliberar y decidir si considera acreditada la responsabilidad penal de Roberto Daniel Sánchez y los agravantes planteados por la querella y la fiscalía, o si en cambio, considera la teoría de la defensa de “emoción violenta”.
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